La Sacratísima Liturgia Significado e institucionalización 

20.07.2021

Primera parte: significado

Ciertamente, no se puede responder a una pregunta sin dejar de usar conceptos, descripciones o categorías de análisis, pero en este caso contará mucho la disposición del corazón para llegar a amar la liturgia católica, sin desatender el significado de los términos y su conexión lógica. Ambos aspectos los dispone el Señor a la luz de su altísima sabiduría.

Siguiendo el hilo conductor de la introducción, la liturgia es un mosaico de significados donde confluyen el sentir de Dios -como Santa Trinidad- y la vivencia del pueblo -en sentido universal- con sus luchas internas, sus dolores, sus miedos, sus alegrías, sus errores y sus esperanzas. Es la Liturgia entonces un movimiento vertical, de Dios hacia el hombre, del hombre hacia Dios, como en el sueño de Jacob cuando miraba millares de ángeles subiendo y bajando por una escalera infinita; y horizontal, porque Dios abraza, arropa, consuela, vierte su amor sin reparos, ni tiempos ni dimensiones espaciales, sin distinción de razas, credos o estrato social. Todos en Él tenemos cabida.

La presencia viva de Dios en la Liturgia mediante signos comprensibles

Dios es un misterio revelable, que se da a conocer, que se manifiesta, que habla, que escucha, que se personifica, en voz, en fuego, como a Él le apetece. En la Liturgia lo hace a través de signos, formas del lenguaje humano que permiten el conocimiento, la comprensión de nuestro entorno y a la vez se expresan como medios de comunicación. No es entonces un dios mudo o inaccesible, sino cognoscible y accesible. Este es un primer acercamiento al significado de la Liturgia. "la liturgia en ese sentido es  mucho más (que un signo) ...conecta con esa necesidad humana antropológica de salir de nosotros mismos y expresarnos con los signos para llegar a decir algo más profundo algo de más alcance Pues bien, eso que hacemos nosotros es lo que Dios hace en la liturgia para nosotros Dios expresa su designio, expresa su voluntad, expresa su amor a través de la liturgia". (1) Es en la Liturgia, donde se conglomeran sus hijos, donde se reúnen para corresponder a ese amor oblativo, como sacrificio, como ofrenda en la persona del Hijo muy amado: Jesucristo. Y es en el centro y culmen de la Liturgia, la Sagrada Eucaristía, "donde se expresa, día con día, el amor mismo de Dios: anunciando la muerte de Jesucristo, proclamando su resurrección, hasta que Él vuelva lleno de gloria como Señor y Dominador invencible, Sacerdote eterno y Rey del universo, y entregue finalmente al Padre omnipotente, de majestad infinita, el reino de la verdad, de la vida. (2)

El caminar del pueblo de Dios en la Liturgia

No se podría entender la Liturgia sin el pueblo, pues este es el destinatario, el objeto de la salvación divina, luego de la caída atroz en el pecado desde la aparición de la humanidad. De hecho,  la raíz del término será recogida más tarde por los primeros cristianos luego de observar el movimiento de las personas como seres en convivencia "... esta palabra surge de un vocablo griego laos y ergo esto quiere decir servicio público o servicio del pueblo. En aquella época los griegos no solían llamar liturgia los actos religiosos más bien era (aplicada) a los actos civiles o del Ejército: actos públicos y políticos, cuando alguien hace algo bueno por el pueblo se le era reconocido y a ese acto se le llamaba liturgia". (3) Posteriormente, a ese movimiento de la vida en la Iglesia católica se le aplicó dicho término: "así que ahí es donde surge la liturgia: la liturgia son todos estos conjuntos de ritos, de posturas de alegorías...la liturgia es la parte visible de los sacramentos invisibles, la liturgia es el servicio público que se ofrece dentro de la Iglesia". 

Por esto, la misma Iglesia mueve a los hombres hacia Dios mediantes actos litúrgicos: silencios, alabanzas, comunión, oraciones, genuflexiones etc. Lo hace parte activa en dirección hacia su santificación. Y le da un lugar preciso. "[36.] La celebración de la Misa, como acción de Cristo y de la Iglesia, es el centro de toda la vida cristiana, en favor de la Iglesia, tanto universal como particular, y de cada uno de los fieles... a los que «de diverso modo afecta, según la diversidad de órdenes, funciones y participación actual... De este modo el pueblo cristiano, "raza elegida, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido"... manifiesta su orden coherente y jerárquico»... «El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque diferentes esencialmente y no sólo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan de forma peculiar del único sacerdocio de Cristo». (4)

En este sentido de reciprocidad, Dios y el hombre, Él, en su misericordia, lleva a sus hijos pacientemente a entender su modo de acercamiento, su modo de amarlo, de adorarlo: "La formación litúrgica es un proceso y nunca debe ser entendida tan sólo como un conjunto de conocimientos sobre la liturgia, sino que afecta también a la espiritualidad de los creyentes y a su participación en la vida litúrgica de la Iglesia. Por lo tanto, la formación litúrgica es una necesidad ya que es un aspecto esencial de la formación cristiana integral, situada entre la educación de la fe y la formación moral, y que tiene por finalidad introducir a los miembros de la Iglesia en la participación consciente, activa y fructuosa en la liturgia para una vida cristiana más plena. (cf. GE 2, SC 14, 19, 48). (5)


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¿Qué pasa en la Liturgia?

"Que el Señor te responda en el día aciago y te proteja el Nombre del Dios de Jacob. 3.Que del Santuario te envíe socorro y desde Sión te venga su auxilio. 4.Que se acuerde de todas tus ofrendas y reciba con agrado tu holocausto. 5.Que te conceda según tus deseos y lleve a buen fin todos tus proyectos. 6.Que podamos celebrar tu victoria y enarbolar el nombre de nuestro Dios. ¡Que el Señor atienda todas tus peticiones!"

Salmo 20.

El gozo del corazón en la Liturgia, anticipando nuestra salvación

Todo en la Liturgia católica lleva al encuentro inmediato con Dios, su amado Hijo, la Virgen María y la comunidad de los santos, sin esperar la parusía o ese encuentro final prometido de la humanidad con Jesucristo. Es como la antesala del cielo. Por eso debiera de henchirse el corazón de gozo, de recibir en la cotidianeidad de nuestras vidas al Rey de reyes y Señor de Señores. En la Liturgia celebramos nuestra fe, entendiendo la celebración en el más amplio sentido de la palabra: momento de gozo, de dicha, de felicidad; el cumplimiento en el ahora de las ocho bienaventuranzas referidas por el entrañable y querido apóstol San Mateo evangelista. Y mucho más felices debiéramos estar porque somos partícipes de esa obra litúrgica, obra hecha por Dios para nosotros y una respuesta de nosotros hacia Dios. Una "manera de disfrutar de vivir y de entender la liturgia, es sin duda empezar por las obras que Dios ha hecho con nosotros porque nuestra fe es una respuesta a lo que Dios ha hecho. Dios revela su amor y la respuesta a la revelación divina es la fe; nuestra fe es la respuesta a la propuesta de Dios". (6)

Recordando la parábola de la boda del hijo del Rey, en esta fiesta todos estamos invitados, con la única condición de portar el traje adecuado: la pureza del corazón. "La liturgia no es algo que hace (solamente) el sacerdote...sino algo que cada uno de nosotros vive desde su propio lugar, desde su propia historia y desde su propio aporte. Lo primero entonces que debe quedarnos claro es que la liturgia es de todos y es para todos y la manera de vivir la liturgia es empezar por mejorar nuestros oídos, cómo estamos oyendo, cómo estamos recibiendo la palabra de Dios, antes de acercarnos a algunos textos que nos ilustran sobre esto de celebrar la fe...la fiesta." (7)

Y que mejor fiesta donde Dios se desborda de amor por sus hijos y anticipa su salvación. Es -debiera ser la Liturgia- un abandono del cuerpo y del espíritu, cantar, alabar, abrazar al adjunto, apreciar con amor cada movimiento del celebrante: "la liturgia parte de una experiencia interior de salvación y de alegría una experiencia interior de ser amado, de ser perdonado de ser compadecido... y esa experiencia interior se traduce en canto o se traduce danza o se traduce en música se vuelve movimiento de nuestro cuerpo, se vuelve poesía, nuestra voz se vuelve canción en nuestros labios esa es la liturgia..." (8)

La Liturgia es el ejercicio del sacerdocio real de Cristo

"En palabras del papa Pío XII en su encíclica "Mediator Dei": "La liturgia no es solamente la parte exterior y sensible del culto, ni mucho menos el aparato de ceremonias o conjunto de leyes y reglas..., es el ejercicio del oficio sacerdotal de Cristo".
En la Constitución Sacrosanctum Concilium, número 7, encontramos esta definición concisa: " Es el ejercicio del oficio sacerdotal de Cristo, por medio de signos sensibles, que realizan de una manera propia la santificación
en la Liturgia, la unión intimísima entre el Santo Espíritu y su Iglesia a manera de un matrimonio divinizado:  del hombre". (9)

Por su parte, San Juan Pablo II señalaba: "Una bella definición nos la ha dado Juan Pablo II en la carta apostólica con motivo del cuadragésimo aniversario de la "Sacrosanctum Concilium": "¿Qué es la liturgia sino la voz unísona del Espíritu Santo y la Esposa, la santa Iglesia, que claman al Señor Jesús: `Ven'? ¿Qué es la liturgia sino la fuente pura y perenne de 'agua viva' a la que todos los que tienen sed pueden acudir para recibir gratis el don de Dios? (cf. Jn 4, 10)"(Vicesimus Quintus Annus, n. 1)..."La liturgia es el lugar principal del encuentro entre Dios y los hombres, de Cristo con su Iglesia" (n. 7). (10)

Parte 2. La Iglesia institucionaliza la Liturgia


2.1. La Sacratísima Liturgia en el Catecismo de la Iglesia Católica


Lo dicho arriba por los sacerdotes y expertos laicos sobre la Liturgia es referido y explicitado oficialmente por nuestra Iglesia en el Santo Catecismo, nuestro guía doctrinal y espiritual.

El misterio de Dios, su propósito y voluntad, nuestra salvación, se hace realidad a través de la Liturgia donde Él nos convoca día con día: "(Numeral) 1066. En el Símbolo de la fe, la Iglesia confiesa el misterio de la Santísima Trinidad y su "designio benevolente" (Ef 1,9) sobre toda la creación: El Padre realiza el "misterio de su voluntad" dando a su Hijo Amado y al Espíritu Santo para la salvación del mundo y para la gloria de su Nombre. Tal es el Misterio de Cristo (Cf. Ef 3,4), revelado y realizado en la historia según un plan, una "disposición" sabiamente ordenada que S. Pablo llama "la economía del Misterio" (Ef 3,9) y que la tradición patrística llamará "la Economía del Verbo encarnado" o "la Economía de la salvación". (11)

¿A qué se refiere el concepto economía salvífica? "El término "economí­a", que significa etimológicamente administración sobre todo doméstica, o gobierno, indica en el Nuevo Testamento el plan o el ordenamiento de la salvación, la disposición salví­fica. En este sentido se usa en Ef 1,10: es el plan de salvación que Dios ha establecido según su beneplácito, "llevando a la historia a su plenitud" (cf. Ef 3,9). Una noción, también bí­blica, afí­n a la noción de "economí­a salví­fica", es la de "misterio". Este mismo concepto está presente también en los Padres, (de la Iglesia) que con el término "economí­a" indican el conjunto de las disposiciones divinas, decididas en la eternidad y realizadas en el tiempo con vistas a la salvación del hombre. La expresión "economí­a salví­fica" subyace a la concepción particular neotestamentaria del tiempo, entendido como movimiento que se extiende de la promesa al cumplimiento, de un cumplimento ya comenzado a su manifestación definitiva." (12).

Así pues, Dios ha dispuesto lo necesario en la Liturgia, para nuestra salvación, en fidelidad a su promesa. Obra de redención donde Jesucristo es centro, camino y fin, en orden a su sacrificio cruento en la cruz y su victoria sobre la muerte en el misterio pascual:

"1067 "Cristo el Señor realizó esta obra de la redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada por las maravillas que Dios hizo en el pueblo de la Antigua Alianza, principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasión, de su resurrección de entre los muertos y de su gloriosa ascensión. Por este misterio, `con su muerte destruyó nuestra muerte y con su resurrección restauró nuestra vida". Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de toda la Iglesia" (SC 5). Por eso, en la liturgia, la Iglesia celebra principalmente el Misterio pascual por el que Cristo realizó la obra de nuestra salvación." (13)

Por eso, es un privilegio gozar de la liturgia, cada uno de sus momentos, como un banquete pascual, pues ¿dónde hay otro espacio donde se disfrute a Cristo por entero "...luego la Pascua, en la Pascua estamos en el centro, estamos en la raíz estamos en la fuente misma y por eso cuando se celebra la vigilia de la Pascua la ceremonia más linda, más significativa, más fecunda, más profunda que tiene nuestra Iglesia, cuando celebramos la Pascua estamos saboreando la salvación a través del rito del fuego, a través de la proclamación de la palabra, a través de la renovación del bautismo, o la celebración del bautismo, y a través de la sagrada comunión las cuatro partes de la vigilia Pascual..." (14)

De acuerdo al numeral 1070 "Liturgia" en el Nuevo Testamento se emplea para designar, además de la celebración del culto divino (Cf. Hch 13,2; Lc 1,23),  también para anunciar el Evangelio (Cf. Rm 15,16; Flp 2,14-17. 30) y la caridad en acto (Cf. Rm 15,27; 2 Co 9,12; Flp 2,25). En todas estas referencias se trata del servicio de Dios y de los hombres. En la liturgia, la Iglesia se hace servidora, a imagen de su Señor, el único "Liturgo" (Cf. Hb 8,2 y 6), del cual ella participa en su sacerdocio, es decir, en el culto, anuncio y servicio de la caridad: Por ello, se considera la liturgia como el ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo en la que, mediante signos sensibles, se significa y se realiza, según el modo propio de cada uno, la santificación del hombre y, así, el Cuerpo místico de Cristo, esto es, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público. Por ello, toda celebración litúrgica, como obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia (Sacro Santum Concilium 7). (15).

"...sólo tú tienes palabra de vida eterna"

(https://www.youtube.com/watch?v=8vU4XN8KBkg)

El Señor llama a asamblea para rescatar a su pueblo

"15 Toquen trompeta en Sion, Promulguen ayuno, convoquen asamblea.
16 Reúnan al pueblo, santifiquen la asamblea, Congreguen a los ancianos, Reúnan a los pequeños y a los niños de pecho. Salga el novio de su aposento Y la novia de su alcoba.
17 Entre el pórtico y el altar, lloren los sacerdotes, ministros del SEÑOR, Y digan: "Perdona, oh SEÑOR, a Tu pueblo, Y no entregues Tu heredad al oprobio, A la burla entre las naciones. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: 'Dónde está su Dios?'"
18 Entonces el SEÑOR se llenará de celo por Su tierra, Y tendrá piedad de Su pueblo.
19 El SEÑOR responderá a Su pueblo: "Yo les enviaré grano, vino nuevo y aceite, Y se saciarán de ello, Y nunca más los entregaré al oprobio entre las naciones". 

Joel 2

En la Liturgia Dios ordena -da coherencia, ritmo, y tiempos- a su pueblo como Iglesia, verdadero puente entre Dios y la humanidad:

"1071. La Liturgia, obra de Cristo, es también una acción de su Iglesia. Realiza y manifiesta la Iglesia como signo visible de la comunión entre Dios y de los hombres por Cristo. Introduce a los fieles en la Vida nueva de la comunidad. Implica una participación "consciente, activa y fructífera" de todos (SC 11). (16)

Pero, esta acción de la Iglesia va precedida necesariamente -a fin de ser una obra completa y compacta, de otros elementos como la fe, la plena conversión y la evangelización, que reflejan compromiso  y servicio de sus fieles. (Numeral 1072).

La oración también es parte imprescindible de la Liturgia, que es como el equivalente al sistema nervioso de los hombres. Pues la oración ferviente es el indicador de la devoción, la fe, la esperanza y el amor hacia Dios, así como la caridad hacia el prójimo; el de al lado, el cercano, el lejano, el presente y el ausente:

"1073 La Liturgia es también participación en la oración de Cristo, dirigida al Padre en el Espíritu Santo. En ella toda oración cristiana encuentra su fuente y su término. Por la liturgia el hombre interior es enraizado y fundado (Cf. Ef 3,16-17) en "el gran amor con que el Padre nos amó" (Ef 2,4) en su Hijo Amado. Es la misma "maravilla de Dios" que es vivida e interiorizada por toda oración, "en todo tiempo, en el Espíritu" (Ef 6,18)". (17)

La Liturgia es a su vez el espacio propicio para la catequesis hacia el pueblo, es el vertimiento de la sabiduría divina, de la predicación del Maestro, del arropamiento maternal y discreto de la Gran Señora. En síntesis, la disposición sin reservas del pensamiento de Dios a través de la Palabra, que se hermana en práctica concreta religiosa con los sacramentos, en especial la Santa Eucaristía:

"1074 "La Liturgia es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza" (SC 10). Por tanto, es el lugar privilegiado de la catequesis del Pueblo de Dios. "La catequesis está intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica y sacramental, porque es en los sacramentos, y sobre todo en la Eucaristía, donde Jesucristo actúa en plenitud para la transformación de los hombres" (CT 23). 

1075 La catequesis litúrgica pretende introducir en el Misterio de Cristo (es "mistagogia"), procediendo de lo visible a lo invisible, del signo a lo significado, de los "sacramentos" a los "misterios". Esta modalidad de catequesis corresponde hacerla a los catecismos locales y regionales. El presente catecismo, que quiere ser un servicio para toda la Iglesia, en la diversidad de sus ritos y sus culturas (Cf. SC 3-4), enseña lo que es fundamental y común a toda la Iglesia en lo que se refiere a la Liturgia en cuanto misterio y celebración (primera sección), y a los siete sacramentos y los sacramentales (segunda sección)" (18)

Para efectos de nuestra salvación Dios ha dispuesto una Iglesia donde su Santo Espíritu actúa desde Pentecostés y donde Jesús es la garantía de dicha salvación al demostrar con su gloriosa resurrección que Él sigue vivo y actuando, prácticamente sin un día de pausa, por medio de los santísimos sacramentos:

"1076 El día de Pentecostés, por la efusión del Espíritu Santo, la Iglesia se manifiesta al mundo (Cf. SC 6; LG 2). El don del Espíritu inaugura un tiempo nuevo en la "dispensación del Misterio": el tiempo de la Iglesia, durante el cual Cristo manifiesta, hace presente y comunica su obra de salvación mediante la Liturgia de su Iglesia, "hasta que él venga" (1 Co 11,26). Durante este tiempo de la Iglesia, Cristo vive y actúa en su Iglesia y con ella ya de una manera nueva, la propia de este tiempo nuevo. Actúa por los sacramentos; esto es lo que la Tradición común de Oriente y Occidente llama "la Economía sacramental"; esta consiste en la comunicación (o "dispensación") de los frutos del Misterio pascual de Cristo en la celebración de la liturgia "sacramental" de la Iglesia". (19)

San Pablo, el Apóstol de los gentiles, acierta con sabiduría, y proféticamente, cómo será la perfecta unidad de Dios con su Iglesia: una familia eterna que glorificará al Padre y su santo reino, síntesis del ejercicio de la Liturgia desde la vida terrena. 

1077 "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en él antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado" (Ef 1,3-6). (20)

¡PUEBLO DE DIOS, BENDICE A TU SEÑOR!

https://www.youtube.com/watch?v=w09eaEnjVBI

DIOS ES LA FUENTE Y EL FIN DE LA LITURGIA

Desde la creación misma Dios quiso que sus criaturas lo amaran incondicionalmente y por todos los días de su vida. A cambio, Él nos bendice con todo lo que eso implica; estar en su gracia, formar parte de su familia, alejar para siempre de nosotros a la muerte, gozar de los bienes eternos: 

"1078 Bendecir es una acción divina que da la vida y cuya fuente es el Padre. Su bendición es a la vez palabra y don ("bene-dictio", "eu-logia"). Aplicado al hombre, este término significa la adoración y la entrega a su Creador en la acción de gracias.

1079 Desde el comienzo y hasta la consumación de los tiempos, toda la obra de Dios es bendición. Desde el poema litúrgico de la primera creación hasta los cánticos de la Jerusalén celestial, los autores inspirados anuncian el designio de salvación como una inmensa bendición divina." (21)

Con la Liturgia Dios nos bendice y refrenda su alianza, sus promesas con el hombre a pesar de sus tropiezos, sus dudas y su vida de pecado:

"1080 Desde el comienzo, Dios bendice a los seres vivos, especialmente al hombre y la mujer. La alianza con Noé y con todos los seres animados renueva esta bendición de fecundidad, a pesar del pecado del hombre por el cual la tierra queda "maldita". Pero es a partir de Abraham cuando la bendición divina penetra en la historia humana, que se encaminaba hacia la muerte, para hacerla volver a la vida, a su fuente: por la fe del "padre de los creyentes" que acoge la bendición se inaugura la historia de la salvación". 

Para Dios, el acto misericordioso de bendecir es constante, permanente, imperecedero, gratuito y siempre disponible a lo largo de la historia de la humanidad:

"1081 Las bendiciones divinas se manifiestan en acontecimientos maravillosos y salvadores: el nacimiento de Isaac, la salida de Egipto (Pascua y Éxodo), el don de la Tierra prometida, la elección de David, la presencia de Dios en el templo, el exilio purificador y el retorno de un "pequeño resto". La Ley, los Profetas y los Salmos que tejen la liturgia del Pueblo elegido recuerdan a la vez estas bendiciones divinas y responden a ellas con las bendiciones de alabanza y de acción de gracias.

En los actos litúrgicos la bendición de Dios es también una efusión de su Santo Espíritu, un derramamiento o un vertimiento de la acción viva de Dios en cada uno de nosotros y como comunidad. ¿De qué formas se manifiesta dicha efusión o gracia del amor de Dios?

"1- Es una oración de fe y no un acto sacramental. Que hace posible recibir los sacramentos como el bautismo, la confirmación y la primera comunión. "La oración por efusión del Espíritu Santo, consiste en una oración llena de fe y esperanza que la comunidad eleva a Jesús para que derrame Su Espíritu, de manera nueva y en mayor abundancia, sobre la persona por la que se pide." 

"2- Es una nueva misión del Espíritu Santo:
Esta nueva efusión del Espíritu Santo puede explicarse como una "misión divina", significa que surge en la criatura una relación nueva para con el Espíritu. Sabemos que, aunque estemos bautizados, necesitamos orar para que las gracias recibidas en el sacramento se aviven en nosotros.

"3- Es una gracia que renueva y actualiza las gracias ya recibidas.
Esta nueva efusión es una gracia que renueva, actualiza de manera existencial y pone en actividad el rico caudal de gracias que Dios ha dado a cada uno a través de los sacramentos recibidos. En unos pondrá en actividad lo recibido solo en el bautismo y en la confirmación; en otros, lo que Dios ha dado también a través de la reconciliación y la eucaristía.

"4- Es una gracia que libera de obstáculos y ataduras:

Desde el primer momento de nuestra incorporación a Cristo por los sacramentos de iniciación, poseemos el Espíritu Santo, el cual habita en nosotros en su propio Templo. Sin embargo, debido a obstáculos, heridas, barreras que voluntaria o involuntariamente ponemos, la acción del Espíritu Santo quizás no ha llegado a actuar en plenitud en nosotros. 

"5- Nueva experiencia del Espíritu Santo

Es una nueva apertura a la acción, movimientos, dirección, inspiración, del Espíritu Santo. Toda su persona, su mente, sentimientos, pensamientos y voluntad son tocados por la acción de Dios.

6- Principio de vida nueva
Se manifestarán los frutos para edificar nuestras almas y dones o carismas para edificar la iglesia.
Algunos de los frutos:
-conversión interior y transformación de vida
-luz poderosa para comprender mejor el misterio de Dios y su plan de salvación
-compromiso personal con Cristo y gozo
-apertura a la acción del Espíritu Santo
-ejercicio de las virtudes
-entrega generosa al servicio
-deseo de oración y lectura de las S. Escrituras.
-amor a los sacramentos
-devoción a la Stma. Virgen
-amor a la Iglesia
-fuerza para dar testimonio, etc.

"7- Fuente de carismas y frutos del Espíritu Santo.

Beneficia al creyente en todo su ser, tocando el cuerpo, el espíritu y el alma. (1Tes 5). Es normal, que la persona, durante o después de la oración, tenga una experiencia de Dios y de Su acción con efectos sensibles: paz, gozo, curación de heridas o enfermedades, amor, reconciliación, etc. En esta efusión se reciben los dones carismáticos, según el Espíritu Santo quiera distribuirlos: dones de alabanza, profecía, sabiduría, discernimiento de espíritus, lenguas, curación, visión, conocimiento, etc.

"8- Inicio de un nuevo caminar con el Espíritu
Esta efusión no es sino la actualización de la vida bautismal, ya recibida anteriormente pero que se había adormecido; un nuevo caminar al impulso del Espíritu; un vivir realmente en plenitud la vida cristiana.
Todos los Papas han apoyado la Renovación en el Espíritu Santo desde que esta renovó la conciencia en la Iglesia de esta gracia. Pablo VI imploraba por este nuevo Pentecostés en la Iglesia y en cada individuo: "Una nueva efusión del don de Dios; que venga pues el Espíritu Creador a renovar la faz de la tierra". (Mayo 75). Juan Pablo II igualmente ha hablado abundantemente sobre la necesidad de recibir mas y mas las gracias del Espíritu.
"9- Poder para vencer el pecado:
A través de la efusión las personas han recibido una profunda experiencia personal con Jesús y les produce un gran poder para combatir las tendencias de la carne, el pecado y el mundo.
"
(22)

En el numeral 1082 de nuestro documento en cuestión -el Catecismo- se afirma al respecto:

"1082 En la liturgia de la Iglesia, la bendición divina es plenamente revelada y comunicada: el Padre es reconocido y adorado como la fuente y el fin de todas las bendiciones de la creación y de la salvación; en su Verbo, encarnado, muerto y resucitado por nosotros, nos colma de sus bendiciones y por él derrama en nuestros corazones el don que contiene todos los dones: el Espíritu Santo." (23) 

La Liturgia católica adquiere así una doble dimensión: la Iglesia en unidad bendice al Padre y se presenta como ofrenda agradable:

"1083 Se comprende, por tanto, que en cuanto respuesta de fe y de amor a las "bendiciones espirituales" con que el Padre nos enriquece, la liturgia cristiana tiene una doble dimensión. Por una parte, la Iglesia, unida a su Señor y "bajo la acción el Espíritu Santo" (Lc 10,21), bendice al Padre "por su don inefable" (2 Co 9,15) mediante la adoración, la alabanza y la acción de gracias. Por otra parte, y hasta la consumación del designio de Dios, la Iglesia no cesa de presentar al Padre "la ofrenda de sus propios dones" y de implorar que el Espíritu Santo venga sobre esta ofrenda, sobre ella misma, sobre los fieles y sobre el mundo entero, a fin de que por la comunión en la muerte y en la resurrección de Cristo-Sacerdote y por el poder del Espíritu estas bendiciones divinas den frutos de vida "para alabanza de la gloria de su gracia" (Ef 1,6)." (24)

"...Padre, glorifícame y glorifica a estos que me dejaste".

https://www.youtube.com/watch?v=qk380i5hYBg

En la Liturgia reconocemos a Cristo como dador de los sacramentos y la manifestación de su gracia a través de ellos

1084 "Sentado a la derecha del Padre" y derramando el Espíritu Santo sobre su Cuerpo que es la Iglesia, Cristo actúa ahora por medio de los sacramentos, instituidos por Él para comunicar su gracia. Los sacramentos son signos sensibles (palabras y acciones), accesibles a nuestra humanidad actual. Realizan eficazmente la gracia que significan en virtud de la acción de Cristo y por el poder del Espíritu Santo". (25)

En la Liturgia Cristo actualiza la pascua y la eterniza

Este misterio pascual que implica la gloriosa resurrección del Señor, la liberación y el perdón de los pecados de la humanidad, para nuestra purificación y eventual santificación, está revelado y manifestado en la Liturgia y en cada uno de sus actos. Es como una anticipación de lo que los justos viviremos en la eternidad. Esto es, que si en la tierra tenemos un momento de gozo, con la Liturgia Dios nos llama a vivir un día la pascua eternamente, cumpliéndose la promesa de Jesús de volver a comer y beber con Él en aquel momento preciso.

"14. Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo:

15. 'He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión,

16. porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios". (26)

 ¿Cómo refiere el Catecismo este hecho para la posteridad?

"1085 En la liturgia de la Iglesia, Cristo significa y realiza principalmente su misterio pascual. Durante su vida terrestre Jesús anunciaba con su enseñanza y anticipaba con sus actos el misterio pascual. Cuando llegó su hora (cf Jn 13,1; 17,1), vivió el único acontecimiento de la historia que no pasa: Jesús muere, es sepultado, resucita de entre los muertos y se sienta a la derecha del Padre "una vez por todas" (Rm 6,10; Hb 7,27; 9,12). Es un acontecimiento real, sucedido en nuestra historia, pero absolutamente singular: todos los demás acontecimientos suceden una vez, y luego pasan y son absorbidos por el pasado. El misterio pascual de Cristo, por el contrario, no puede permanecer solamente en el pasado, pues por su muerte destruyó a la muerte, y todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos y en ellos se mantiene permanentemente presente. El acontecimiento de la Cruz y de la Resurrección permanece y atrae todo hacia la Vida". (27)

"...ahora vives en mí, cómo no te voy a adorar"

https://www.youtube.com/watch?v=IFyADh8BTCs

Cristo confió la misión salvífica de su Iglesia a los apóstoles de su tiempo. Ahora, la deja confiada a nosotros, los apóstoles del nuevo siglo. ¿Debe esto representar una carga, un deber o un privilegio? La sacratísima Liturgia y sus frutos hoy están en nuestras manos. 

Dicen los numerales 1086 y 1087:

"...desde la Iglesia de los Apóstoles...

1086 "Por esta razón, como Cristo fue enviado por el Padre, Él mismo envió también a los Apóstoles, llenos del Espíritu Santo, no sólo para que, al predicar el Evangelio a toda criatura, anunciaran que el Hijo de Dios, con su muerte y resurrección, nos ha liberado del poder de Satanás y de la muerte y nos ha conducido al reino del Padre, sino también para que realizaran la obra de salvación que anunciaban mediante el sacrificio y los sacramentos en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica" (SC 6).

1087 Así, Cristo resucitado, dando el Espíritu Santo a los Apóstoles, les confía su poder de santificación (cf Jn 20,21- 23); se convierten en signos sacramentales de Cristo. Por el poder del mismo Espíritu Santo confían este poder a sus sucesores. Esta "sucesión apostólica" estructura toda la vida litúrgica de la Iglesia. Ella misma es sacramental, transmitida por el sacramento del Orden". (28)

Cristo, el Señor, con su autoridad y misericordia se presenta siempre en la Liturgia y todos sus actos, en cuerpo, sangre, alma y divinidad, pues es Él la Palabra viva, el altar, el Sacerdote y la víctima del sacrificio. Todo para su gloria y la de Dios Padre. Esto es lo que nos dicen los numerales 1088 y 1089 del mismo Catecismo:

"(Él)...está presente en la liturgia terrena...

1088 "Para llevar a cabo una obra tan grande" -la dispensación o comunicación de su obra de salvación- «Cristo está siempre presente en su Iglesia, principalmente en los actos litúrgicos. Está presente en el sacrificio de la misa, no sólo en la persona del ministro, "ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz", sino también, sobre todo, bajo las especies eucarísticas. Está presente con su virtud en los sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Está presente en su Palabra, pues es Él mismo el que habla cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura. Está presente, finalmente, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: "Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18,20)» (SC 7).

1089 "Realmente, en una obra tan grande por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados, Cristo asocia siempre consigo a la Iglesia, su esposa amadísima, que invoca a su Señor y por Él rinde culto al Padre Eterno" (SC 7). (29)

En la Liturgia realmente el Cielo baja a la Tierra y nos hace partícipes del Reino prometido. Dios permite que paladeemos de esa gloria celestial en compañía de Cristo, su Santísima Madre, de sus ángeles y de sus santos y santas, la Iglesia triunfante:

1090 "En la liturgia terrena pregustamos y participamos en aquella liturgia celestial que se celebra en la ciudad santa, Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos, donde Cristo está sentado a la derecha del Padre, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero; cantamos un himno de gloria al Señor con todo el ejército celestial; venerando la memoria de los santos, esperamos participar con ellos y acompañarlos; aguardamos al Salvador, nuestro Señor Jesucristo, hasta que se manifieste Él, nuestra vida, y nosotros nos manifestemos con Él en la gloria" (SC 8; cf. LG 50). (30)

En toda la Liturgia el Espíritu Santo de Dios se hace presente para bendecirla y como memorial del Misterio de Salvación, tanto en la Sagrada Eucaristía como en la proclamación de la Santa Palabra:

"El Espíritu Santo recuerda el misterio de Cristo

1099 El Espíritu y la Iglesia cooperan en la manifestación de Cristo y de su obra de salvación en la liturgia. Principalmente en la Eucaristía, y análogamente en los otros sacramentos, la liturgia es Memorial del Misterio de la salvación. El Espíritu Santo es la memoria viva de la Iglesia (cf Jn 14,26).

1100 La Palabra de Dios. El Espíritu Santo recuerda primeramente a la asamblea litúrgica el sentido del acontecimiento de la salvación dando vida a la Palabra de Dios que es anunciada para ser recibida y vivida:

«La importancia de la Sagrada Escritura en la celebración de la liturgia es máxima. En efecto, de ella se toman las lecturas que luego se explican en la homilía, y los salmos que se cantan; las preces, oraciones e himnos litúrgicos están impregnados de su aliento y su inspiración; de ella reciben su significado las acciones y los signos» (SC 24)." (31), 

Vital es entonces que nuestros apostolados recuperen y sepan transmitir el sentido de toda celebración litúrgica, donde Dios y el Hijo amado se manifiestan en todo su esplendor. Así,  la Liturgia se transforma por parte del hombre en un acto profundo de fe, caridad y esperanza donde Dios se da, nosotros nos entregamos y a su vez abrazamos al prójimo recuperando el sentido comunitario que nos hace hermanos. Todo por obra del Santo Espíritu.

"1101 El Espíritu Santo es quien da a los lectores y a los oyentes, según las disposiciones de sus corazones, la inteligencia espiritual de la Palabra de Dios. A través de las palabras, las acciones y los símbolos que constituyen la trama de una celebración, el Espíritu Santo pone a los fieles y a los ministros en relación viva con Cristo, Palabra e Imagen del Padre, a fin de que puedan hacer pasar a su vida el sentido de lo que oyen, contemplan y realizan en la celebración.

1102 "La fe se suscita en el corazón de los no creyentes y se alimenta en el corazón de los creyentes con la palabra [...] de la salvación. Con la fe empieza y se desarrolla la comunidad de los creyentes" (PO 4). El anuncio de la Palabra de Dios no se reduce a una enseñanza: exige la respuesta de fe, como consentimiento y compromiso, con miras a la Alianza entre Dios y su pueblo. Es también el Espíritu Santo quien da la gracia de la fe, la fortalece y la hace crecer en la comunidad. La asamblea litúrgica es ante todo comunión en la fe." (32) 

Jesús resucitando a un joven: San Lucas 7, 11-17

En la sagrada Liturgia se recuerda, para actualizar en nosotros, el plan salvífico del Señor mediante la anámnesis,  (recuerdo, memorial) de los principales misterios del Señor, y que a su vez forma parte propiamente de la Liturgia Eucarística. (33)

1103 La Anámnesis. La celebración litúrgica se refiere siempre a las intervenciones salvíficas de Dios en la historia. "El plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; [...] las palabras proclaman las obras y explican su misterio" (DV 2). En la liturgia de la Palabra, el Espíritu Santo "recuerda" a la asamblea todo lo que Cristo ha hecho por nosotros. Según la naturaleza de las acciones litúrgicas y las tradiciones rituales de las Iglesias, la celebración "hace memoria" de las maravillas de Dios en una Anámnesis más o menos desarrollada. El Espíritu Santo, que despierta así la memoria de la Iglesia, suscita entonces la acción de gracias y la alabanza (Doxología). 

"1104 La liturgia cristiana no sólo recuerda los acontecimientos que nos salvaron, sino que los actualiza, los hace presentes. El misterio pascual de Cristo se celebra, no se repite; son las celebraciones las que se repiten; en cada una de ellas tiene lugar la efusión del Espíritu Santo que actualiza el único Misterio." (34)

CON LA TRANSUBSTANCIACION EL ESPIRITU SANTO TRANSFORMA LAS ESPECIES EUCARISTICAS EN EL CUERPO Y LA SANGRE DEL SEÑOR.

En la sacratísima Liturgia y más precisamente en la Liturgia Eucarística, asistimos, nos hacemos testigos, de una de los más grandes misterios que Dios revela y pone a nuestra disposición para ser salvos.

"¿Qué es la Transubstanciación?

Nuestro Señor se hace presente por la conversión del pan y el vino en su Cuerpo y Sangre. Esa admirable y singular conversión se llama propiamente «transubstanciación», no consustanciación, como quería Lutero. Se dice admirable porque es un misterio altísimo, superior a la capacidad de toda inteligencia creada. ¡Es el Misterio de la fe! Se dice singular porque no existe en toda la creación ninguna conversión semejante a esta.En la transubstanciación toda la substancia del pan y toda la sustancia del vino desaparecen al convertirse en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Cristo. De tal manera que bajo cada una de las especies y bajo cada parte cualquiera de las especies, antes de la separación y después de la separación, se contiene Cristo entero." (35).

¿Qué dice al respecto el Catecismo de nuestra Iglesia?

"1105 La Epíclesis ("invocación sobre") es la intercesión mediante la cual el sacerdote suplica al Padre que envíe el Espíritu santificador para que las ofrendas se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

1106 Junto con la Anámnesis, la Epíclesis es el centro de toda celebración sacramental, y muy particularmente de la Eucaristía: y para que los fieles, al recibirlos, se conviertan ellos mismos en ofrenda viva para Dios." (36)

El momento de la transubstanciación.

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2.2 LA SACRATISIMA LITURGIA EN LA CONSTITUCION APOSTOLICA SACROSANTUM CONCILIUM 

Antes de considerar los principios y directrices de la Sacratísima Liturgia en este documento conciliar conviene conocer, así sea brevemente, lo que es un Concilio dentro de nuestra institución eclesiástica y posteriormente, cuáles son y cómo se clasifican los documentos pontificios.

Definición de concilio

1.- "(Del lat. concilium, reunión, asamblea.) 1. Asamblea de obispos y de teólogos que, de acuerdo con el Papa, decide sobre cuestiones de doctrina y de disciplina eclesiástica. 2. Colección de los decretos de esta asamblea. 3. Reunión de personas para tratar algún asunto. 4concilio ecuménico o general, aquel en que se reúnen todos los obispos de la Iglesia católica. 5. concilio nacional, el de los obispos de un país. 6. concilio provincial,  el que reúne a los obispos de una provincia eclesiástica." (37)

2.- Concilio (Latín concilium, una asamblea) es un término general que designa las reuniones eclesiásticas bajo la autoridad jerárquica, para la discusión y decisión de asuntos relacionados a la fe, la moral y la disciplina. Corresponde a la palabra en griego synodus. La palabra synodus aparece probablemente por primera vez en los llamados "Cánones Apostólicos", mientras que la palabra concilium fue empleada con el mismo significado por Tertuliano más de un siglo antes. Por lo tanto, los términos sínodo y concilio son sinónimos.

Cuando los obispos del mundo entero se congregan bajo la presidencia del Papa, el sínodo se denomina ecuménico o general. Es a tal asamblea solamente que se le puede aplicar legítimamente el término sancta synodus (vea Concilios Generales. Si los obispos de una provincia eclesiástica se reúnen bajo el liderazgo de su metropolitano, el concilio se denomina provincial. Cuando las jerarquías de todas las provincias de una nación se reúnen, el sínodo se llama nacional, o bajo ciertas circunstancias, plenario. (38)

3.- "Los elementos constituyentes de un concilio eclesiástico son los siguientes:

  • Reunión convocada legalmente,
  • de miembros de la jerarquía,
  • con el propósito de llevar a cabo unas funciones doctrinales y judiciales,
  • por medio de la deliberación en común,
  • que da como resultado regulaciones y decretos investidos con la autoridad de toda la asamblea.

Todos estos elementos resultan del análisis del hecho de que los concilios son una concentración de los poderes gobernantes para tomar acciones decisivas." (39)

Clasificación de los documentos pontificios

Cada documento elaborado, autorizado y emitido por el máximo gobierno de la Iglesia Católica u otras de sus instancias, tiene objetivos específicos y lineamientos que, conforme a Derecho, imponen obligatoriedad para los destinatarios correspondientes, que puede tener carácter universal, nacional o regional. "Los documentos pontificios son los escritos mediante los que el papa ejerce su función como "Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra"[1]​. La denominación de estos documentos y por tanto, los tipos de los documentos pontificios, se ha ido formando a lo largo de la historia." (40)

Clasificación de los Documentos Pontificios:

1. Cartas Encíclicas
2. Epístola Encíclica
3. Constitución Apostólica
4. Exhortación Apostólica
5. Cartas Apostólicas
6. Bulas
7. Motu Proprio

Todo documento oficial del pontificado, para identificar su veracidad, deberá aparecer en Actas de la Sede Apostólica (AAS-Acta Apostolicae Sedis), en el Boletín oficial donde se publican los decretos 

1. CARTAS ENCÍCLICAS

Del Latín Literae encyclicae, que literalmente significa "cartas circulares". Las encíclicas son cartas públicas y formales del Sumo Pontífice que expresan su enseñanza en materia de gran importancia. Pablo VI definió la encíclica como "un documento, en la forma de carta, enviado por el Papa a los obispos del mundo entero".
Las encíclicas se proponen:

  • Enseñar sobre algún tema doctrinal o moral
  • Avivar la devoción
  • Condenar errores
  • Informar a los fieles sobre peligros para la fe procedentes de corrientes culturales, amenazas del gobierno, etc.

Por definición, las cartas encíclicas formalmente tienen el valor de enseñanza dirigida a la Iglesia Universal. Sin embargo, cuando tratan con cuestiones sociales, económicas o políticas, son dirigidas comúnmente no sólo a los católicos, sino a todos los hombres y mujeres de buena voluntad." (41)

 "Encíclicas Exhortatorias

Algunas encíclicas tratan específicamente sobre temas más espirituales. Su propósito principal es ayudar a los católicos en su vida sacramental y devocional. Al no estar enmarcadas en vista a una controversia doctrinal o teológica, estas encíclicas expanden la dimensión del misterio Cristiano, como una ayuda para la Piedad.
Ejemplos de éstas encíclicas son:

  • Haurietis aquas (1956) del Papa Pío XII, sobre la devoción al Sagrado Corazón
  • Redemptoris mater (1987)del Papa Juan Pablo II, sobre el papel de la Virgen María en la vida de la Iglesia peregrina." (42) 


"2. EPÍSTOLAS ENCÍCLICAS

Difiere muy poco de las cartas encíclicas. Las epístolas son poco frecuentes y se dirigen primariamente a dar instrucciones en referencia a alguna devoción o necesidad especial de la Santa Sede. Por ejemplo: algún evento especial, como el Año Santo. (43)

"3. CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA

Estos documentos son la forma más común en la que el Papa ejerce su autoridad "Petrina". A través de estas, el Papa promulga leyes concernientes a los fieles. Tratan de la mayoría de los asuntos doctrinales, disciplinares y administrativos. La erección de una nueva diócesis, por ejemplo, se hace por medio de una Constitución Apostólica.
Mientras que al principio, dichas constituciones enunciaban normas legales y continúan siendo principalmente documentos legislativos, tienen ahora frecuentemente un fuerte componente doctrinal. Pertenecen al magisterio ordinario del Papa." (44)

 "4. EXHORTACIÓN APOSTÓLICA

Estos documentos generalmente se promulgan después de la reunión de un Sínodo de Obispos o por otras razones. Son parte del magisterio de la Iglesia." (45). Algunos ejemplos de Exhortaciones son Amoris Laetitia (2016) y Laudato si, del año 2015.

"5. CARTA APOSTÓLICA

Estos documentos son cartas dirigidas a grupos específicos de personas. Estas también pertenecen al Magisterio Ordinario." (46)

6. BULA PAPAL

"Las bulas (en latín, bulla): documentos en pergamino, escritos en latín, sellados con un metal, habitualmente de plomo, en los casos más solemnes de oro [3]​. El incipit se inicia con el nombre que se le asigna, que se corresponde con las primeras palabras del texto en latín, a continuación el término bulla y se enuncia su contenido, a continuación el nombre del papa, sin el ordinal, y las palabras "romanus episcopus servus servorum Dei" (obispo de Roma, siervo de los siervos de Dios), a continuación antes de iniciar propiamente el texto, se añaden distintas fórmulas, p. ej. "ad perpetuam memoriam" (para perpetua memoria), "omnibus fidelibus" (a todos los fieles). En ocasiones estas palabras finales de la introducción se relacionan con el contenido de la bula, por ejemplo la bula Misericordiae Vultus, con la que el papa Francisco, el 11 de abril de 2015, convoca el Jubileo extraordinario de la misericordia, completa así la introducción: "omnibus praesentes litteras inspecturis gratiam, misericordiam et pace[4]​" (a todos los que lean esta carta, gracia, misericordia y paz")" (47)

"7. MOTU PROPRIO

Son documentos papales que contienen las palabras "Motu proprio et certa scientia". Significa que dichos documentos son escritos por la iniciativa personal del Santo Padre y con su propia autoridad.
Es conveniente notar que solamente la enseñanza dirigida a toda la Iglesia Universal expresa el Magisterio Ordinario en su sentido pleno. Los discursos Ad limina , dados a los obispos de una región particular y los discursos dados durante las visitas a los diferentes países, no pertenecen, en el mismo grado, al Magisterio Ordinario como aquellos discursos dirigidos a la Iglesia Universal. Sin embargo hay que notar que cuando el Papa enseña, aunque sea a una región particular, frecuentemente se refiere a verdades que ya eran del magisterio." (48) Ejemplos de Motu proprio son: Carta apostólica en forma de Motu proprio Traditionis custodes sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1970 (16 de julio de 2021). Y la Carta Apostólica en forma de «Motu Proprio Antiquum ministerium con la que se instituye el Ministerio de Catequista (10 de mayo 2021)" (48)

Contexto de la CONSTITUCION APOSTOLICA SACROSANTUM CONCILIUM

Fue convocado por el Papa Juan XXIII en 1962 y clausurado tres años más tarde por el Papa Paulo VI y se propuso actualizar la vida de la Iglesia sin definir ningún dogma. Trató de la Iglesia, la Revelación, la Liturgia, la libertad religiosa, etc. Este Concilio hizo un llamado universal a la santidad

"El 11 de octubre de 1962 el Papa Roncalli abrió el Concilio Vaticano II en San Pedro. Este Concilio cambiaría el rostro del catolicismo: una nueva forma de celebrar la liturgia (más cercana a los fieles), un nuevo acercamiento al mundo y un nuevo ecumenismo. Respecto de esto último, Juan XXIII había creado en 1960 el Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos...una comisión preparatoria al Concilio que más tarde permanecería bajo el nombre de Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos. Era la primera vez que la Santa Sede creaba una estructura consagrada únicamente a temas ecuménicos." (49)

En la naturaleza pastoral de este Concilio: "no se trataba de definir nuevas verdades ni condenar errores, sino que era necesario renovar la Iglesia para hacerla capaz de transmitir el Evangelio en los nuevos tiempos (un aggiornamento), buscar los caminos de unidad de las Iglesias cristianas, buscar lo bueno de los nuevos tiempos y establecer diálogo con el mundo moderno centrándose primero "en lo que nos une y no en lo que nos separa". (50)

El Concilio se convocó con los siguientes fines:

- Promover el desarrollo de la fe católica.

- Lograr una renovación moral de la vida cristiana de los fieles.

- Adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo.

DE LA CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA SACROSANTUM CONCILIUM

ANTECEDENTES

"La constitución Sacrosanctum Concilium fue el primer documento aprobado por el Concilio..., el 4 de diciembre de 1963, por una abrumadora mayoría de 2158 votos a favor y 4 en contra. Daba a la liturgia un tratamiento tan generoso en comparación con concilios anteriores, que no tiene paralelo en el pasado. A este respecto comentó el Papa Benedicto XVI que representa "la más amplia renovación del rito romano que jamás se haya conocido"... Se renovaron todos los libros litúrgicos, los sacramentos y sacramentales." (51) Las otras Constituciones aprobadas fueron: Dei verbum, Lumen Gentium, y Gaudium et Spes.

"A partir de la promulgación de la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) la Iglesia lleva a cabo una nueva organización del año litúrgico, cuenta con unos libros litúrgicos renovados para cada uno de los sacramentos y sacramentales, da impulso a una rica doctrina con orientaciones de pastoral sacramental y litúrgica, y ofrece una mayor comprensión para una participación del misterio celebrado." (52)

Desde los inicios del siglo XX hasta los años sesenta del mismo algunos Papas se interesan especialmente por impulsar una mayor riqueza doctrinal y normativa a la Liturgia católica, entre ellos Pío X (1903-1914),3 Pío XI (1924-1939),4 Pío XII (1939-1958)5 y Juan XXIII (1958-1963) que motivan la participación activa del pueblo en la Celebración. También se toman en cuenta trabajos académicos y pastorales del Movimiento litúrgico, que ofrecen las bases para que en su momento las diversas comisiones, y los Padres del Concilio Vaticano II afronten la liturgia como fuente de la vida y de la misión de la Iglesia.

Otra iniciativa que contribuyó al impulso del la reforma liturgica fue el primer Congreso Internacional de Liturgia Pastoral celebrado en Asís, Italia, en 1956, un acontecimiento preconciliar significativo. Muchas de las preocupaciones expuestas allí se verán reflejadas en la promulgación de la Constitución Litúrgica.

Iniciado el Concilio Vaticano II, el 11 de octubre de 1962, en la cuarta reunión, inicia el debate acerca del borrador propuesto para la Constitución sobre la Liturgia y de la reforma litúrgica en general, discusión que se desarrolla a lo largo de quince reuniones. En la apertura de la segunda sesión conciliar, ya bajo el pontificado del papa Pablo VI, el 8 de octubre de 1963 se empiezan a votar las enmiendas. El voto global de todo el esquema por parte de los Padres del Concilio se realiza el 22 de noviembre; y el 4 de diciembre del mismo año, |962, en la solemne clausura de la segunda sesión, en la Basílica Vaticana de San Pedro, el Sumo Pontífice promulga la Constitución Litúrgica Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II. (53)

ESTRUCTURA DE LA CONSTITUCIÓN LITURGICA

El contenido de esta Constitución considera dos aspectos centrales: los principios que la sustentan y justifican y un marco normativo que en adelante la regulará, dando atención a las necesidades de la Iglesia en ese momento, quedando de esta forma su esquema:

CONSTITUCIÓN SACROSANCTUM CONCILIUM
SOBRE LA SAGRADA LITURGIA

PROEMIO

  • La Liturgia en el misterio de la Iglesia
  • Liturgia y ritos

CAPÍTULO I

PRINCIPIOS GENERALES PARA LA REFORMA
Y FOMENTO DE LA SAGRADA LITURGIA

I. NATURALEZA DE LA SAGRADA LITURGIA
Y SU IMPORTANCIA EN LA VIDA DE LA IGLESIA
La obra de la salvación se realiza en Cristo

  • En la Iglesia se realiza por la Liturgia
  • Presencia de Cristo en la Liturgia
  • Liturgia terrena y Liturgia celeste
  • La Liturgia no es la única actividad de la Iglesia
  • Liturgia, cumbre y fuente de la vida eclesial
  • Necesidad de las disposiciones personales
  • Liturgia y ejercicios piadosos
  • Se recomiendan las prácticas piadosas aprobadas

II. NECESIDAD DE PROMOVER LA EDUCACIÓN
LITÚRGICA Y LA PARTICIPACIÓN ACTIVA

  • Formación de profesores de Liturgia
  • Formación litúrgica del clero
  • Vida litúrgica en los seminarios e institutos religiosos
  • Vida litúrgica de los sacerdotes
  • Formación litúrgica del pueblo fiel
  • Transmisiones de acciones litúrgicas

III. REFORMA DE LA SAGRADA LITURGIA

A) Normas generales

Sólo la Jerarquía puede introducir cambios en la Liturgia

  • Conservar la tradición y apertura al legítimo progreso
  • Biblia y Liturgia
  • Revisión de los libros litúrgicos

B) Normas derivadas de la índole de la liturgia como acción
jerárquica y comunitaria
.

  • Primacía de las celebraciones comunitarias
  • Cada cual desempeñe su oficio
  • Auténtico ministerio litúrgico
  • Participación activa de los fieles
  • Normas para la revisión de las rúbricas
  • No se hará acepción alguna de personas

C) Normas derivadas del carácter didáctico y pastoral de la Liturgia.

  • Biblia, predicación y catequesis litúrgica
  • Lengua litúrgica

D) Normas para adaptar la Liturgia a la mentalidad y tradiciones de los pueblos

IV. FOMENTO DE LA VIDA LITÚRGICA EN LA DIÓCESIS Y EN LA PARROQUIA

  • Vida litúrgica diocesana
  • Vida litúrgica parroquial

V) FOMENTO DE LA ACCIÓN PASTORAL LITÚRGICA

Signo de Dios sobre nuestro tiempo

  • Comisión litúrgica nacional
  • Comisión litúrgica diocesana
  • Comisiones de música sagrada y arte sacro

CAPÍTULO II

EL SACROSANTO MISTERIO DE LA EUCARISTÍA

Misterio pascual

  • Participación activa de los fieles
  • Revisión del Ordinario de la Misa
  • Mayor riqueza bíblica en el misal
  • Se recomienda la homilía
  • «Oración de los fieles»
  • Lengua vernácula y latín
  • Comunión bajo ambas especies
  • Unidad de la Misa
  • Concelebración

CAPÍTULO III

LOS DEMÁS SACRAMENTOS
Y LOS SACRAMENTALES

  • Sacramentos
  • Sacramentales
  • Relación con el misterio pascual
  • Necesidad de una reforma en los ritos
  • Mayor cabida a la lengua vernácula
  • Catecumenado
  • En las misiones
  • Bautismo de adultos
  • Bautismo de niños
  • Rito breve para casos especiales
  • Rito nuevo
  • Bendición del agua bautismal
  • Rito de la Confirmación
  • Rito de la Penitencia
  • Unción de enfermos
  • Reforma del rito
  • Número de unciones y oraciones
  • Revisión del rito de la ordenación
  • Rito del matrimonio
  • Celebración del matrimonio
  • Revisión de los sacramentales
  • La profesión religiosa
  • Rito de las exequias

CAPÍTULO IV

EL OFICIO DIVINO

  • Obra de Cristo y de la Iglesia
  • Obligación y altísimo honor
  • Valor pastoral del Oficio divino
  • Curso tradicional de las Horas
  • Curso tradicional de las Horas
  • Fuente de piedad
  • Distribución de los salmos
  • Revisión de los himnos
  • Tiempo del rezo de las Horas
  • Oración pública de la Iglesia
  • Uso del latín o de la lengua vernácula

CAPÍTULO V

EL AÑO LITÚRGICO

Sentido del año litúrgico

  • Revalorización del domingo
  • Revisión del año litúrgico
  • Orientación de los fieles
  • Cuaresma
  • Penitencia individual y social
  • Fiestas de los santos

CAPÍTULO VI

LA MÚSICA SAGRADA

Dignidad de la música sagrada

  • Primacía de la Liturgia solemne
  • Participación activa de los fieles
  • Formación musical
  • Canto gregoriano y canto polifónico
  • Edición de libros de canto gregoriano
  • Canto religioso popular
  • Estima de la tradición musical propia
  • Órgano de tubos y otros instrumentos
  • Cualidades y misión de los compositores

CAPÍTULO VII

EL ARTE Y LOS OBJETOS SAGRADOS

Dignidad del arte sagrado

  • Libre ejercicio de estilo artístico
  • Arte auténticamente sacro
  • Imágenes sagradas
  • Vigilancia de los Ordinarios
  • Formación integral de los artistas
  • Revisión de la legislación del arte sacro
  • Formación artística del clero
  • Insignias pontificales

A P É N D I C E

Declaración del sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II sobre la revisión del calendario.

Aspecto de los trabajos en el Concilio Vaticano segundo

Para objeto de nuestra pastoral litúrgica, de este documento se pondrá relevancia en los aspectos que permitan la construcción de la misma en las parroquias de nuestra influencia.

1. Principios conceptuales y celebrativos.

- La liturgia cristiana es siempre Misterio Pascual de Cristo (SC, n 5, 6, 47, 61, 104, 106, 107 y 109). 

La liturgia es  teología hecha oración... En ella, los signos sensibles significan y cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y  de este modo el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejercen el culto público íntegro (SC, 7). Un culto mancomunado entre Dios-Cristo y su pueblo en vía de santificación.

"En la liturgia se celebra el Misterio Pascual.

La salvación del hombre se hace realidad en la muerte y resurrección de Jesús y se continúa ahora, se actualiza y se ofrece en la celebración litúrgica de la Iglesia. No se trata de un simple recuerdo de los acontecimientos de la salvación o una mera representación simbólica. En cada celebración litúrgica se actualiza, se hace presente y se manifiesta con toda su eficacia salvadora el Misterio Pascual de Jesucristo y desde él toda la historia de la salvación." (54)

- La liturgia ejerce el poder sacerdotal de Cristo, mediante el cual Dios es glorificado y la santificación de los hombres es llevada a cabo (Cf. SC, 9). Toca al hombre alabar, glorificar a su Señor, bendecirlo, adorarlo. Confesar la grandeza y el amor al Padre por medio de su Cristo que sigue redimiendonos. Salvación que va mucho más alla del ámbito personal  que debe ser generadora de justicia, solidaridad, paz y fraternidad. 

" La dimensión eclesial de la liturgia. El centro de la Constitución es una profunda meditación sobre el misterio de la Iglesia, vista como un torrente de amor que brota del costado abierto de Cristo en la cruz (Cf. SC, 5). La liturgia, como signo, da la imagen más verdadera y plena de la Iglesia, comunidad de culto reunida en torno al mismo altar, bajo la presidencia de sus legítimos pastores." (55) 

 - La dimensión pneumatológica de la liturgia. 

Se refiere a la presencia propulsora del Espíritu Santo en todo acto litúrgico. En este, el Espíritu Santo es el pedagogo de la fe y el artífice de los sacramentos. Toda celebración se vuelve así en una súplica de la Iglesia al Padre para que envíe el Espíritu Santo y haga de la vida de los fieles una ofrenda viva a El.

-La dimensión escatológica de la liturgia. 

Peregrinamos buscando a  Cristo. La SC hace presente que por la participación en la liturgia se crea una contemporaneidad entre lo eterno y lo presente; se crea la comunión entre la Iglesia celeste y la terrena. Al mismo tiempo se renueva nuestra esperanza en lo definitivo que sólo llegará con el Señor, en su momento (Cf. SC, 8).

- Participación activa de los fieles y el celebrante.

 (Esta  participación) es el principio inspirador y activo de toda la Constitución. Las acciones litúrgicas son celebraciones de la Iglesia, «pero cada uno de los miembros de este cuerpo recibe un influjo diverso, según la diversidad de órdenes, funciones y participación actual» (SC, 26). Todo se propone desde el punto de vista de la participación consciente y devota, actitud que debe emanar de una correcta y organizada catequesis de los fieles y, ante todo, de un sólido y pleno sentido litúrgico de los sacerdotes.

"- La celebración litúrgica es acción sagrada por excelencia de la Iglesia (Cf. SC, 7). 

Es un don que viene de lo alto, un don inmodificable que no puede quedar a la arbitraria voluntad del hombre. Se trata del misterio de la salvación en Cristo, confiado a la Iglesia para hacerlo disponible en cada momento y en cada lugar por medio del carácter objetivo del rito litúrgicosacramental. Es una realidad que desborda y debe ser acogida como un don, y a la que se debe dejar que transforme.

Es necesario respetar la liturgia y su inmanipulabilidad. Ella no es propiedad privada, ni del celebrante, ni de la comunidad donde se celebran los misterios, es una convocación por parte de Dios para estar en su presencia; es la venida de Dios en medio de su pueblo; es Dios que sale al encuentro del mundo.

Toda celebración litúrgica debe estar dominada por el primado de Dios. De allí que nadie deba usurpar el papel de la Iglesia para improvisar o para cambiar las cosas a su antojo. Nadie debe omitir ritos, ni componer plegarias litúrgicas, ni introducir elementos extraños para hacerlos más agradables y atractivos. «Nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia» (SC, 22)." (56)


El uso de la lengua latina. 

Un aspecto importante de la reforma conistió en permitir el uso de las lenguas vernáculas en la Liturgia, ya que anteriormente esta se celebraba en latín como idioma oficial. Se pretendió con este cambio que los feligreses de cada país entendieran todo el contenido de la misa en su propia lengua. 

"En un mundo globalizado, en búsqueda permanente de elementos comunes, el latín continúa siendo la lengua oficial de la Iglesia y, por tanto, de su culto. Aunque la Constitución dio lugar a un mayor uso de la lengua vernácula, apela para «que los fieles sean capaces también de recitar o cantar juntos en latín las partes del ordinario de la Misa que les corresponde» (Cf. SC, 54). Hoy, las grandes asambleas litúrgicas internacionales continúan teniendo como lengua común el latín; los textos litúrgicos (oraciones, lecturas, bendiciones) cuentan con una editio typica y, a partir de estos textos latinos, se traduce cuidadosamente a la lengua vernácula. (57)


La Palabra en la celebración litúrgica. 

En esta Constitución también se le dio importancia relevante a la Palabra del Señor en en cada Liturgia. Dándosele lugar a la abundancia, la variedad y la organización pedagógica. 

En este propósito ha de tomarse muy en cuenta el empleo metódico y espiritual de la Sagrada Escritura

En toda celebración litúrgica la importancia de la Sagrada Escritura es sumamente relevante. Pues de ella se toman las lecturas que luego se explicarán en la homilía, y los salmos que se cantan;  las preces, oraciones e himnos litúrgicos están penetrados de su espíritu y de ella reciben su significado las acciones y los signos. Por tanto, para procurar la reforma, el progreso y la adaptación de la sagrada Liturgia, hay que fomentar aquel amor suave y vivo hacia la Sagrada Escritura que atestigua la venerable tradición de los ritos, tanto orientales como occidentales (SC 24).

"Además de la formación bíblica que se puede ofrecer a todos los fieles gracias a su distribución de la Sagrada Escritura a lo largo del tiempo litúrgico, el Leccionario Romano ha tenido incidencia ecuménica, pues gracias a su organización y estructura, ha sido asumido por algunas comunidades de la Reforma que lo han adoptado para sus reuniones." (58)

En este mismo sentido, la homilía a cargo del sacerdote se vuelve parte constitutiva en la Liturgia de la Palabra como catequesis presencial y viva para los fieles. "La homilía, tal como se tiene hoy, es decir, parte constitutiva de la misma celebración sacramental - luego de las lecturas- con la que se han de exponer los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana a partir de los textos sagrados (Cf. SC, 24 y 52), es una recuperación querida por el Concilio; dentro de la historia de la liturgia representa una novedad por los términos en que hablan de ella no solo los demás documentos conciliares sino también cada uno de los libros litúrgicos posconciliares." (59)

 Necesidad de las disposiciones personales.

La Costitución establece que los fieles han de tener una participación más conciente y fervorosa al asistir a la Santa Misa, sea en la lectura de la Palabra, en la alabanza o en la comunión eucarística:

"11. Mas, para asegurar esta plena eficacia es necesario que los fieles se acerquen a la sagrada Liturgia con recta disposición de ánimo, pongan su alma en consonancia con su voz y colaboren con la gracia divina, para no recibirla en vano. Por esta razón, los pastores de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica no sólo se observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino también para que los fieles participen en ella consciente, activa y fructuosamente. (SC 11)" (60)

Vida litúrgica en los seminarios e institutos religiosos. 

Esta dedicación ha de ser mayor y más esmerada entre los pastores de la Iglesia y en aquellos laicos comprometidos en la Obra del Señor. Por ello, han de colaborar asiduamente -junto con el sacerdote -en la promoción de la educación litúrgica de sus hermanos los fieles:

"17. En los seminarios y casas religiosas, los clérigos deben adquirir una formación litúrgica de la vida espiritual, por medio de una adecuada iniciación que les permita comprender los sagrados ritos y participar en ellos con toda el alma, sea celebrando los sagrados misterios, sea con otros ejercicios de piedad penetrados del espíritu de la sagrada Liturgia; aprendan al mismo tiempo a observar las leyes litúrgicas, de modo que en los seminarios e institutos religiosos la vida esté totalmente informada de espíritu litúrgico. SC 17)" (  (61)

Con este mismo propósito ha de cultivarse con esmero la vida litúrgica en las parroquias de cada comunidad tal y como recomienda la misma Constitución, de acuerdo al numeral 42:

Vida litúrgica parroquial

"42. Como no le es posible al Obispo, siempre y en todas partes, presidir personalmente en su Iglesia a toda su grey, debe por necesidad erigir diversas comunidades de fieles. Entre ellas sobresalen las parroquias, distribuidas localmente bajo un pastor que hace las veces del Obispo, ya que de alguna manera representan a la Iglesia visible establecida por todo el orbe.

De aquí la necesidad de fomentar teórica y prácticamente entre los fieles y el clero la vida litúrgica parroquial y su relación con el Obispo. Hay que trabajar para que florezca el sentido comunitario parroquial, sobre todo en la celebración común de la Misa dominical."

 Transmisiones de acciones litúrgicas.

En ese entonces con el advenimiento de las transmisiones electrónicas se recomendó emplear los medios al al alcance para promover y educar en la Liturgia al pueblo de Dios. Actualmente, con el avance de las comunicaciones digitales el margen de difusión se amplia y debe ser aprovechado con responsabilidad.

"20. Las transmisiones radiofónicas y televisivas de acciones sagradas, sobre todo si se trata de la celebración de la Misa, se harán discreta y decorosamente, bajo la dirección y responsabilidad de una persona idónea a quien los Obispos hayan destinado a este menester (SC 20. (62).

La Comunión bajo las dos especies.

El Concilio Vaticano II recomendó la distribución de la Sagrada Comunión en forma integral. con el Cuerpo y la sangre del Señor, una vez transubstanciados, tanto a los consagrados como a los laicos:

 "55. Se recomienda especialmente la participación más perfecta en la misa, la cual consiste en que los fieles, después de la comunión del sacerdote, reciban del mismo sacrificio el Cuerpo del Señor. Manteniendo firmes los principios dogmáticos declarados por el Concilio de Trento, la comunión bajo ambas especies puede concederse en los casos que la Sede Apostólica determine, tanto a los clérigos y religiosos como a los laicos, a juicio de los Obispos, como, por ejemplo, a los ordenados, en la Misa de su sagrada ordenación; a los profesos, en la Misa de su profesión religiosa; a los neófitos, en la Misa que sigue al bautismo (SC 55)." (63)

INSTRUCTIVO GENERAL DEL MISAL ROMANO

"Es el documento detallado que rige la celebración de Misa de El Rito Romano en lo que desde 1969 es su forma normal. Publicado originalmente en 1969 como un documento separado, se imprime al comienzo de las ediciones del Misal romano desde 1970". (64).

En él figura el rito con el que se celebra la Sagrada Liturgia, principalmente en Europa occidental y América. Pero antes de analizarlo conviene considerar brevemente los distintos ritos con los que celebra la Iglesia Católica, donde el Romano sólo es uno de ellos. Igualmente, conviene aclarar qué es el Misal Romano cómo guía imprescindible de los celebrantes.

  • ¿Qué y cuáles son los ritos en la Liturgia de la Iglesia Católica?

"El rito litúrgico católico es el conjunto de prescripciones que reglamentan las ceremonias en la Iglesia católica y están contenidos en los libros litúrgicos sea cual fuere el rito por ella admitido.

En otros contextos, la palabra rito puede designar a las Iglesias particulares, "tanto de Oriente como de Occidente, (que) aunque difieren algo entre sí por sus ritos, como suele decirse, a saber, por su liturgia, disciplina eclesiástica y patrimonio espiritual, sin embargo, están encomendadas por igual al gobierno pastoral del Romano Pontífice, que sucede por institución divina a San Pedro en el primado sobre la Iglesia universal".1​

Ya en el siglo III, existían tres sedes principales del cristianismo: Alejandría, Antioquía y Roma, con liturgias ligeramente distintas. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, aparece Antioquía como la primera ciudad en donde los cristianos recibieron dicho nombre. Esto, unido a la cercanía geográfica entre dicha ciudad y Jerusalén, de donde partió la predicación apostólica, hace muy probable que el rito antioqueno sea el más antiguo.

El rito latino, en sentido de Iglesia particular latina, la Iglesia particular con más fieles y puede ser designado también como Iglesia Católica de Occidente; sin embargo, existen también jurisdicciones de rito latino en Oriente.

En sentido litúrgico, no existe un solo rito latino, sino que el rito originado en Roma y el África latina de los primeros siglos del cristianismo, dio origen a una variedad de ritos litúrgicos latinos. Sin embargo, siendo el rito romano el que practica la mayor cantidad de fieles en Occidente, y en el mundo en general, suelen emplearse ambos términos como sinónimos.

Los ritos latinos medievales que subsisten en la actualidad son: el rito hispánico (conocido como visigótico, mozárabe, etc.), el rito ambrosiano, el rito bracarense o braguense, el rito dominicano, el rito carmelita y el rito cartujo. Otros ritos latinos, relativamente tardíos, desaparecieron después del Concilio de Trento.

· Ritos Latinos

      ·Rito romano

     · Forma ordinaria

     · Forma extraordinaria (o misa tridentina)

· Formas especiales

      · Uso anglicano (1980)

      · Uso congoleño o Rito congoleño o Zairense (65)

Así pues, el rito romano se inscribe en el ámbito de los ritos latinos, que a su vez mantiene tres formas de celebrar la Santa Liturgia, dentro de la misma Iglesia Católica: formas ordinaria (la nuestra), forma extraordinaria y formas especiales.

UNIDAD EN LA DIVERSIDAD

"La Iglesia Católica está compuesta por una Iglesia occidental y veintitrés orientales, todas ellas en comunión, todas ellas con los mismos dogmas y doctrinas, todas ellas con el Papa a la cabeza, pero también con autonomía en algunos asuntos. Esa es parte de la riqueza de nuestra Santa Madre Iglesia, que acoge a sus hijos y, en lugar de sembrar división, abraza las costumbres y formas de vivir la fe de diferentes comunidades bajo sus brazos de amor y los cobija bajo la guía de un solo Pastor, el Papa." (66)

Así, aunque compartimos la universalidad de la Iglesia, obedecemos al Papa y somos apostólicos, tenemos algunas diferencias en la práctica litúrgica:

"Aunque sus ritos y disciplinas son diferentes, los dogmas universales son los mismos y aunque tengan autoridades particulares que velan respecto a asuntos pastorales, legislativos y rituales, todos ellos son liderados por el Papa. Ellos poseen tradiciones culturales, teológicas y litúrgicas diferentes, así como estructura y organización territorial propias, pero profesan la misma y única doctrina y fe católica, manteniéndose, por tanto, en comunión completa entre sí y con la Santa Sede.

Nos diferenciamos en los ritos: Un Rito representa una tradición eclesiástica que indica cómo se deben celebrar los sacramentos. Cada uno de los sacramentos tiene como centro una naturaleza esencial, la cual debe ser cumplida para que éste se realice. La Escritura y la Tradición, según son interpretadas por el Magisterio, nos dicen, lo que es lo esencial en cada sacramento. Cuando los apóstoles emprendieron la Evangelización en los mayores centros culturales y sociales de la época, compartieron los asuntos elementales de la fe, pero estos se vieron también afectados por los símbolos y adornos de cada una de las culturas que los acogían, obviamente sin modificar ni alterar el fondo y significado de estos. Esto ocurrió también con los sacramentos.

De esto se desprenden tres grupos principales de ritos, basados en esta transmisión inicial de la fe: el Romano, el de Antioquia (Sirio) y el Alejandrino (Egipto). Más adelante el Bizantino derivó como un grupo de ritos, provenientes del rito de Antioquia, bajo la influencia de San Basilio y San Juan Crisóstomo. De estos tres derivan los 24 Ritos litúrgicos presentes hoy en día en la Iglesia Católica." (67)


II. ¿Qué es el Misal Romano?

El Misal Romano, también se denomina libro del altar, oracional o libro del celebrante es el libro oficial por el cual la Iglesia celebra la Eucaristía, conteniendo las oraciones de la Misa. Consta de tres partes: una sección introductoria con los documentos de promulgación del libro y las respectivas normas, el cuer­po del misal propiamente dicho donde están los formu­larios litúrgicos y un apéndice, al que siguen los índices. Para las lecturas se usa el Leccionario. El complemento del Calendario Litúrgico-Pastoral de cada año es obligado para conocer sin fallo las distintas Misas y celebraciones del día a día. Es sumamente útil que los laicos que desempeñan funciones de ayuda al altar o a la palabra, tanto acólitos o lectores, instituidos u ocasionales, conozcan el contenido y estructura del Misal, para mejor poder ayudar al celebrante.

SECCIONES DEL MISAL ROMANO

"1. LA SECCIÓN DOCUMENTAL. En este primer apartado figuran varios documentos, siendo tal vez el más importante la OGMR (Ordenación General del Misal Romano), documento en el que se describen todos los elementos de la celebración de la misa y exponen todas las principales normas para su desarrollo ritual. Como complemento a las normas de la misa se publican también el Motu propio Mysterii Paschalis y las Normas Universales sobre el Año Litúrgico y sobre el Calendario, así como el Calendario Romano General...

2. EL CUERPO DEL MISAL. Com­prende ocho grandes bloques: El Propio del Tiempo, el Ordinario de la Misa, el Propio de los Santos, las Misas Comunes, las Misas Rituales, las Misas y oraciones por diversas necesidades, las Misas Votivas y las Misas de Difuntos". (68)

(Nota: misa votiva. La misa votiva (missa votiva) es una Misa ofrecida por un votum, una intención especial. Así que con frecuencia encontramos en oraciones la expresión, votiva dona (por ejemplo, en el Sacramentario Leonino, ed. Feltoe, p. 103) que significa "regalos ofrecidos con deseo [de recibir gracia a cambio]". La Misa no corresponde al oficio divino del día en que se celebra. Cada día del año tiene asignada una serie de horas canónicas y (excepto el Viernes Santo) una Misa correspondiente, que contiene, por ejemplo, la misma colecta y el mismo Evangelio. Así la Misa y el oficio juntos forman un todo. Normalmente la Misa corresponde al Oficio; pero hay ocasiones en que se puede celebrar una Misa que no corresponda. Estas son las Misas votivas. Ver https://ec.aciprensa.com/wiki/Misa_Votiva.)

Analizamos ahora solamente los tres primeros bloques.

a) El Propio del Tiempo es la parte fundamental del misal, el ciclo que desarrolla el misterio salvador en su totalidad en torno al sa­grado recuerdo de la vida y de la obra de Cristo (cf SC 102). Consta de las antífonas y las llamadas oraciones presidenciales (colecta, oración sobre las ofrendas y poscomunión). Se comienza con las oraciones del Adviento, para seguir con los demás tiempos fuertes: Navidad, Cuaresma, Triduo pascual y Pascua. Acaba esta parte con las oraciones del Tiempo Ordinario y las de las solemnidades del Señor que tienen lugar en este tiempo: Santísima Trinidad, Corpus Christi, Corazón de Jesús y Cristo Rey.


b) El Ordinario de la Misa comprende las partes que son comunes a todas las Misas: saludos, acto penitencial, Gloria, Credo, Liturgia eucarística con los prefacios y las cuatro plegarias eucarísticas más empleadas, el rito de comunión y los ritos de conclusión. Esta parte se encuentra situada hacia la mitad del misal, entre el Propio del Tiempo y el Propio de los Santos. El hecho de que esta parte sea común a todas las Misas no quiere decir que el Misal no ofrezca fórmulas variadas, adaptadas a los tiempos litúrgicos, para elegir las que pastoralmente resulten más eficaces (acto penitencial, aclamaciones, la paz, etc.). Las plegarias eucarísticas -las cuatro más usadas- van señaladas con una pestaña verde en su comienzo. El resto de las plegarias eucarísticas, como la V en sus cuatro versiones, las de la reconciliación y las de niños, van al final, en el apéndice señaladas también con pestañas verdes. Termina este aparatado con un formulario para las bendiciones solemnes y oraciones sobre el pueblo.


c) El Propio de los Santos ocupa un bloque compacto, distribuyendo los formularios por meses, a partir de enero hasta diciembre. Consta cada santo como mínimo de la oración colecta, aunque algunos santos cuen­tan con formulario completo (ofrendas, poscomunión y en algunos casos prefacio), y otros con formulario para la vigilia además del propio del día: san Juan Bautista, san Pedro y san Pablo y la Asunción de María. En este apartado están también las fiestas fijas del Señor (dos de febrero la Presentación, veinticinco de marzo la Anunciación, seis de agosto la Transfiguración, 14 de septiembre la Exaltación y nueve de noviembre la Dedicación de la basílica de Letrán) más todas las solemnidades, fiestas y memorias de la Santísima Virgen (excepto el uno de enero). (69)

¿Cómo celebran los Testigos de Jehova?

III. Instrucción General del Misal Romano

"Es el documento detallado que rige la celebración de Misa de El Rito Romano en lo que desde 1969 es su forma normal. Publicado originalmente en 1969 como un documento separado, se imprime al comienzo de las ediciones del Misal romano desde 1970". (70)

Estructura y organización del Instructivo

Proemio
(Texto que se antepone a una obra literaria o a un discurso retórico, prólogo de un libro, introducción de un tratado).

"El jueves por la tarde, Jesús volvió a subir a Jerusalén, pero no públicamente como los días anteriores, sino con precauciones para evitar problemas con los que le buscan para matarle. Quiere calma y las condiciones materiales más adecuadas para un designio que cruzará los siglos. Judas espía dónde van a ir, pero no le es posible enterarse; Jesús da indicaciones muy cuidadosas a Juan y a Pedro. Hasta que llegan a una casa espaciosa y rica, en la zona más acomodada de aquella Jerusalén, en el monte Sión, no lejos de la casa de Caifás. "Llegó el día de los Ázimos, en el cual había que sacrificar la Pascua. Envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: Id y preparadnos la Pascua para comerla. Ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos? Y les respondió: Mirad, cuando entréis en la ciudad, os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre, y decid al dueño de la casa: el Maestro te dice: ¿dónde está la estancia en que he de comer la Pascua con mis discípulos? El os mostrará una habitación superior, grande, aderezada. Preparadla allí. Marcharon y encontraron todo como les había dicho, y prepararon la Pascua"(Lc 22, 12). (71)

Así pues, el Señor quiso que desde ese instante su Liturgia para la eternidad fuera ordenada, en un lugar solemne, pulcro y con los elementos necesarios para celebrarla, y Él presidiéndola como eterno y sumo sacerdote.

"La Iglesia ha considerado siempre que a ella le corresponde el mandato de establecer las normas relativas a la disposición de las personas, de los lugares, de los ritos y de los textos para la celebración de la Eucaristía. Tanto las normas actuales, que han sido promulgadas con base en la autoridad del Concilio Ecuménico Vaticano II, como el nuevo Misal que la Iglesia de rito Romano en adelante empleará para la celebración de la Misa, constituyen un argumento más acerca de la solicitud de la Iglesia, de su fe y de su amor inalterable para con el sublime misterio eucarístico, y testifican su tradición continua e ininterrumpida, aunque se hagan algunas innovaciones." (72)

Testimonio de fe inalterada (2 - 5)

Con cada Celebración la Iglesia, con la presencia viva de Cristo, testifica la aspiración y deseo de Dios de que se dé cumplimiento a su obra de redención.

Hecho que se hace manifiesto desde el Concilio de Trento -Sesión XXII, día 17 de septiembre de 1562- y se confirma en el Concilio Vaticano II:

Se dijo en este Concilio: «Nuestro Salvador, en la Última Cena, instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su retorno, el sacrificio de la cruz y a confiar así a su Esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección».

Conviene pues, escuchar en la anámnesis de la Liturgia el solemne memorial de la Eucaristía instituida por Cristo, el Señor:

"Esto se encuentra acertada y cuidadosamente expresado en las Plegarias Eucarísticas; pues en éstas el sacerdote, al hacer la anámnesis, se dirige a Dios en nombre también de todo el pueblo, le da gracias y le ofrece el sacrificio vivo y santo, es decir, la ofrenda de la Iglesia y la víctima por cuya inmolación el mismo Dios quiso devolvernos su amistad...]; y ora para que el Cuerpo y la Sangre de Cristo sean sacrificio agradable al Padre y salvación para todo el mundo...

"Por ello, la Iglesia retoma e instituye el culto sagrado al cuerpo y la sangre del Señor en momentos específicos:

"Por esta misma razón se exhorta al pueblo cristiano a que el Jueves Santo en la Cena del Señor y en la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y de la Santísima Sangre de Cristo, honre con peculiar culto de adoración este admirable Sacramento."

"El propósito del culto inserta la importancia del sacerdocio de Cristo, delegado a sus ministros ordenados, pero también del pueblo fiel -por el sacramento del bautismo- preparándolo para su santificación:

"Porque este pueblo es el pueblo de Dios, adquirido por la Sangre de Cristo, congregado por el Señor, alimentado con su Palabra; pueblo llamado a elevar a Dios las peticiones de toda la familia humana; pueblo que, en Cristo, da gracias por el misterio de la salvación ofreciendo su sacrificio; pueblo, por último, que por la Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo se consolida en la unidad. Este pueblo, aunque es santo por su origen, sin embargo, crece continuamente en santidad por su participación consciente, activa y fructuosa en el misterio eucarístico.

"Manifestación de una tradición ininterrumpida (6 - 9)

La normatividad de la liturgia romana y sus ritos resulta de un proceso que se fue desarrollando a través de varios momentos en la historia de la Iglesia, instituyéndose como una verdadera tradición:

San Pío V escribió en la Constitución Apostólica "Quo primum", con la cual fue promulgado, en 1570, el Misal Tridentino.

"Al Sacramentario Gregoriano, editado por primera vez en 1571, siguieron los antiguos sacramentarios romanos y ambrosianos, repetidas veces editados con sentido crítico, así como los antiguos libros litúrgicos de España y de las Galias, que han aportado muchísimas oraciones de gran belleza espiritual, ignoradas anteriormente.

"Además, con el progreso de los estudios de los Santos Padres, la teología del misterio eucarístico ha recibido nueva luz por la doctrina de los más eminentes Padres de la antigüedad cristiana como San Ireneo, San Ambrosio, San Cirilo de Jerusalén, San Juan Crisóstomo.

"Acomodación al nuevo estado de cosas (10 - 15)

Desde el Concilio Tridentino ya se veía la necesidad de considerar una mayor participación de los fieles en las Celebraciones, por ejemplo, atendiendo a la lengua propia o vernácula de cada región. Pero se preservó el uso del latín como lengua oficial de la Iglesia, enfatizando la importancia mayor de entender el sacrificio del Señor y su vertimiento en la Sagrada Eucaristía.

"Aunque la Misa contiene gran materia de instrucción para el pueblo fiel, sin embargo, no pareció conveniente a los Padres que, como norma general, se celebrara en lengua vernácula".[12] Y declaró que debía ser condenado quien juzgara que "debe reprobarse el rito de la Iglesia romana por el que se pronuncia en voz baja la parte del Canon y las palabras de la consagración, o que la Misa deba ser celebrada sólo en lengua vulgar" ... Sin embargo, si por una parte prohibió el uso de la lengua vernácula en la Misa, por otra parte, mandaba que los pastores de almas lo suplieran con una conveniente catequesis: "para que las ovejas de Cristo no padezcan hambre... el santo Sínodo manda a los pastores y a cuantos tienen cura de almas que frecuentemente en la celebración de la Misa, por sí mismos, o por medio de otros, expliquen algo de lo que se lee en la Misa, y que, por lo demás, expliquen algún misterio de este santísimo sacrificio, principalmente en los domingos y en los días festivos...

"Por eso, el Concilio Vaticano II, congregado para adaptar la Iglesia a las necesidades de su oficio apostólico en estos tiempos, miró profundamente, como lo hizo el Concilio de Trento, el carácter didascálico y pastoral de la sagrada Liturgia.[15] Y aunque ningún católico niega la legitimidad y eficacia del sagrado rito celebrado en latín, también pudo conceder que: "En no pocas ocasiones el empleo de la lengua y vernácula puede ser de gran utilidad para el pueblo", y autorizó su uso. (73)

"El Concilio de Trento (Italia)

https://www.youtube.com/watch?v=Aimsr1M3FrY

"Capítulo I

Importancia y dignidad de la Celebración Eucarística orientación (16 - 26)

El católico comprometido, consecuente y consciente de su salvación ha de procurar no sólo entender la Liturgia, sino seguirla, promoverla y amarla. Esta es la orientación de la Instrucción General del Misal Romano:

"16. La celebración de la Misa, como acción de Cristo y del pueblo de Dios ordenado jerárquicamente, es el centro de toda la vida cristiana para la Iglesia, tanto universal, como local, y para cada uno de los fieles.. Pues en ella se tiene la cumbre, tanto de la acción por la cual Dios, en Cristo, santifica al mundo, como la del culto que los hombres tributan al Padre, adorándolo por medio de Cristo, Hijo de Dios, en el Espíritu Santo... Además, en ella se renuevan en el transcurso del año los misterios de la redención, para que en cierto modo se nos hagan presentes...Las demás acciones sagradas y todas las obras de la vida cristiana están vinculadas con ella, de ella fluyen y a ella se ordenan...

Capítulo II
Este  apartado trata acerca de la estructura de la Misa, sus elementos y sus partes

I - La estructura general de la Misa (27 - 28)

"27. En la Misa, o Cena del Señor, el pueblo de Dios es convocado y reunido, bajo la presidencia del sacerdote, quien obra en la persona de Cristo (in persona Christi) para celebrar el memorial del Señor o sacrificio eucarístico.37 De manera que para esta reunión local de la santa Iglesia vale eminentemente la promesa de Cristo: "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18, 20). Pues en la celebración de la Misa, en la cual se perpetúa el sacrificio de la cruz,38Cristo está realmente presente en la misma asamblea congregada en su nombre, en la persona del ministro, en su palabra y, más aún, de manera sustancial y permanente en las especies eucarísticas...

"28. La Misa consta, en cierto modo, de dos partes, a saber, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística, las cuales están tan estrechamente unidas entre sí, que constituyen un solo acto de culto...En efecto, en la Misa se prepara la mesa, tanto de la Palabra de Dios, como del Cuerpo de Cristo, de la cual los fieles son instruidos y alimentados... Consta además de algunos ritos que inician y concluyen la celebración. (n)

"Milagro Eucarístico en Chilpancingo" 

(https://www.youtube.com/watch?v=QDdZ4FTZyVQ)

"I. Diversos elementos de la Misa La lectura de la Palabra de Dios y su explicación 

"29. Cuando se leen las sagradas Escrituras en la Iglesia, Dios mismo habla a su pueblo, y Cristo, presente en su palabra, anuncia el Evangelio. Por eso las lecturas de la Palabra de Dios, que proporcionan a la Liturgia un elemento de máxima importancia, deben ser escuchadas por todos con veneración. Aunque la palabra divina en las lecturas de la sagrada Escritura se dirija a todos los hombres de todos los tiempos y sea inteligible para ellos, sin embargo, su más plena inteligencia y eficacia se favorece con una explicación viva, es decir, con la homilía, que viene así a ser parte de la acción litúrgica... Las oraciones y otras partes que corresponden al sacerdote 

"30. Entre las cosas que se asignan al sacerdote, ocupa el primer lugar la Plegaria Eucarística, que es la cumbre de toda la celebración. Vienen en seguida las oraciones, es decir, la colecta, la oración sobre las ofrendas y la oración después de la Comunión. El sacerdote que preside la asamblea en representación de Cristo, dirige estas oraciones a Dios en nombre de todo el pueblo santo y de todos los circunstantes... Con razón, pues, se denominan «oraciones presidenciales» 

Conviene pues, por salud de la Santa Liturgia, que los asistentes y el coro, si lo hay, guarden un  silencio respetuoso mientras el sacerdote realiza las oraciones correspondientes.

"ACERCA DE OTRAS FORMULAS ESTABLECIDAS PARA  LA CELEBRACION

Otras fórmulas que ocurren en la celebración 

"34. Ya que por su naturaleza la celebración de la Misa tiene carácter "comunitario"... los diálogos entre el celebrante y los fieles congregados, así como las aclamaciones, tienen una gran importancia,46 puesto que no son sólo señales exteriores de una celebración común, sino que fomentan y realizan la comunión entre el sacerdote y el pueblo. 

"35. Las aclamaciones y las respuestas de los fieles a los saludos del sacerdote y a las oraciones constituyen el grado de participación activa que deben observar los fieles congregados en cualquier forma de Misa, para que se exprese claramente y se promueva como acción de toda la comunidad... 

"36. Otras partes muy útiles para manifestar y favorecer la participación activa de los fieles, y que se encomiendan a toda la asamblea convocada, son principalmente el acto penitencial, la profesión de fe, la oración universal y la Oración del Señor. 

Importancia del canto 

"39. Amonesta el Apóstol a los fieles que se reúnen esperando unidos la venida de su Señor, que canten todos juntos salmos, himnos y cánticos inspirados (cfr. Col 3,16). Pues el canto es signo de la exultación del corazón (cfr. Hch 2, 46). De ahí que San Agustín dice con razón: "Cantar es propio del que ama",48 mientras que ya de tiempos muy antiguos viene el proverbio: "Quien canta bien, ora dos veces". 

"40. Téngase, por consiguiente, en gran estima el uso del canto en la celebración de la Misa, atendiendo a la índole de cada pueblo y a las posibilidades de cada asamblea litúrgica. Aunque no sea siempre necesario, como por ejemplo en las Misas feriales, cantar todos los textos que de por sí se destinan a ser cantados, hay que cuidar absolutamente que no falte el canto de los ministros y del pueblo en las celebraciones que se llevan a cabo los domingos y fiestas de precepto. Sin embargo, al determinar las partes que en efecto se van a cantar, prefiéranse aquellas que son más importantes, y en especial, aquellas en las cuales el pueblo responde al canto del sacerdote, del diácono o del lector, y aquellas en las que el sacerdote y el pueblo cantan al unísono... 

"41. En igualdad de circunstancias, dese el primer lugar al canto gregoriano, ya que es propio de la Liturgia romana. De ninguna manera se excluyan otros géneros de música sacra, especialmente la polifonía, con tal que sean conformes con el espíritu de la acción litúrgica y favorezcan la participación de todos los fieles. (74)

Salmo 91

(https://www.youtube.com/watch?v=Ge8-CvF6J6k)

"Gestos y posturas corporales 

El Instructivo establece la postura y gestos del cuerpo en forma  respetuosa y solemne de todos los asistentes a la Santísima Liturgia, manifestando con ello la perfecta adoración a Dios y a su enviado y excelso sacerdote, nuestro Señor Jesucristo. al respecto señala el Instructivo:

"42. Los gestos y posturas corporales, tanto del sacerdote, del diácono y de los ministros, como del pueblo, deben tender a que toda la celebración resplandezca por el noble decoro y por la sencillez, a que se comprenda el significado verdadero y pleno de cada una se sus diversas partes y a que se favorezca la participación de todos... Así, pues, se tendrá que prestar atención a aquellas cosas que se establecen por esta Instrucción general y por la praxis tradicional del Rito romano, y a aquellas que contribuyan al bien común espiritual del pueblo de Dios, más que al deseo o a las inclinaciones privadas. La uniformidad de las posturas, que debe ser observada por todos participantes, es signo de la unidad de los miembros de la comunidad cristiana congregados para la sagrada Liturgia: expresa y promueve, en efecto, la intención y los sentimientos de los participantes. 

"43. Los fieles están de pie desde el principio del canto de entrada, o bien, desde cuando el sacerdote se dirige al altar, hasta la colecta inclusive; al canto del Aleluya antes del Evangelio; durante la proclamación del Evangelio; mientras se  hacen la profesión de fe y la oración universal; además desde la invitación Oren, hermanos, antes de la oración sobre las ofrendas, hasta el final de la Misa, excepto lo que se dice más abajo. En cambio, estarán sentados mientras se proclaman las lecturas antes del Evangelio y el salmo responsorial; durante la homilía y mientras se hace la preparación de los dones para el ofertorio; también, según las circunstancias, mientras se guarda el sagrado silencio después de la Comunión. Por otra parte, estarán de rodillas, a no ser por causa de salud, por la estrechez del lugar, por el gran número de asistentes o que otras causas razonables lo impidan, durante la consagración. Pero los que no se arrodillen para la consagración, que hagan inclinación profunda mientras el sacerdote hace la genuflexión después de la consagración...

"44. Entre los gestos se cuentan también las acciones y las procesiones, con las que el sacerdote con el diácono y los ministros se acercan al altar; cuando el diácono, antes de la proclamación del Evangelio, lleva al ambón el Evangeliario o libro de los Evangelios; cuando los fieles llevan los dones y cuando se acercan a la Comunión. Conviene que tales acciones y procesiones se cumplan decorosamente, mientras se cantan los correspondientes cantos, según las normas establecidas para cada caso. 

El silencio 

Mas tú, cuando ores, -dice el Señor- entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. San Mateo 6,6

El  recogimiento personal a través del silencio permite, a quien lo ejercita, la necesaria experiencia mística con Dios. De ahí que el celebrante y los asistentes a la Santa Asamblea hagan este gesto cuando les sea indicado.

"45. Debe guardarse también, en el momento en que corresponde, como parte de la celebración, un sagrado silencio.54 Sin embargo, su naturaleza depende del momento en que se observa en cada celebración. Pues en el acto penitencial y después de la invitación a orar, cada uno se recoge en sí mismo; pero terminada la lectura o la homilía, todos meditan brevemente lo que escucharon; y después de la Comunión, alaban a Dios en su corazón y oran. Ya desde antes de la celebración misma, es laudable que se guarde silencio en la iglesia, en la sacristía, en el "secretarium" y en los lugares más cercanos para que todos se dispongan devota y debidamente para la acción sagrada.

A) Ritos iniciales (46 - 54)
- Entrada
- Saludo al altar y al pueblo congregado
- Acto penitencial
- Señor, ten piedad
- Gloria a Dios en el cielo
- Colecta

B) Liturgia de la Palabra (55 - 71)
- Silencio
- Lecturas bíblicas
- Salmo responsorial
- Aclamación antes de la lectura del Evangelio
- Homilía
- Profesión de fe
- Oración universal

C) Liturgia eucarística (72 - 89)
- Preparación de los dones
- Oración sobre las ofrendas
- Plegaria Eucarística
- Rito de la comunión
- Oración del Señor
- Rito de la paz
- Fracción del Pan
- Comunión

D) Rito de conclusión (n. 90) (75)

EXPLICACIÓN

P. Martín Javier

(https://www.youtube.com/watch?v=aE0BoxSxndk)

1. RITOS INICIALES

La Misa, partes en que se divide

Explicación de cada parte de la Misa, señalando las posturas que deben de tomarse.

Entrada (P)

Mientras entra el sacerdote comienza el canto de entrada. El fin de este canto es abrir la celebración, fomentar la unión de quienes se han reunido y elevar sus pensamientos a la contemplación del misterio litúrgico o de la fiesta.Saludo al altar y pueblo congregado(P)
Cuando llega, el sacerdote besa el altar. Terminando el canto de entrada, el sacerdote y la asamblea hacen la señal de la cruz. A continuación el sacerdote, por medio del saludo, manifiesta a la asamblea reunida la presencia del Señor.
Terminado el saludo, el sacerdote o el monitor puede hacer a los fieles una brevísima introducción sobre la misa del día.
Después el sacerdote invita al Acto penitencial, que se realiza cuando toda la comunidad hace su confesión general termina con la conclusión del sacerdote.Señor, ten piedad(P)
Después del acto penitencial, se empieza el "Señor, ten piedad", a no ser que éste haya formado ya parte del mismo acto penitencial. Si no se canta el "Señor, ten piedad", al menos se recita.Gloria (P)
Este es un antiquísimo y venerable himno con que la iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y al Cordero, y le presenta sus súplicas. Si no se canta, al menos lo han de recitar todos, o juntos o alternadamente.Oración colecta (P)
El sacerdote invita al pueblo a orar; y todos, a una con el sacerdote, permanecen un rato en silencio. Luego, el sacerdote lee la oración que expresa la índole de la celebración; el pueblo la hace suya diciendo amen.

2. LITURGIA DE LA PALABRA
La Eucaristía es sacramento de toda la vida de Jesús. Mediante las Lecturas bíblicas nos acercamos a ella:

  • La primera lectura. (S) Se toma del Antiguo Testamento y nos sirve para entender muchas de las cosas que hizo Jesús.
  • Salmo Responsorial. (S) Formando parte de la misma Liturgia de la Palabra tenemos los Cantos interleccionales

Después de la 1º Lectura, sigue un Salmo Responsorial, que se toma del Leccionario. El salmista o cantor del salmo, desde el ambón o desde otro sitio oportuno, proclama las estrofas del salmo, mientras toda asamblea escucha y además participa con su respuesta.

  • La segunda lectura. (S) Se toma del Nuevo Testamento, ya sea de los Hechos de los Apóstoles o de las cartas que escribieron los primeros apóstoles. Esta segunda lectura nos sirve para conocer cómo vivían los primeros cristianos y cómo explicaban a los demás las enseñanzas de Jesús. Esto nos ayuda a conocer y entender mejor lo que Jesús nos enseñó. También nos ayuda a entender muchas tradiciones de la Iglesia. Después de la segunda lectura se canta el Aleluya, que es un canto alegre que recuerda la Resurrección u otro canto según las exigencias del tiempo litúrgico.
  • El Evangelio. (P) Se toma de alguno de los cuatro Evangelios de acuerdo al ciclo litúrgico y narra una pequeña parte de la vida o las enseñanzas de Jesús. Es aquí donde podemos conocer cómo era Jesús, qué sentía, qué hacía, cómo enseñaba, qué nos quiere transmitir. Esta lectura la hace el sacerdote o el diácono.


Homilía (S)

Conviene que sea una explicación de las Lecturas, o de otro texto del Ordinario, o del Propio de la Misa del día, teniendo siempre el misterio que se celebra y las particulares necesidades de los oyentes.Profesión de fe (P)

Con el Símbolo o Credo el Pueblo da su asentamiento y respuesta a la Palabra de Dios proclamada en las Lecturas y en Homilía, y trae su memoria, antes de empezar la celebración eucarística, la norma de su fe.Oración universal (P)

En la oración universal u oración de los fieles, el Pueblo, ejercitando su oficio sacerdotal, ruega por todos los hombres (Papa, Iglesia, Estado, necesidades).La asamblea expresa su súplica o con una invocación común, que se pronuncia después de cada intención, o con una oración en silencio.

3. LITURGIA EUCARÍSTICA

Preparación de los dones (S)

Al comienzo de la Liturgia eucarística se llevan al altar los dones que se convertirán en el cuerpo y en la Sangre de Cristo: es de alabar que el pan y el vino lo presenten los mismos fieles. Acompaña a esta procesión el canto del ofertorio, que se alarga por los menos hasta que los dones han sido colocados sobre el altar.Plegaria eucarística (P)

Este el centro y el culmen de toda la celebración. Es una plegaria de acción de gracias y de consagración. El sentido de esta oración es que toda la congregación de fieles se una con Cristo en el reconocimiento de las grandezas de Dios y en la ofrenda del sacrificio.
Los principales elementos de que consta la Plegaría eucarística pueden distinguirse de esta manera:a) Acción de gracias(P)(que se expresa sobre todo en el Prefacio.


b) Santo:(P) con esta aclamación toda la asamblea, uniéndose a las jerarquías celestiales, canta o recita las alabanzas a Dios.

c) Epíclesis (R): con ella la Iglesia, por medio de determinadas invocaciones, implora el poder divino para que los dones que han presentado los hombres queden consagradas, es decir, se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y para que la víctima inmaculada que se va a recibir en la comunión sea para salvación de quienes la reciban.

d) Narración de la institución y consagración (R): en ella, con las palabras y gestos de Cristo, se realiza el sacrificio que él mismo instituyó en la última cena. Es el momento más solemne de la Misa; en él ocurre el misterio de la transformación real del pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo. Dios se hace presente ante nosotros para que podamos estar muy cerca de Él. Es un misterio de amor maravilloso que debemos contemplar con el mayor respeto y devoción. Debemos aprovechar ese momento para adorar a Dios en la Eucaristía.

e) Anámnesis (R): con ella la Iglesia, al cumplir este encargo que, a través de los Apóstoles, recibió de Cristo Señor, realiza el memorial del mismo Cristo, recordando principalmente su bienaventurada pasión, su gloriosa resurrección y la ascensión al cielo.

f) Oblación(P): la asamblea ofrece al Padre la víctima inmaculada, y con ella se ofrece cada uno de los participantes.

g) Intercesiones (P): con ellas se da a entender que la Eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia, celeste y terrena, y que la oblación se hace por ella y por todos sus miembros, vivos y difuntos.

h) Doxología final (P): en ella se expresa la glorificación de Dios y se concluye y confirma con el amen del pueblo.

Rito de la comunión

Ya que la celebración eucarística es un convite pascual, conviene que, según el encargo del Señor, su Cuerpo y su Sangre sean recibidos por los fieles, debidamente dispuestos, como alimento espiritual. Significa "común unión". Al acercarnos a comulgar, además de recibir a Jesús dentro de nosotros y de abrazarlo con tanto amor y alegría, nos unimos a toda la Iglesia en esa misma alegría y amora) La oración dominical (P): se pide el pan de cada día, con lo que también se alude, para los cristianos, el pan eucarístico, y se implora el perdón de los pecados. El embolismo, que desarrolla la última petición, pide para todos los fieles la liberación del poder del mal.

b) El rito de la paz (P): con que los fieles imploran la paz y la unidad para la iglesia y para toda la familia humana y se expresan mutuamente la caridad antes de participar de un mismo pan.

c) El gesto de la fracción del pan:(P) realizado por Cristo en la última Cena, en los tiempos apostólicos fue el sirvió para denominar la integra acción eucarística. Significa que nosotros, que somos muchos, en la comunión de un solo pan de vida, que es Cristo, nos hacemos un solo cuerpo (1 Co 10,17)

d) Inmixión o mezcla (P): el celebrante deja caer una parte del pan consagrado en le cáliz [originariamente era un trozo del pan consagrado en otra comunidad el domingo anterior: signo de comunión entre las diversas comunidades cristianas]

e) Mientras se hace la fracción del pan y la Inmixión, los cantores o un cantor cantan el Cordero de Dios: Esta invocación puede repetirse cuantas veces sea necesario para acompañar la fracción del pan. La última vez se acompañará con las palabras danos la paz.

f) Preparación privada del sacerdote.

g) Luego, el Sacerdote muestra a los fieles el pan eucarístico.

h) Es muy de desear que los fieles participen del Cuerpo del Señor con pan consagrado en esa misma Misa. Comulgar es la mejor forma de participar del sacrificio que se celebra.

i) Mientras el sacerdote y los fieles reciben el Sacramento tiene lugar el canto de comunión, canto que debe expresar, por la unión de voces, la unión espiritual de quienes comulgan, demostrar, al mismo tiempo, la alegría del corazón y hacer más fraternal la procesión de los que van avanzando para recibir el Cuerpo de Cristo. Si no hay canto, se reza la antífona propuesta por la Misal.

j) Terminada la distribución de la comunión, el sacerdote y los fieles, si juzgan oportuno, pueden orar un rato recogidos. Si se prefiere, puede también cantar toda la asamblea un himno, un salmo o algún otro canto de alabanza.

k) En la oración después de la comunión, el sacerdote ruega para que se obtengan los frutos del misterio celebrado. El pueblo hace suya esta oración con la aclamación "Amén."

4. RITO DE CONCLUSIÓN (P)

El rito final consta de saludo y bendición sacerdotal, y de la despedida, con la que se disuelve la asamblea, para que cada uno vuelva a sus honestos quehaceres alabando y bendiciendo al Señor.

Capítulo III
Oficios y ministerios en la Celebración de la Misa

Nuestra Iglesia ha de congratularse porque la celebración litúrgica se realiza de forma ordenada, en forma ministerial y jerarquizada, evitando la improvisación o hasta los excesos, pues así lo dispuso el Señor, especialmente en lo que respecta los sacerdotes celebrantes:

"Sacerdote significa decir mediador. En el Antiguo Testamento era quien expiaba el pecado, los sacerdotes servían como mediadores entre el pueblo y Dios, ellos eran quienes ministraban las cosas sagradas. Era el título que se le daba al que oficiaba en el culto público, antes de Aarón cualquier jefe de familia ejercía las funciones de sacerdotes. 

EL SACERDOCIO ARONICO EXODO 28:1, NUMEROS 18:7 

a. Aarón de la tribu de Leví, hermano Moisés y su ayudante fue ordenado bajo instrucciones de Dios (Éxodo 28:1). Antes de eso fue Moisés quien desempeñó el cargo de mediador (Éxodo 24:5). b. Moisés debía consagrarlos en solemne ceremonia (Éxodo 29:1-8). c. Una vez consagrados debían sacrificar un becerro y un carnero de consagración. d. La ceremonia de consagración debía ser por siete días (V:35). 

"1. Sus vestiduras a. Sus hijos serían sus ayudantes pero él sería el sumo sacerdote, debían llevar vestiduras sagradas (28:2-4). Sería él quien debía entrar en el santuario llevando una campanilla (V: 34-36). b. En sus vestiduras llevaría el pectoral, cuadro sagrado sobre el cual se colocaban doce piedras preciosas en cuatro filas horizontales y en cada una estaba grabado el nombre de los doce hijos de Israel, representando al pueblo (V: 29,30). c. El éfod, vestidura olgada, sin mangas que se extendía hasta la rodillas y que se usaba como un delantal hasta la túnica del sacerdote (V:6-20) y era donde se colocaba el pectoral, una bolsa cuadrada de aproximadamente veinte centímetros, esta era la parte más mística de las vestiduras sacerdotales, llevaba doce piedras de distintas clases y colores conteniendo el nombre de cada una de las doce tribus de Israel. d. Sobre el pectoral sería puesto el Urim y Tumin que su significado literal podría ser luces y perfecciones o bien maldiciones o perfecciones, que se empleaban para recibir una respuesta positiva o negativa, para comunicar la voluntad de Dios en determinados casos (V:30). Dichas vestiduras eran símbolos de justicia (Salmo 132:9). Su blancura simbolizaba pureza de la que debían estar revestidos interiormente. e. En la mitra o turbante del sumo sacerdote estaba colocada una lámina de oro puro con las palabras `` Santidad a (Yahvé)`` 

2. Sus requisitos a. Debía ser compasivo y paciente por quienes se desviaban por pecado de ignorancia, involuntario o debilidad (Hebreos 5:1,2). b. Debía ser de la familia de Levi, la tribu apartada por Dios para su servicio pues era hermano de Moisés (Éxodo 2:1). c. Debían casarse sólo con una virgen, ni siquiera con la viuda de otro sacerdote. d. Debía ser por descendencia. e. Debía ser hombre y sin defecto físico (Levítico 21:16-21; Hebreos 5:1). f. Debían tener reverencia y respeto al momento de celebrar los sacrificios, pues por medio de estos se confesaban los pecados y se trasladaban a la víctima. g. Debían hacer expiación primero por sus pecados antes de asumir sus labores sacerdotales (Hebreos 7:26-28). 3. 

Su consagración a. Eran consagrados en presencia de todo el pueblo, ellos y todo lo que tenían debía ser consagrado al servicio divino, moisés fue el primer oficiante (Éxodo 29:1,2). b. Por medio del lavamiento Aarón y sus hijos fueron sometidos a un baño completo simbolizando purificación (V:4). c. Fue derramado aceite sobre la cabeza de Aarón, esto simbolizaba la unción del Espíritu Santo (V:7). 

4. Sus funciones a. Debía estar cerca del pueblo y también necesitaba de subalternos . b. Debían quemar incienso, ofrecer sacrificios sobre el altar y bendecir al pueblo. c. Debían interceder por los pecados del pueblo y de sí mismos (29:33; Hebreos 9:7,8). d. Debía dar testimonio en cuanto a la santidad de Dios (V:38; Num 18;1). e. Debían actuar con la debida reverencia, Nadab y Abiú, hijos de Aarón usaron fuego no del altar de (Yahvé) y murieron (Levítico 10:1)

Actualmente la vigilancia del protocolo del ejercicio  sacerdotal corresponde en primer lugar al mismo Obispo. Él es el primer celebrante y a quien delega debe responder por la adecuada realización del oficio. (76)

"92. Toda celebración legítima de la Eucaristía es dirigida por el Obispo, ya sea por su propio ministerio, ya por ministerio de los presbíteros, sus colaboradores....

Cuando el Obispo está presente en una Misa para la que se ha congregado el pueblo, conviene sobremanera que sea él quien celebre la Eucaristía y que los presbíteros, como concelebrantes, se le asocien en la acción sagrada. Y esto se hace, no para aumentar la solemnidad exterior del rito, sino para significar con más vivo resplandor el misterio de la Iglesia, que es "sacramento de unidad"...

Pero si el Obispo no celebra la Eucaristía, sino que encomienda a otro para que lo haga, entonces es conveniente que sea él mismo quien, revestido de estola y capa pluvial (casulla) sobre el alba, con la cruz pectoral, presida la Liturgia de la Palabra y al final de la Misa imparta la bendición..." (77)

Por disposición del Obispo entonces, corresponde al Presbítero "in persona Christi", presidir al pueblo fiel  congregado, dirigir su oración, proclamar el mensaje de la salvación, asociar al pueblo en la ofrenda del sacrificio a Dios Padre por Cristo en el Espíritu Santo, dar a sus hermanos el Pan de la vida eterna y participar del mismo con ellos.

I - Oficios del orden sagrado (92 - 94)

Toda celebración litúrgica, y en especial la correspondiente a la eucaristía, es obra de todos, desde el Obispo y los presbíteros hasta los laicos consagrados y el pueblo fiel que asiste y participa. Todo de acuerdo a su función y lo que le corresponda, según lo dispuesto en la normativa.

"Cuando el Obispo está presente en una Misa para la que se ha congregado el pueblo, conviene sobremanera que sea él quien celebre la Eucaristía y que los presbíteros, como concelebrantes, se le asocien en la acción sagrada. Y esto se hace, no para aumentar la solemnidad exterior del rito, sino para significar con más vivo resplandor el misterio de la Iglesia, que es "sacramento de unidad". (77)

En ausencia o por mandato, el Obispo puede facultar a los presbíteros las siguientes atribuciones: presidir al pueblo fiel congregado, dirigir su oración,  proclamar el mensaje de la salvación, asociar al pueblo en la ofrenda del sacrificio a Dios Padre por Cristo en el Espíritu Santo, dar a sus hermanos el Pan de la vida eterna y participa del mismo con ellos. Por consiguiente, al celebrar la Eucaristía, debe servir a Dios y al pueblo con dignidad y humildad, y en el modo de comportarse y de proclamar las divinas palabras, dar a conocer a los fieles la presencia viva de Cristo. 

Después del Presbítero sigue en orden a la celebración litúrgica el Diacono, quien realiza funciones sacerdotales, excepto la consagración de las especies eucarísticas y el Sacramento de la Reconciliación. Sus funciones son entonces proclamar el Evangelio y, a veces, predicar la Palabra de Dios; proponer las intenciones en la oración universal; ayudar al sacerdote, preparar el altar y prestar su servicio en la celebración del sacrificio;  y distribuir la Eucaristía entre  los fieles..." (78)


En cuanto a estos últimos -los fieles el siguiente apartado precisa los modos de su participación en la Santa Asamblea

II - Ministerios del pueblo de Dios (95 - 97)

"95. En la celebración de la Misa, los fieles hacen presente la nación santa, el pueblo adquirido y el sacerdocio real, para dar gracias a Dios y para ofrecer la víctima inmaculada, no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, y para aprender a ofrecerse a sí mismos.[83] Procuren, pues, manifestar esto por medio de un profundo sentido religioso y por la caridad hacia los hermanos que participan en la misma celebración.

Por lo cual, eviten toda apariencia de singularidad o de división, teniendo presente que tienen en el cielo un único Padre, y por esto, todos son hermanos entre sí.

96. Formen, pues, un solo cuerpo, al escuchar la Palabra de Dios, al participar en las oraciones y en el canto, y principalmente en la común oblación del sacrificio y en la común participación de la mesa del Señor. Esta unidad se hace hermosamente visible cuando los fieles observan comunitariamente los mismos gestos y posturas corporales.

97. No rehúsen los fieles servir con gozo al pueblo de Dios cuantas veces se les pida que desempeñen algún determinado ministerio u oficio en la celebración." (79)

III - Ministerios peculiares (98 - 107)
- Ministerio del acólito y del lector instituidos

De acuerdo a esta Instrucción General ellos tienen las siguientes funciones:

el acólito:

Es instituido para el servicio del altar y para ayudar al sacerdote y al diácono.;  le compete principalmente preparar el altar y los vasos sagrados y, si fuere necesario, distribuir a los fieles la Eucaristía; funge también como ministro extraordinario.

El lector está instituido para proclamar las lecturas de la Sagrada Escritura, excepto el Evangelio. Puede también proponer las intenciones de la oración universal, y, en ausencia del salmista, proclamar el salmo responsorial.

IV - Distribución de los ministerios y preparación de la celebración (108-111)

La Iglesia Católica dispone las adecuadas formas en que los ministros ordenados, y a quienes se deleguen responsabilidades, en el atar o en su entorno,  cumplan con las atribuciones conferidas, con el principal propósito de celebrar y hacer manifiestos los misterios divinos.

"111. La efectiva preparación de cada celebración litúrgica hágase con ánimo concorde y diligente, según el Misal y los otros libros litúrgicos, entre todos aquellos a quienes les atañe, sea en lo relativo al rito, sea en lo relativo a la pastoral y a la música, bajo la dirección del rector de la iglesia, y oídos también los fieles en lo que a ellos directamente se refiere. De todas maneras, el sacerdote que preside la celebración siempre tiene el derecho de disponer aquellas cosas que a él mismo le incumben..." (80)

"Capítulo IV

DIVERSAS FORMAS DE CELEBRAR LA MISA

112. En la Iglesia Local atribúyase ciertamente el primer lugar, por su significado, a la Misa que preside el Obispo, rodeado por su presbiterio, sus diáconos y sus ministros laicos, y en la que el pueblo santo de Dios participa plena y activamente, pues allí se tiene la principal manifestación de la Iglesia.

En la Misa que celebra el Obispo, o en la que está presente sin que celebre la Eucaristía, obsérvense las normas que se encuentran en el Ceremonial de los Obispos.

113. Dese también mucha importancia la Misa que se celebra con una determinada comunidad, sobre todo con la parroquial, ya que representa a la Iglesia universal en un tiempo y en un lugar determinados, y en especial a la celebración comunitaria del domingo.

114. Pero entre las Misas celebradas por algunas comunidades, ocupa un lugar especial la Misa conventual, que es parte del Oficio cotidiano, o la Misa que se llama "de comunidad". Y aunque estas Misas no conlleven ninguna forma peculiar de celebración, sin embargo, es muy conveniente que se hagan con canto, y sobre todo con la plena participación de todos los miembros de la comunidad, sean religiosos o sean canónigos. Por lo cual, en ellas ejerza cada uno su ministerio, según el Orden o el ministerio recibido. Conviene, pues, que todos los sacerdotes que no están obligados a celebrar en forma individual por utilidad pastoral de los fieles, a ser posible, concelebren en ellas. Además, todos los sacerdotes pertenecientes a una comunidad, que tengan el deber de celebrar en forma individual para el bien pastoral de los fieles, pueden también concelebrar el mismo día en la Misa conventual o "de comunidad".[94] Es preferible, pues, que los presbíterosque están presentes en la celebración eucarística, a no ser que estén excusados por una justa causa, ejerzan como de costumbre el ministerio propio de su Orden y, por esto, participen como concelebrantes, revestidos con las vestiduras sagradas. De lo contrario llevan el hábito coral propio o la sobrepelliz sobre la sotana.

I. MISA CON EL PUEBLO

115. Se entiende por "Misa con el pueblo" aquella que se celebra con participación de los fieles. Conviene, pues, en cuanto sea posible, que la celebración se realice con canto y con el número adecuado de ministros, especialmente los domingos y las fiestas de precepto;[95] no obstante, también puede celebrarse sin canto y con un solo ministro.

116. En cualquier celebración de la Misa, si está presente un diácono, éste debe ejercer su ministerio. Es conveniente, de todas formas, que al sacerdote celebrante ordinariamente lo asistan un acólito, un lector y un cantor. Pero, el rito que se describirá más abajo prevé también la posibilidad de un mayor número de ministros.

Lo que debe prepararse

117. Cúbrase el altar al menos con un mantel de color blanco. Sobre el altar, o cerca de él, colóquese en todas las celebraciones por lo menos dos candeleros, o también cuatro o seis, especialmente si se trata de una Misa dominical o festiva de precepto y, si celebra el Obispo diocesano, siete, con sus velas encendidas. Igualmente sobre el altar, o cerca del mismo, debe haber una cruz adornada con la efigie de Cristo crucificado. Los candeleros y la cruz adornada con la efigie de Cristo crucificado pueden llevarse en la procesión de entrada. Sobre el mismo altar puede ponerse el Evangeliario, libro diverso al de las otras lecturas, a no ser se lleve en la procesión de entrada.

118. Prepárense también:

a) Junto a la sede del sacerdote: el misal y, según las circunstancias, el folleto de cantos.
b) En el ambón: el leccionario.

c) En la credencia: el cáliz, el corporal, el purificador, y según las circunstancias, la palia; la patena y los copones, si son necesarios; a no ser que sean presentados por los fieles en la procesión del ofertorio: el pan para la Comunión del sacerdote que preside, del diácono, de los ministros y del pueblo y las vinajeras con el vino y el agua; una caldereta con agua para ser bendecida, si se hace aspersión; la patena para la Comunión de los fieles; y todo lo necesario para la ablución de las manos.

Es loable que se cubra el cáliz con un velo, que puede ser del color del día o de color blanco.

119. En la sacristía, para las diversas formas de celebración, prepárense las vestiduras sagradas (cfr. núms. 337 - 341) del sacerdote, del diácono y de los otros ministros:

a) Para el sacerdote: el alba, la estola y la casulla o planeta.
b) Para el diácono: el alba, la estola y la dalmática, la cual, sin embargo, puede omitirse por necesidad o por menor grado de solemnidad.

c) Para los otros ministros: albas u otras vestiduras legítimamente aprobadas.

Todos los que se revisten con alba, usarán cíngulo y amito, a no ser que por la forma del alba no se requieran.

Cuando se tiene procesión de entrada prepárese también el Evangeliario; los domingos y festivos, si se emplea incienso, el incensario y la naveta con el incienso; la cruz que se llevará en la procesión y los candeleros con cirios encendidos.

A) Misa sin diácono

Ritos iniciales

120. Reunido el pueblo, el sacerdote y los ministros, revestidos con sus vestiduras sagradas, proceden hacia el altar en este orden:

a) El turiferario con el incensario humeante, cuando se emplea incienso.
b) Los ministros que llevan los cirios encendidos y, en medio de ellos, el acólito u otro ministro con la cruz.
c) Los acólitos y los demás ministros.
d) El lector, que puede llevar el Evangeliario, mas no el leccionario, un poco elevado.

e) El sacerdote que va a celebrar la Misa.

Si se emplea incienso, el sacerdote antes de iniciar la procesión, pone incienso en el incensario y lo bendice con el signo de la cruz, sin decir nada.

121. Mientras se hace la procesión hacia el altar se ejecuta el canto de entrada (cfr. núms. 47-48).

122. Al llegar al altar, el sacerdote y los ministros hacen inclinación profunda.

La cruz adornada con la imagen de Cristo crucificado y tal vez llevada en la procesión, puede erigirse cerca del altar para que se convierta en cruz del altar, la cual debe ser una sola; de lo contrario, déjese en un lugar digno. Los candeleros se colocan sobre el altar o cerca de él; es laudable poner el Evangeliario sobre el altar.

123. El sacerdote se acerca al altar y lo venera con un beso. En seguida, según corresponda, inciensa la cruz y el altar rodeándolo.

124. Terminado esto, el sacerdote se dirige a la sede. Terminado el canto de entrada, estando todos de pie, el sacerdote y los fieles se signan con la señal de la cruz. El sacerdote dice: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. El pueblo responde: Amén.

En seguida, vuelto hacia el pueblo y extendiendo las manos, el sacerdote lo saluda usando una de las fórmulas propuestas. El mismo sacerdote, u otro ministro, puede también, con brevísimas palabras, introducir a los fieles en el sentido de la Misa del día.

125. Sigue el acto penitencial. Después se canta ose dice el Señor, ten piedad, según lo establecido por las rúbricas (cfr. n. 52).

126. En las celebraciones que lo requieren, se canta o se dice el Gloria (cfr. n. 53).

127. En seguida el sacerdote, con las manos juntas, invita al pueblo a orar, diciendo: Oremos. Y todos, juntamente con el sacerdote, oran en silencio durante un tiempo breve. Luego el sacerdote, con las manos extendidas, dice la colecta. Concluida ésta, el pueblo aclama: Amén.

Liturgia de la palabra

128. Concluida la colecta, todos se sientan. El sacerdote puede presentar a los fieles, con una brevísima intervención, la Liturgia de la Palabra. El lector se dirige al ambón y, del leccionario colocado allí antes de la Misa, proclama la primera lectura, que todos escuchan. Al final el lector dice: Palabra de Dios, y todos responden: Te alabamos, Señor.

Entonces, según las circunstancias, se pueden guardar unos momentos de silencio, para que todos mediten brevemente lo que escucharon.

129. Después, el salmista, o el mismo lector, recita o canta los versos del salmo y el pueblo, como de costumbre, va respondiendo.

130. Si está prescrita una segunda lectura antes del Evangelio, el lector la proclama desde el ambón, mientras todos escuchan, y al final responden a la aclamación, como se dijo antes (n. 128). En seguida, según las circunstancias, se pueden guardar unos momentos de silencio.

131. En seguida, todos se levantan y se canta Aleluya u otro canto, según corresponda al tiempo litúrgico (cfr. núms. 62-64).

132. Mientras se canta el Aleluya u otro canto, si se emplea el incienso, el sacerdote lo pone y lo bendice. Después, con las manos juntas, y profundamente inclinado ante el altar, dice en secreto: Purifica mi corazón.

133. Entonces si el Evangeliario está en el altar, lo toma y, precedido por los ministros laicos que pueden llevar el incensario y los cirios, se dirige al ambón, llevando el Evangeliario un poco elevado. Los presentes se vuelven hacia el ambón para manifestar especial reverencia hacia el Evangelio de Cristo.

134. Ya en el ambón, el sacerdote abre el libro y, con las manos juntas, dice: El Señor esté con ustedes; y el pueblo responde: Y con tu espíritu; y en seguida: Lectura del Santo Evangelio, signando con el pulgar el libro y a sí mismo en la frente, en la boca y en el pecho, lo cual hacen también todos los demás. El pueblo aclama diciendo: Gloria a Ti, Señor. Si seusa incienso, el sacerdote inciensa el libro (cfr. núms. 276-277). En seguida proclama el Evangelio y al final dice la aclamación Palabra del Señor, y todos responden: Gloria a Ti, Señor Jesús. El sacerdote besa el libro, diciendo en secreto: Las palabras del Evangelio.

135. Si no hay un lector, el mismo sacerdote proclama todas las lecturas y el salmo, de pie desde el ambón. Allí mismo, si se emplea, pone y bendice el incienso, y profundamente inclinado, dice Purifica mi corazón.

136. El sacerdote, de pie en la sede o en el ambón mismo, o según las circunstancias, en otro lugar idóneo pronuncia la homilía; terminada ésta se puede guardar unos momentos de silencio.

137. El Símbolo se canta o se dice por el sacerdote juntamente con el pueblo (cfr. n 68) estando todos de pie. A las palabras: y por la obra del Espíritu Santo, etc.,o que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, todos se inclinan profundamente; y en la solemnidades de la Anunciación y de Navidad del Señor, se arrodillan.

138. Dicho el Símbolo, en la sede, el sacerdote de pie y con las manos juntas, invita a los fieles a la oración universal con una breve monición. Después el cantor o el lector u otro, desde el ambón o desde otro sitio conveniente, vuelto hacia el pueblo, propone las intenciones; el pueblo, por su parte, responde suplicante. Finalmente, el sacerdote con las manos extendidas, concluye la súplica con la oración.

Liturgia Eucarística

139. Terminada la oración universal, todos se sientan y comienza el canto del ofertorio (cfr. n.74).

El acólito u otro ministro laico coloca sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.

140. Es conveniente que la participación de los fieles se manifieste por la presentación del pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, o de otros dones con los que se ayude a las necesidades de la iglesia o de los pobres.

El sacerdote ayudado por el acólito o por otro ministro recibe las ofrendas de los fieles. Al celebrante llevan el pan y el vino para la Eucaristía; y él los pone sobre el altar; pero los demás dones se colocan en otro lugar adecuado (cfr. n. 73).

141. El sacerdote, en el altar, recibe o toma la patena con el pan, y con ambas manos la tiene un poco elevada sobre el altar, diciendo en secreto: Bendito seas, Señor, Dios. Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.

142. En seguida, el sacerdote de pie a un lado del altar, ayudado por el ministro que le presenta las vinajeras, vierte en el cáliz vino y un poco de agua, diciendo en secreto: Por el misterio de esta agua. Vuelto al medio del altar, toma el cáliz con ambas manos, lo tiene un poco elevado, diciendo en secreto: Bendito seas, Señor, Dios; y después coloca el cáliz sobre el corporal y, según las circunstancias, lo cubre con la palia.

Pero cuando no hay canto al ofertorio ni se toca el órgano, en la presentación del pan y del vino, está permitido al sacerdote decir en voz alta las fórmulas de bendición a las que el pueblo aclama: Bendito seas por siempre, Señor.

143. Habiendo dejado el cáliz sobre el altar, el sacerdote profundamente inclinado, dice en secreto: Humilde y sinceramente arrepentidos.

144. En seguida, si se usa incienso, el sacerdote lo echa en el incensario, lo bendice sin decir nada, e inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. El ministro de pie, a un lado del altar, inciensa al sacerdote y después al pueblo.

145. Después de la oración Humilde y sinceramente arrepentidos, o después de la incensación, el sacerdote, de pie a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto: Lava del todo mi delito, Señor, mientras el ministro vierte el agua.

146. Después, vuelto al centro del altar, el sacerdote, de pie, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, invita al pueblo a orar, diciendo: Oren, hermanos, etc. El pueblo se levanta y responde: El Señor reciba. En seguida, el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas. Al final el pueblo aclama: Amén.

147. Entonces el sacerdote inicia la Plegaria Eucarística. Según las rúbricas (cfr. n. 365), elige una de las que se encuentran en el Misal Romano, o que están aprobadas por la Sede Apostólica. La Plegaria Eucarística por su naturaleza exige que sólo el sacerdote, en virtud de su ordenación, la profiera. Sin embargo, el pueblo se asocia al sacerdote en la fe y por medio del silencio, con las intervenciones determinadas en el curso de la Plegaria Eucarística, que son las respuestas en el diálogo del Prefacio, el Santo, la aclamación después de la consagración y la aclamación Amén después de la doxología final, y también con otras aclamaciones aprobadas, tanto por la Conferencia de Obispos, como por la Sede Apostólica.

Es muy conveniente que el sacerdote cante las partes de la Plegaria Eucarística, enriquecidas con notación musical.

148. Al iniciar la Plegaria Eucarística, el sacerdote extiende las manos y canta o dice: El Señor esté con ustedes; el pueblo responde: Y con tu espíritu. Cuando prosigue: Levantemos el corazón, eleva las manos. El pueblo responde: Lo tenemos levantado hacia el Señor. En seguida el sacerdote, con las manos extendidas, agrega: Demos gracias al Señor, nuestro Dios, y el pueblo responde: Es justo y necesario. A continuación el sacerdote, con las manos extendidas, continúa con el Prefacio; y una vez terminado éste, con las manos juntas, en unión con todos los presentes, canta o dice en voz alta: Santo (cfr. n. 79b).

149. El sacerdote prosigue la Plegaria Eucarística según las rúbricas que se encuentran en cada una de ellas.

Si el sacerdote celebrante es un Obispo, en las Plegarias, después de las palabras: con tu servidor el Papa N., agrega conmigo, indigno siervo tuyo, o después de las palabras: de nuestro Papa N., agrega: de mí, indigno siervo tuyo. Pero si el Obispo celebra fuera de su diócesis, después de las palabras: con nuestro Papa N., agrega: conmigo, indigno siervo tuyo, con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia de N.

El Obispo diocesano, o el que en el derecho se le equipare, se debe nombrar con esta fórmula: juntamente con tu servidor el Papa N. y con nuestro Obispo (o: Vicario, Prelado, Prefecto, Abad) N.

En la Plegaria Eucarística pueden nombrarse los Obispos Coadjutores y Auxiliares, pero no los otros Obispos, casualmente presentes. Cuando hay que nombrar a varios, se emplea la fórmula general: y nuestro Obispo N. y sus Obispos auxiliares.

En cadaPlegaria Eucarística hay que adaptar lasfórmulas ante dichas a las reglas gramaticales.

150. Un poco antes de la consagración, el ministro, si se cree conveniente, advierte a los fieles con un toque de campanilla. Puede también, según las costumbres de cada lugar, tocar la campanilla en cada elevación.

Si se usa incienso, el ministro inciensa la Hostia y el cáliz, cuando son presentados al pueblo después de la consagración.

151. Después de la consagración, habiendo dicho el sacerdote: Este es el Sacramento de nuestra fe, el pueblo dice la aclamación, empleando una de las fórmulas determinadas.

Al final de la Plegaria Eucarística, el sacerdote, toma la patena con la Hostia y el cáliz, los eleva simultáneamente y pronuncia la doxología él solo: Por Cristo, con Él y en Él. Al fin el pueblo aclama: Amén. En seguida, el sacerdote coloca la patena y el cáliz sobre el corporal.

152. Terminada Plegaria Eucarística, el sacerdote con las manos juntas, dice la monición antes de la Oración del Señor; luego, con las manos extendidas, dice la Oración del Señor juntamente con el pueblo.

153. Concluida la Oración del Señor, el sacerdote solo, con las manos extendidas, dice el embolismo Líbranos de todos los males, terminado el cual, el pueblo aclama: Tuyo es el reino.

154. A continuación el sacerdote solo, con las manos extendidas, dice en voz alta la oración: Señor Jesucristo, que dijiste; y terminada ésta, extendiendo y juntando las manos, vuelto hacia el pueblo, anuncia la paz, diciendo: La paz del Señor esté siempre con ustedes. El pueblo responde: Y con tu espíritu. Luego, según las circunstancias, el sacerdote añade: Dense fraternalmente la paz.

El sacerdote puede dar la paz a los ministros, pero permaneciendo siempre dentro del presbiterio para que la celebración no se perturbe. Haga del mismo modo si por alguna causa razonable desea dar la paz a unos pocos fieles. Todos, empero, según lo determinado por la Conferencia de Obispos, se expresan unos a otros la paz, la comunión y la caridad. Mientras se da la paz, se puede decir: La paz del Señor esté siempre contigo, a lo cual se responde: Amén.

155. En seguida el sacerdote toma la Hostia, la parte sobre la patena, y deja caer una partícula en el cáliz, diciendo en secreto: El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo unidos en este cáliz. Mientras tanto, se canta o se dice por el coro el Cordero de Dios (cfr. n.83).

156. Entonces, el sacerdote dice en secreto y con las manos juntas la oración para la Comunión Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, o Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre.

157. Concluida la oración, el sacerdote hace genuflexión, toma la Hostia consagrada en la misma Misa y, teniéndola un poco elevada sobre la patena o sobre el cáliz, vuelto hacia el pueblo, dice: Éste es el Cordero de Dios, y juntamente con el pueblo, agrega: Señor, no soy digno.

158. Después, de pie vuelto hacia el altar, el sacerdote dice en secreto: El cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna, y come reverentemente el Cuerpo de Cristo. Después, toma el cáliz, dice en secreto: La Sangre de Cristo me guarde para la vida eterna, y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.

159. Mientras el sacerdote sume el Sacramento, se comienza el canto de Comunión (cfr. n. 86).

160. Después el sacerdote toma la patena o el copón y se acerca a quienes van a comulgar, los cuales de ordinario, se acercan procesionalmente.

No está permitido a los fieles tomar por sí mismos el pan consagrado ni el cáliz sagrado, ni mucho menos pasarlo de mano en mano entre ellos. Los fieles comulgan estando de rodillas o de pie, según lo haya determinado la Conferencia de Obispos. Cuando comulgan estando de pie, se recomienda que antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia, la cual debe ser determinada por las mismas normas.

161. Si la Comunión se recibe sólo bajo la especie de pan, el sacerdote, teniendo la Hostia un poco elevada, la muestra a cada uno, diciendo: El Cuerpo de Cristo. El que comulga responde: Amén, y recibe el Sacramento, en la boca, o donde haya sido concedido, en la mano, según su deseo. Quien comulga, inmediatamente recibe la sagrada Hostia, la consume íntegramente.

Pero si la Comunión se hace bajo las dos especies, obsérvese el rito descrito en su lugar (cfr. núms.284 -287).

162. En la distribución de la Comunión, pueden ayudar al sacerdote otros presbíteros que casualmente estén presentes. Si éstos no están dispuestos y el número de comulgantes es muy grande, el sacerdote puede llamar en su ayuda a ministros extraordinarios, es decir, acólitos ritualmente instituidos o también otros fieles que hayan sido ritualmente delegados para esto. [97] En caso de necesidad, el sacerdote puede designar fieles idóneos "ad actum" (sólo para esta ocasión).

Estos ministros no se acerquen al altar antes de que el sacerdote haya comulgado, y siempre reciban de la mano del sacerdote celebrante el vaso que contiene las especies de la Santísima Eucaristía que van a ser distribuidas a los fieles.

163. Terminada la distribución de la Comunión, antes de cualquier otro detalle, el sacerdote bebe íntegramente él mismo, en el altar, el vino consagrado que quizás haya quedado; pero las hostias consagradas que quedaron, o las consume en el altar o las lleva al lugar destinado para conservar la Eucaristía.

El sacerdote regresa al altar y recoge las partículas, si las hay; luego de pie, en el altar o en la credencia, purifica la patena o el copón sobre el cáliz; después purifica el cáliz diciendo en secreto: Haz, Señor, que recibamos, y seca el cáliz con el purificador. Si los vasos son purificados en el altar, un ministro los lleva a la credencia. Sin embargo, se permite dejar los vasos que deben purificarse, sobre todo si son muchos, en el altar o en la credencia sobre el corporal, convenientemente cubiertos y purificarlos en seguida después de la Misa, una vez despedido al pueblo.

164. Después el sacerdote puede regresar a la sede. Se puede, además, observar un intervalo de sagrado silencio o cantar un salmo, o un cántico de alabanza, o un himno (cfr. n. 88).

165. Luego, de pie en la sede o desde el altar, el sacerdote, de cara al pueblo, con las manos juntas, dice: Oremos; y con las manos extendidas dice la oración después de la Comunión, a la que puede preceder un breve intervalo de silencio, a no ser que ya lo haya precedido inmediatamente después de la Comunión. Al final de la oración, el pueblo aclama: Amen.

Rito de conclusión

166. Terminada la oración después de la Comunión, si los hay, háganse breves avisos al pueblo.

167. Después, el sacerdote, extiende las manos y saluda al pueblo, diciendo: El Señor esté con ustedes, a lo que el pueblo responde: Y con tu espíritu. Y el sacerdote, une de nuevo las manos, e inmediatamente pone la mano izquierda sobre el pecho y elevando la mano derecha, agrega: La bendición de Dios todopoderoso y, mientras traza el signo de la cruz sobre el pueblo, prosigue: Padre, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes. Todos responden: Amén.

En algunos días y ocasiones, según las rúbricas, esta bendición se enriqueces y se expresa con la oración sobre el pueblo o con otra fórmula más solemne.

El Obispo bendice al pueblo con la fórmula correspondiente, haciendo sobre el pueblo tres veces el signo de la cruz.[99]

168. En seguida, después de la bendición, con las manos juntas, el sacerdote agrega: Pueden ir en paz, y todos responden: Demos gracias a Dios.

169. Entonces el sacerdote venera como de costumbre el altar con un beso y, hecha al altar inclinación profunda con los ministros laicos, se retira con ellos.

170. Pero si a la Misa sigue alguna otra acción litúrgica, se omite el rito de conclusión, es decir, el saludo, la bendición y la despedida.

B) Misa con diácono

171. Cuando en la celebración eucarística está presente un diácono, desempeña su ministerio vestido con las vestiduras sagradas. El Diácono, en general:

a) Asiste al sacerdote y está a su lado.
b) En el altar sirve, en lo referente al cáliz y al libro.
c) Proclama el Evangelio y puede, por mandato del sacerdote que celebra, hacer la homilía (cfr. n. 66).
d) Dirige al pueblo fiel mediante oportunas moniciones y enuncia las intenciones de la oración universal.
e) Ayuda al sacerdote celebrante en la distribución de la Comunión, y purifica y arregla los vasos sagrados.

f) Desempeña los oficios de otros ministros, él mismo, si no está presente alguno de ellos, según sea necesario.

Ritos iniciales

172. Cuando el diácono lleva el Evangeliario, lo tiene un poco elevado y precede al sacerdote mientras se acercan al altar, de lo contrario, irá a su lado.

173. Cuando llega al altar, si lleva el Evangeliario, omitida la reverencia, se acerca al altar. Luego, una vez depositado el Evangeliario sobre el altar, lo cual es recomendable, juntamente con el sacerdote venera el altar con un beso.

Pero si no lleva el Evangeliario, hace inclinación profunda al altar del modo acostumbrado, juntamente con el sacerdote, y con él venera el altar con un beso.

Por último, si se usa incienso, asiste al sacerdote en la imposición del incienso y en la incensación de la Cruz y del altar.

174. Incensado el altar, se dirige juntamente con el sacerdote a la sede y allí permanece a su lado y le ayuda, según sea necesario.

Liturgia de la palabra

175. Mientras se dice el Aleluya u otro canto, si se usa incienso, asiste al sacerdote en la imposición del incienso; luego, profundamente inclinado ante el sacerdote, le pide la bendición, diciendo en voz baja: Padre, dame tu bendición. El sacerdote lo bendice, diciendo: El Señor esté en tu corazón. El diácono se signa con el signo de la cruz y responde: Amén. Luego, hecha la inclinación al altar, toma el Evangeliario que había sido colocado sobre el altar, y se dirige al ambón, llevando el libro un poco elevado, precedido por el turiferario con el incensario humeante y por los ministros con cirios encendidos. Allí saluda al pueblo, diciendo con las manos juntas: El Señor esté con ustedes, después a las palabras Lectura del santo Evangelio, signa con el pulgar el libro y después a sí mismo en la frente, en la boca y en el pecho, inciensa el libro y proclama el Evangelio. Terminado éste, aclama: Palabra del Señor, y todos responden: Gloria a ti, Señor Jesús. En seguida venera el libro con un beso, diciendo en secreto: Las palabras del Evangelio, y vuelve al lado del sacerdote.

Cuando el diácono asiste al Obispo, le lleva el libro para que lo bese, o él mismo lo besa, diciendo en secreto: Las palabras del Evangelio. En las celebraciones más solemnes el Obispo, según las circunstancias, imparte la bendición al pueblo con el Evangeliario.

Por último, el Evangeliario puede llevarse a la credencia o a otro lugar conveniente y digno.

176. Si no está presente otro lector idóneo, el diácono proclamará también las otras lecturas.

177. Las intenciones dela oración de los fieles, después de la introducción del sacerdote, de ordinario las dice el diácono desde el ambón.

Liturgia Eucarística

178. Terminada la Oración Universal, el sacerdote permanece en la sede y el diácono, con la ayuda del acólito, prepara el altar; pero es a él a quien le concierne el cuidado de los vasos sagrados. Asiste también al sacerdote en la recepción de los dones del pueblo. Luego entrega al sacerdote la patena con el pan que será consagrado; vierte vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en secreto: El agua unida al vino; y luego presenta el cáliz al sacerdote. Esta preparación del cáliz puede también hacerse en la credencia. Si se usa incienso, asiste al sacerdote en la incensación de las ofrendas, de la cruz y del altar, y después, él mismo o el acólito, inciensa al sacerdote y al pueblo.

179. Durante la Plegaria Eucarística, el diácono está junto al sacerdote, pero un poco detrás de él, para cuando sea necesario servir en lo que se refiera al cáliz o al misal.

Desde la epíclesis hasta la elevación del cáliz el diácono, de ordinario, permanece de rodillas. Si están presentes varios diáconos, uno de ello puede imponer incienso en el incensario para la consagración e incensar durante la elevación de la Hostia y del cáliz

180. Para la doxología final de la Plegaria Eucarística, de pie al lado del sacerdote, tiene el cáliz elevado, mientras el sacerdote eleva la patena con la Hostia, hasta cuando el pueblo haya aclamado: Amén.

181. Después de que el sacerdote haya dicho la oración de la paz y: La paz del Señor sea siempre con ustedes, y que el pueblo haya respondido: Y con tu espíritu, el diácono, según las circunstancias, hace la invitación a la paz, diciendo, con las manos juntas y vuelto hacia el pueblo: Dense fraternalmente la paz. Él la recibe del sacerdote y puede darla a los ministros más cercanos.

182. Habiendo comulgado el sacerdote, el diácono recibe del mismo sacerdote la Comunión bajo las dos especies y después ayuda al sacerdote a distribuir la Comunión al pueblo. Pero si la Comunión se hace bajo las dos especies, él ofrece el cáliz a quienes van a comulgar, y terminada la distribución, en seguida consume reverentemente en el altar toda la Sangre de Cristo que haya quedado, ayudado, si fuere el caso, por los otros diáconos y presbíteros.

183. Terminada la distribución de la Comunión, el diácono vuelve al altar con el sacerdote, recoge las partículas, si las hay, lleva el cáliz y los otros vasos sagrados a la credencia y allí los purifica y los arregla como de costumbre, mientras el sacerdote vuelve a la sede. Está permitido, sin embargo, dejar en la credencia, sobre el corporal, debidamente cubiertos los vasos que deben ser purificados y purifícalos inmediatamente después de la Misa, una vez despedido el pueblo.

Rito de conclusión

184. Dicha la oración después de la Comunión, el diácono da al pueblo los breves anuncios, que quizás haya que hacer, a no ser que sacerdote mismo prefiera hacerlos.

185. Si se emplea la oración sobre el pueblo o la fórmula de bendición solemne, el diácono dice: Inclínense para recibir la bendición. Una vez que el sacerdote haya impartido la bendición, el diácono despide al pueblo, vuelto hacia él, diciendo con las manos juntas: Pueden irse en paz.

186. Luego, juntamente con el sacerdote, venera el altar con un beso, y hecha la inclinación profunda, se retira del modo en que había entrado.

C) Ministerios del acólito

187. Las funciones que el acólito puede ejercer son de diversa índole y puede ocurrir que varias de ellas se den simultáneamente. Por lo tanto, es conveniente que se distribuyan oportunamente entre varios; pero cuando sólo un acólito está presente, haga él mismo lo que es de mayor importancia, distribuyéndose lo demás entre otros ministros.

Ritos iniciales

188. En la procesión hacia el altar, puede llevar la cruz en medio de dos ministros con cirios encendidos. Cuando hubiere llegado al altar, erige la cruz junto al altar para que sea la cruz del altar; pero si no se puede, la lleva a un lugar digno. Después ocupa su lugar en el presbiterio.

189. Durante toda la celebración, corresponde al acólito acercarse al sacerdote o al diácono, cuantas veces tenga que hacerlo, para presentarles el libro y ayudarles en lo que sea necesario. Por tanto conviene que, en la medida de lo posible, ocupe un lugar desde el que pueda ejercer oportunamente su ministerio, junto la sede o cerca del altar.

Liturgia Eucarística

190. En ausencia del diácono, concluida la oración universal, mientras el sacerdote permanece en la sede, el acólito pone sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal. Después, si es necesario, ayuda al sacerdote a recibir los dones del pueblo y, según las circunstancias, lleva el pan y el vino al altar y los entrega al sacerdote. Si se usa incienso, presenta el incensario al sacerdote y lo asiste en la incensación de las ofrendas, de la cruz y del altar. Después inciensa al sacerdote y al pueblo.

191. Cuando sea necesario, el acólito ritualmente instituido, como ministro extraordinario, puede ayudar al sacerdote en la distribución de la Comunión al pueblo.[100] Y si se da la Comunión bajo las dos especies, en ausencia del diácono, ofrece el cáliz a los que van a comulgar o sostiene el cáliz cuando la Comunión se da por intinción.

192. Y asimismo, el acólito instituido, terminada la distribución de la Comunión, ayuda al sacerdote o al diácono en la purificación y en el arreglo de los vasos sagrados. En ausencia del diácono, el acólito ritualmente instituido lleva los vasos sagrados a credencia y allí los purifica los seca y los arregla del modo acostumbrado.

193. Terminada la celebración de la Misa, el acólito y los otros ministros, juntamente con el diácono y el sacerdote, regresan procesionalmente a la sacristía de la misma manera y en el mismo orden en el que vinieron.

D) Ministerios del lector

Ritos iniciales

194. En la procesión hacia el altar, en ausencia del diácono, el lector, vestido con la vestidura aprobada, puede llevar el Evangeliario un poco elevado, caso en el cual, antecede al sacerdote; de lo contrario, va con los otros ministros.

195. Cuando hubiere llegado al altar, hace inclinación profunda con los demás. Si lleva el Evangeliario, se acerca al altar y coloca el Evangeliario sobre él. Después, juntamente con los otros ministros ocupa su lugar en el presbiterio.

Liturgia de la palabra

196. Desde el ambón hace las lecturas que preceden al Evangelio. Y en ausencia del salmista puede también proclamar el salmo responsorial después de la primera lectura.

197. En ausencia del diácono, después de la introducción del sacerdote, puede proponer desde el ambón las intenciones de la oración universal.

198. Si no hay canto de entrada ni de Comunión y los fieles no dicen las antífonas propuestas en el Misal, puede decirlas en el momento oportuno (cfr. núms. 48.87).

II. LA MISA CONCELEBRADA

199. La concelebración, con la que se manifiesta provechosamente la unidad del sacerdocio y del sacrificio, como también de todo el pueblo de Dios, por el mismo rito está mandada:en la ordenación del Obispo y de los presbíteros, en la bendición de un Abad y en la Misa Crismal.

Sin embargo, se recomienda a no ser que el provecho de los fieles requiera o aconseje otra cosa:

a) Para la Misa vespertina en la Cena del Señor.
b) Para la Misa que se celebra en los Concilios, en las Reuniones de Obispos y en los Sínodos.
c) Para la Misa conventual y para la Misa principal que se celebra en las iglesias y en los oratorios.

d) Para las Misas que se celebran en cualquier tipo de reuniones de sacerdotes, tanto seculares como religiosos.]

Sin embargo, es lícito a cada sacerdote celebrar de manera individual la Eucaristía, pero no en el mismo tiempo en el que se tiene concelebración en la misma iglesia u oratorio. No obstante, el Jueves santo en la Cena del Señor y en la Misa de la Vigilia pascual, no se permite ofrecer el sacrificio en forma individual.

200. Los presbíteros peregrinos sean admitidos con gusto a la concelebración, siempre que se haya comprobado su condición de sacerdotes.

201. Donde hay un gran número de sacerdotes, la concelebración puede hacerse varias veces en el mismo día, cuando la necesidad o la utilidad pastoral lo aconsejen; sin embargo, deben tenerse en tiempos sucesivos o en lugares sagrados diversos.

202. Corresponde al Obispo, según las normas del Derecho, ordenar la disciplina de la concelebración en todas las iglesias y oratorios de su diócesis.

203. Hónrese de manera particular la concelebración en la que los presbíteros de una diócesis concelebran con su propio Obispo, especialmente la Misa estacional en los días más solemnes del año litúrgico, la Misa de ordenación de un nuevo Obispo de la diócesis o de su Coadjutor o Auxiliar, la Misa Crismal, la Misa vespertina en la Cena del Señor, las celebraciones del Santo Fundador de la Iglesia local o del Patrono de la diócesis, los aniversarios del Obispo y, finalmente, con ocasión del Sínodo o de la visita pastoral.

Por la misma razón se recomienda la concelebración cuantas veces los sacerdotes se reúnen con el propio Obispo, sea con ocasión de los ejercicios espirituales o de alguna reunión. En estos casos se manifiesta de forma más perceptible el signo de la unidad del sacerdocio y de la Iglesia, que es propio de toda concelebración.[103]

204. Por una causa especial, como sería el mayor sentido que tiene un rito o de una festividad, se concede facultad de celebrar o concelebrar varias veces en el mismo día, en los siguientes casos:

a) Si alguien celebró o concelebró el Jueves Santo en la Misa Crismal, puede celebrar o concelebrar también en la Misa vespertina en la Cena del Señor.
b) Si alguien celebró o concelebró en la Misa de la Vigilia Pascual, puede celebrar o concelebrar la Misa en día de Pascua.
c) En la Navidad del Señor todos los sacerdotes pueden celebrar o concelebrar tres Misas, con tal de que ellas se celebren a su tiempo.
d) El día de la Conmemoración de todos los fieles difuntos, todos los sacerdotes pueden celebrar o concelebrar tres Misas con tal de que las celebraciones se hagan en diversos tiempos y observando lo establecido acerca de la aplicación de la segunda y de la tercera Misa.

e) Si alguien concelebra con su Obispo o su delegado en un Sínodo y en la visita pastoral, o con ocasión de reuniones de sacerdotes, puede de nuevo celebrar otra Misa para utilidad de los fieles. Lo mismo vale, observando lo que debe observarse, para las reuniones de religiosos.

205. La Misa concelebrada se ordena, en cualquiera de sus formas, según las normas que se deben observar comúnmente (cfr. núms. 112-198), observando o cambiando lo que más abajo se expondrá.

206. Ninguno jamás pretenda tomar parte de una concelebración, ni sea admitido en ella, una vez que la Misa haya ya empezado.

207. En el presbiterio prepárense:

a) Sillas y folletos para los sacerdotes concelebrantes.

b) En la credencia: un cáliz de suficiente capacidad o varios cálices.

208. Si no está presente un diácono, los ministerios propios de éste serán desempeñados por algunos de los concelebrantes.

Si tampoco están presentes otros ministros, las partes propias de ellos pueden ser encomendadas a otros fieles idóneos; de lo contrario serán cumplidas por algunos concelebrantes.

209. Los concelebrantes, en la sacristía o en otro lugar apropiado, se revisten con las vestiduras sagradas que suelen utilizar cuando celebran la Misa individualmente. Pero si hay una justa causa, por ejemplo, un gran número de concelebrantes o falta de ornamentos, los concelebrantes, con excepción siempre del celebrante principal, pueden omitir la casulla o planeta, poniendo la estola sobre el alba.

Ritos iniciales

210. Cuando todo está debidamente preparado se hace, como de costumbre, la procesión hacia el altar por en medio de la Iglesia. Los sacerdotes concelebrantes preceden al celebrante principal.

211. Cuando llegan al altar, los concelebrantes y el celebrante principal, hacen inclinación profunda, veneran el altar con un beso y después se dirigen a la silla que les fue asignada. Pero el celebrante principal, dado el caso, inciensa la cruz y el altar, y va a la sede.

Liturgia de la Palabra

212. Durante la Liturgia de la Palabra los concelebrantes ocupan su propio lugar y se sientan y se levantan, de la misma forma como lo hace el celebrante principal.

Iniciado el Aleluya, todos se levantan, excepto el Obispo, quien pone incienso al turíbulo sin decir nada, y bendice al diácono o, si no hay un diácono presente, al concelebrante que proclamará el Evangelio. Pero en la concelebración que preside un presbítero, el concelebrante que proclama el Evangelio cuando no está presente un diácono, ni pide ni recibe la bendición del concelebrante principal.

213. La homilía la hará de ordinario el celebrante principal o uno de los concelebrantes.

Liturgia Eucarística

214. Al celebrante principal corresponde la preparación de los dones (cfr. núms. 139-146), durante la cual los demás concelebrantes permanecen en sus lugares.

215. Después de haber dicho el celebrante principal la oración sobre las ofrendas, los concelebrantes se acercan al altar y permanecen cerca de él, pero de tal modo que no impidan el desarrollo de los ritos y que la acción sagrada pueda ser bien presenciada por los fieles, ni que sean impedimento al diácono cuando, por razón de su ministerio, debe acercarse al altar.

El diácono desempeñe su propio ministerio cerca del altar, sirviendo, cuando sea necesario, en lo que se refiere al cáliz y al misal. Sin embargo, en cuanto sea posible, permanezca un poco detrás de los sacerdotes concelebrantes, quienes están de pie cerca del concelebrante principal.

Modo de proclamar la Plegaria Eucarística

216. El prefacio lo canta o lo dice solo el celebrante principal; el Santo, en cambio, lo cantan o lo dicen todos los concelebrantes juntamente con el pueblo y los cantores.

217. Terminado el Santo, los sacerdotes concelebrantes prosiguen la Plegaria Eucarística en el modo descrito más abajo. Solo el celebrante principal hace los gestos, a no ser que se indique de otra manera.

218. Las partes que dicen conjuntamente todos los concelebrantes y, especialmente, las palabras de la consagración, las cuales todos están obligados a pronunciar, deben decirse de tal modo que los concelebrantes las acompañen en voz baja y que la voz del celebrante principal se escuche claramente. De esta manera las palabras serán comprendidas más fácilmente por el pueblo.

Es muy loable que se canten las partes que deben ser dichas simultáneamente por todos los concelebrantes y que en el misal están embellecidas con nota musical.

Plegaria Eucarística I o Canon Romano

219. En la Plegaria Eucarística I o Canon Romano, Padre misericordioso lo dice solamente el celebrante principal con las manos extendidas.

220. El Memento de los vivos (Acuérdate, Señor,) y la Conmemoración de los Santos (Reunidos en comunión) conviene encomendarlos a uno u otro de los concelebrantes, y él solo dice estas oraciones, con las manos extendidas y en voz alta.

221. Acepta, Señor, en tu bondad, lo dice solamente el celebrante principal, con las manos extendidas.

222. Desde Bendice y santifica, oh Padre, hasta Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, el celebrante principal hace los gestos, pero todos los concelebrantes dicen todo simultáneamente, de este modo:

a) Bendice y santifica, oh Padre, con las manos extendidas hacia las ofrendas.
b) El cual, la víspera de su Pasión y Del mismo modo, acabada la cena, con las manos juntas.
c) Las palabras del Señor, si parece conveniente, con la mano derecha extendida hacia el pan y hacia el cáliz; pero en la elevación miran la Hostia y el cáliz y luego se inclinan profundamente.
d) Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y Mira con ojos de bondad, con las manos extendidas.

e) Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, inclinados y con las manos juntas hasta las palabras: al participar aquí de este altar y, en seguida, se enderezan, signándose a las palabras seamos colmados de gracia y bendición.

223. La intercesión por los difuntos (Acuérdate también, Señor, de tus hijos)y Y a nosotros pecadores, siervos tuyos, conviene encomendarlos a uno u otro de los concelebrantes y él solo las pronuncia con las manos extendidas y en voz alta.

224. A las palabras Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, todos los concelebrantes se golpean el pecho.

225. Por Cristo, Señor nuestro, por quien sigues creando es dicho sólo por el celebrante principal.

Plegaria Eucarística II

226. En la Plegaria Eucarística II Santo eres en verdad, Señor, es dicho sólo por el celebrante principal, con las manos extendidas.

227. Desde Por eso te pedimos que santifiques, hasta Te pedimos humildemente, todos los concelebrantes lo dicen simultáneamente, de este modo:

a) Por eso te pedimos que santifiques, con las manos extendidas hacia las ofrendas.
b) El cual, cuando iba a ser entregado a su Pasión y Del mismo modo, acabada la cena, con las manos juntas.
c) Las palabras del Señor, si parece conveniente, con la mano derecha extendida hacia el pan y hacia el cáliz; pero en la elevación miran la Hostia y el cáliz y luego se inclinan profundamente.

d) Así, pues, Padre, al celebrar ahora, y Te pedimos humildemente, que el Espíritu Santo con las manos extendidas.

228. Las intercesiones por los vivos Acuérdate, Señor, de tu Iglesia y por los difuntos Acuérdate también de nuestros hermanos, conviene encomendarlas a uno u otro de los concelebrantes y las pronuncia él solo con las manos extendidas, en voz alta.

Plegaria Eucarística III

229. En la Plegaria Eucarística III Santo eres en verdad, Padre, es dicho sólo por el celebrante principal, con las manos extendidas.

230 Desde Por eso, Padre, te suplicamos, hasta Dirige tu mirada, sobre la ofrenda lo dicen simultáneamente todos los concelebrantes, de este modo:

a) Por eso, Padre, te suplicamos, con las manos extendidas hacia las ofrendas.
b) Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado y Del mismo modo, acabada la cena, con las manos juntas.
c) Las palabras del Señor, si parece conveniente, con la mano derecha extendida hacia el pan y hacia el cáliz; pero en la elevación miran la Hostia y el cáliz y luego se inclinan profundamente.

d) Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial y Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, con las manos extendidas.

231. Las intercesiones: Que Él nos transforme en ofrenda permanente, Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación y A nuestros hermanos difuntos conviene encomendarlas a uno u otro de los concelebrantes, quien las pronuncia en voz alta, solo, con las manos extendidas.

Plegaria Eucarística IV

232. En la Plegaria Eucarística IV Te alabamos, Padre santo, porque eres grande hasta llevando a plenitud su obra en el mundo, son dichas sólo por el celebrante principal, con las manos extendidas.

233. Desde: Por eso, Padre, te rogamos, hasta Dirige tu mirada, sobre esta Víctima lo dicen simultáneamente todos los concelebrantes, de este modo:

a) Por eso, Padre, te rogamos, con las manos extendidas hacia las ofrendas.

b) Porque Él mismo, llegada la hora y Del mismo modo, tomó el cáliz con las manos juntas.

c) Las Palabras del Señor, si parece conveniente, con la mano derecha extendida hacia el pan y hacia el cáliz; pero en la elevación miran la Hostia y el cáliz y luego se inclinan profundamente.

d) Por eso, Padre, al celebrar ahora el memorial y Dirige tu mirada sobre esta Víctima con las manos extendidas.

234. La intercesión Y ahora, Señor, acuérdate, de todos aquellos y Padre de bondad, que todos tus hijos nos reunamos conviene encomendarlas a uno u otro de los concelebrantes y él solo las pronuncia, con las manos extendidas.

235. Respecto a las otras Plegarias Eucarísticas aprobadas por la Sede Apostólica, obsérvense las normas determinadas para cada una de ellas.

236. La doxología final de la Plegaria Eucarística es pronunciada solamente por el sacerdote celebrante principal y, si se quiere, juntamente con los otros concelebrantes, pero no por los fieles.

Rito de la comunión

237. Después, con las manos juntas, el celebrante principal dice la monición antes de la Oración del Señor, y en seguida, con las manos extendidas, juntamente con los demás concelebrantes, quienes también extienden las manos, y con el pueblo, dice la Oración del Señor.

238. Líbranos de todos los males, Señor, es dicho sólo por el celebrante principal, con las manos extendidas. Todos los concelebrantes, juntamente con el pueblo, dicen la aclamación final: Tuyo es el reino.

239. Después de la monición del diácono o, en su ausencia, de uno de los concelebrantes: Dense fraternalmente la paz, todos se dan la paz. Los que están más cerca del celebrante principal reciben la paz de él antes que el diácono.

240. Mientras se dice Cordero de Dios, los diáconos o algunos de los concelebrantes, pueden ayudar al celebrante principal a partir las Hostias, sea para Comunión de los concelebrantes, sea para la del pueblo.

241. Terminada la "inmixtión" o bien, la mezcla del Cuerpo y de la Sangre del Señor, sólo el celebrante principal, con las manos juntas, dice el secreto la oración Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, o Señor Jesucristo la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre.

242. Terminada la oración antes de la Comunión, el celebrante principal hace genuflexión y se retira un poco. Los concelebrantes, por su parte, uno tras otro, se acercan al centro del altar, hacen genuflexión y toman reverentemente del altar el Cuerpo de Cristo, lo tienen con la mano derecha, poniendo debajo la izquierda y se retiran a sus lugares. Sin embargo, los concelebrantes también pueden permanecer en sus lugares y tomar el Cuerpo de Cristo de la patena que el celebrante principal, o uno o varios de los concelebrantes sostienen, pasando ante ellos; o también pasándose la patena uno a otro hasta el último.

243. Después, el celebrante principal toma el Hostia consagrada en esa misma Misa, y teniéndola un poco elevada sobre la patena o sobre el cáliz, vuelto hacia el pueblo dice: Éste es el Cordero de Dios, y prosigue con los concelebrantes y con el pueblo, diciendo: Señor, no soy digno.

244. En seguida, el celebrante principal, vuelto hacia el altar, dice en secreto: El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna, y come reverentemente el Cuerpo de Cristo. Del mismo modo hacen los concelebrantes, dándose ellos mismos la Comunión. Después de ellos, el diácono recibe del celebrante principal el Cuerpo y la Sangre del Señor.

245. La Sangre del Señor se puede tomar o bebiendo directamente del cáliz o por intinción, o con una cánula, o con una cucharilla.

246. Si la Comunión se recibe bebiendo directamente del cáliz, puede emplearse uno de estos modos:

a) El celebrante principal de pie, al centro del altar toma el cáliz y dice en secreto: La Sangre de Cristo me guarde para la vida eterna y bebe un poco de la Sangre del Señor y entrega el cáliz al diácono o a un concelebrante. Después distribuye la Comunión a los fieles (cfr. núms.160 -162).

Los concelebrantes, uno tras otro, o de dos en dos, si se emplean dos cálices, se acercan al altar, hacen genuflexión, beben la Sangre, limpian el borde del cáliz y vuelven a sus asientos.

b) El celebrante principal en el centro del altar, de la manera acostumbrada bebe la Sangre del Señor.

Pero los concelebrantes pueden beber la Sangre del Señor permaneciendo en sus lugares y bebiendo del cáliz que les ofrece el diácono o un concelebrante, o también pasándose seguidamente el cáliz. El cáliz siempre se purifica o por el mismo que bebe o por quien presenta el cáliz. Cuando cada uno haya comulgado vuelve a su asiento.

247. En el altar, el diácono bebe reverentemente toda la Sangre de Cristo que quedó, ayudado, si es el caso, por algunos concelebrantes; después traslada el cáliz a la credencia y allí él mismo, o el acólito ritualmente instituido, lo purifica, lo seca y lo arregla (cfr. n. 183).

248. La Comunión de los concelebrantes también puede ordenarse de manera que cada uno comulgueen el altar el Cuerpo e inmediatamente después la Sangre del Señor.

En este caso, el celebrante principal toma la Comunión bajo las dos especies como de costumbre (cfr. n. 158), observando, sin embargo, el rito para la Comunión del cáliz elegido en cada caso, que seguirán los demás concelebrantes.

Terminada la comunión del celebrante principal, se deja el cáliz a un lado del altar sobre otro corporal. Los concelebrantes se acercan uno tras otro al centro del altar, hacen genuflexión y comulgan el Cuerpo del Señor; pasan después al lado del altar y beben la Sangre del Señor, según el rito escogido para la Comunión del cáliz, como se dijo antes.

De la misma manera, como se dijo antes,se hacen también la Comunión del diácono y la purificación del cáliz.

249. Si la Comunión de los concelebrantes se hace por intinción, el celebrante principal sume el Cuerpo y la Sangre del Señor de la manera acostumbrada, teniendo cuidado, sin embargo, de que en el cáliz quede suficiente cantidad de la Sangre del Señor para la Comunión de los concelebrantes. Después el diácono, o uno de los concelebrantes, dispone de modo apropiado el cáliz en el medio del altar, o a un lado, sobre otro corporal, junto con la patena que contiene las partículas de Hostias.

Los concelebrantes, uno tras otro, se acercan al altar, hacen genuflexión, toman una partícula, la mojan en parte en el cáliz y, poniendo el purificador debajo de la boca, comen la partícula mojada y, en seguida, se retiran a sus sitios como al inicio de la Misa.

También el diácono recibe la Comunión por intinción, el cual responde Amén al concelebraste quien le dice: El Cuerpo y la Sangre de Cristo. El diácono, por otra parte, bebe en el altar toda la Sangre que quedó, ayudado, si es el caso, por algunos concelebrantes; traslada el cáliz a la credencia y allí él, o un acólito ritualmente instituido, como de costumbre, lo purifica, lo seca y lo arregla.

Rito de conclusión

250. Todo lo demás, hasta el fin de la Misa, lo hace como de costumbre (cfr. núms. 166-168) el celebrante principal, permaneciendo los concelebrantes en sus sillas.

251. Los concelebrantes antes de retirarse del altar, hacen inclinación profunda al altar. Pero el celebrante principal venera el altar con un beso como de costumbre.

III. MISA EN LA QUE SÓLO PARTICIPA UN MINISTRO

252. En la Misa celebrada por el sacerdote, a quien sólo un ministro asiste y le responde, obsérvese el rito de la Misa con pueblo (cfr. núms. 120-169); el ministro, según las circunstancias, dice las partes del pueblo.

253. Con todo, si el ministro es un diácono, él mismo cumplirá las funciones que le son propias (cfr. núms. 171-186) y además realizará las otras partes del pueblo.

254. No se celebre la Misa sin un ministro, o por lo menos algún fiel, a no ser por causa justa y razonable. En este caso se omiten los saludos, las moniciones y la bendición al final de la Misa.

255. Antes de la Misa se preparan los vasos necesarios en la credencia o sobre el altar al lado derecho.

Ritos iniciales

256. El sacerdote, se acerca al altar y, hecha inclinación profunda junto con el ministro, venera el altar con un beso y se dirige a la sede. Si el sacerdote quiere puede permanecer en el altar; en este caso, también el misal se prepara allí. Entonces el ministro o el sacerdote dice la antífona de entrada.

257. Después el sacerdote con el ministro, estando de pie, se signa con el signo de la cruz y dice En el nombre del Padre; vuelto hacia el ministro lo saluda, eligiendo una de las fórmulas propuestas.

258. En seguida se hace el acto penitencial, y, según las rúbricas, se dice el Kyrie y el Gloria.

259. Luego, con las manos juntas, dice: Oremos, y después de una pausa conveniente, dice, con las manos extendidas, la oración colecta. Al final, el ministro aclama: Amén.

Liturgia de la palabra

260. Las lecturas, en cuanto sea posible, se proclamarán desde el ambón o desde el facistol.

261. Dicha la colecta, el ministro hace la primera lectura y el salmo; y cuando corresponda, también hace la segunda lectura con el versículo para el Aleluya u otro canto.

262. Después, profundamente inclinado, el sacerdote dice: Purifica mi corazón, y en seguida lee el Evangelio. Al final dice: Palabra del Señor, a lo que el ministro responde: Gloria a ti, Señor Jesús. Después el sacerdote venera el libro con un beso, diciendo en secreto: Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.

263. En seguida, el sacerdote, según las rúbricas, dice el Símbolo juntamente con el ministro.

264. Sigue la oración universal, que también puede decirse en esta Misa. El sacerdote introduce y concluye la oración, pero el ministro dice las intenciones.

Liturgia Eucarística

265. En la Liturgia Eucarística todo se hace como en la Misa con pueblo, excepto lo que sigue.

266. Terminada la aclamación al final del embolismo que sigue a la Oración del Señor, el sacerdote dice la oración Señor Jesucristo, que dijiste; y luego agrega: La paz del Señor esté siempre con ustedes, a lo que el ministro responde: Y con tu espíritu. Según las circunstancias, el sacerdote da la paz al ministro.

267. En seguida, mientras dice con el ministro Cordero de Dios, el sacerdote parte la Hostia sobre la patena. Terminado el Cordero de Dios, hace la "inmixtión", o sea la mezcla del Cuerpo y de la Sangre del Señor, diciendo en secreto: El Cuerpo y la Sangre.

268. Después de la "inmixtión", es decir, la mezcla del Cuerpo y de la Sangre del Señor, el sacerdote dice en secreto la oración Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo o Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo; después hace la genuflexión, toma la Hostia y, si el ministro recibe la Comunión, vuelto hacia él y teniendo la Hostia un poco elevada sobre la patena o sobre el cáliz, dice: Este es el Cordero de Dios, y con él agrega: Señor, no soy digno. En seguida, vuelto hacia el altar, sume el Cuerpo de Cristo. Pero si el ministro no recibe la Comunión,hecha la genuflexión, el sacerdote toma la Hostia y, vuelto hacia el altar, dice una sola vez en secreto: Señor, no soy digno, y El Cuerpo de Cristo me guarde y en seguida sume el Cuerpo de Cristo. Después toma el cáliz y dice en secreto: La Sangre de Cristo me guarde y bebe la Sangre.

269. Antes de dar la Comunión al ministro, el ministro, o el mismo sacerdote dicen la antífona de Comunión.

270. El sacerdote purifica el cáliz en la credencia o en el altar. Si se purifica el cáliz en el altar, puede ser llevado por el ministro a la credencia, o se deja a un lado del altar.

271. Terminada la purificación del cáliz, es conveniente que el sacerdote guarde un intervalo de silencio; en seguida dice la oración después de la Comunión.

Rito de conclusión

272. El rito de conclusión se cumple como en la Misa con pueblo, omitido el Pueden ir en paz. El sacerdote, como de costumbre, venera el altar con un beso, y, hecha inclinación profunda juntamente con el ministro, se retira.

IV. ALGUNAS NORMAS MÁS GENERALES
PARA TODAS LAS FORMAS DE MISA

Veneración del altar y del Evangeliario

273. Según la costumbre tradicional, la veneración del altar y del Evangeliario se cumple con el beso. Sin embargo, donde este signo no concuerda con las tradiciones o la índole de alguna región, corresponde a la Conferencia de los Obispos determinar otro signo en lugar de éste, con el consentimiento de la Sede Apostólica.

Genuflexión e inclinación

274. La genuflexión, que se hace doblando la rodilla derecha hasta la tierra, significa adoración; y por eso se reserva para el Santísimo Sacramento, así como para la santa Cruz desde la solemne adoración en la acción litúrgica del Viernes Santo en la Pasión del Señor hasta el inicio de la Vigilia Pascual.

En la Misa el sacerdote que celebra hace tres genuflexiones, esto es: después de la elevación de la Hostia, después de la elevación del cáliz y antes de la Comunión. Las peculiaridades que deben observarse en la Misa concelebrada, se señalan en sus lugares (cfr. núms. 210-251).

Pero si el tabernáculo con el Santísimo Sacramento está en el presbiterio, el sacerdote, el diácono y los otros ministros hacen genuflexión cuando llegan al altar y cuando se retiran de él, pero no durante la celebración misma de la Misa.

De lo contrario, todos los que pasan delante del Santísimo Sacramento hacen genuflexión, a no ser que avancen procesionalmente.

Los ministros que llevan la cruz procesional o los cirios, en vez de la genuflexión, hacen inclinación de cabeza.

275. Con la inclinación se significa la reverencia y el honor que se tributa a las personas mismas o a sus signos. Hay dos clases de inclinaciones, es a saber, de cabeza y de cuerpo:

a) La inclinación de cabeza se hace cuando se nombran al mismo tiempo las tres Divinas Personas, y al nombre de Jesús, de la bienaventurada Virgen María y del Santo en cuyo honor se celebra la Misa.

b) La inclinación de cuerpo, o inclinación profunda, se hace: al altar, en las oraciones Purifica mi corazón y Acepta, Señor, nuestro corazón contrito; en el Símbolo, a las palabras y por obra del Espíritu Santo o que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; en el Canon Romano, a las palabras Te pedimos humildemente. El diácono hace la misma inclinación cuando pide la bendición antes de la proclamación el Evangelio. El sacerdote, además, se inclina un poco cuando, en la consagración, pronuncia las palabras del Señor.

Incensación

276. La turificación o incensación expresa reverencia y oración, tal como se indica en la Sagrada Escritura (cfr. Sal 140, 2; Ap 8, 3).

El incienso puede usarse a voluntad en cualquier forma de Misa:

a) durante la procesión de entrada;

b) al inicio de la Misa para incensar la cruz y el altar;

c) para la procesión y proclamación del Evangelio;

d) después de ser colocados el pan y el vino sobre el altar, para incensar las ofrendas, la cruz y el altar, así como al sacerdote y al pueblo;

e) En la elevación de la Hostia y del cáliz después de la consagración.

277. El sacerdote, cuando pone incienso en el turíbulo, lo bendice con el signo de cruz sin decir nada.

Antes y después de la incensación se hace inclinación profunda a la persona o al objeto que se inciensa, exceptuados el altar y las ofrendas para el sacrificio de la Misa.

Con tres movimientos del turíbulo se inciensan el Santísimo Sacramento, las reliquias de la santa Cruz y las imágenes del Señor expuestas para pública veneración, las ofrendas para el sacrificio de la Misa, la cruz del altar, el Evangeliario, el cirio pascual, el sacerdote y el pueblo.

Con dos movimientos del turíbulo se inciensan las reliquias y las imágenes de los Santos expuestas para pública veneración, y únicamente al inicio de la celebración, después de la incensación del altar.

El altar se inciensa con un único movimiento, de esta manera:

a) Si el altar está separado de la pared, el sacerdote lo inciensa circundándolo.

b) Pero si el altar no está separado de la pared, el sacerdote, al ir pasando, inciensa primero la parte derecha y luego la parte izquierda.

La cruz, sí está sobre el altar o cerca de él, se turifica antes de la incensación del altar, de lo contrario cuando el sacerdote pasa ante ella.

El sacerdote inciensa las ofrendas con tres movimientos del turíbulo, antes de la incensación de la cruz y del altar, o trazando con el incensario el signo de la cruz sobre las ofrendas.

Las purificaciones

278. Siempre que algún fragmento de la Hostia se haya adherido a los dedos, sobre todo después de la fracción o de la Comunión de los fieles, el sacerdote debe limpiar los dedos sobre la patena y, o según la necesidad, lavarlos. Del mismo modo, deben recogerse los fragmentos que hubiera fuera de la patena.

279. Los vasos sagrados son purificados por el sacerdote, o por el diácono o por el acólito instituido, después de la Comunión o después de la Misa, en cuanto sea posible en la credencia. La purificación del cáliz se hace con agua o con agua y vino, que tomará el mismo que purifica. La patena, como de costumbre, límpiese con el purificador.

Préstese atención a que lo que quizás quedare de la Sangre de Cristo después de la distribución de la Comunión, se beba inmediata e íntegramente en el altar.

280. Si se cae la Hostia o alguna partícula, recójase con reverencia; pero si se derrama algo de la Sangre del Señor, lávese con agua el lugar donde hubiere caído y, después, viértase esta agua en el "sacrarium" (o piscina) colocado en la sacristía.

Comunión bajo las dos especies

281. Cuando la sagrada Comunión se hace bajo las dos especies el signo adquiere una forma más plena. De esta forma, en efecto, el signo del banquete eucarístico resplandece más perfectamente y expresa más claramente la voluntad divina con que se ratifica la Alianza nueva y eterna en la Sangre del Señor, así como también la relación entre el banquete eucarístico y el banquete escatológico el reino del Padre.

282. Procuren los sagrados pastores recordar, de la mejor manera posible, a los fieles que participan en el rito o que intervienen en él, la doctrina católica sobre las formas de distribución de la sagrada Comunión, según el Concilio Ecuménico Tridentino. En primer lugar, recuerden a los fieles que la fe católica enseña que también bajo una sola de las dos especies se recibe a Cristo todo e íntegro y el verdadero Sacramento; y que, por consiguiente, en lo tocante a su fruto, no se priva de ninguna gracia necesaria para la salvación a quienes sólo reciben una de las especies.

Enseñen además, que en la administración de los Sacramentos, dejando intacto lo que constituye su sustancia, la Iglesia tiene la facultad para determinar o cambiar aquello que juzgue más conveniente para su veneración o para la utilidad de quienes los reciben, según la diversidad de las circunstancias, tiempos y lugares. Y en el mismo sentido, exhorten a los fieles para que se interesen por participar más intensamente en el sagrado rito, en el cual resplandece de manera más plena el signo del banquete eucarístico.

283. La Comunión bajo las dos especies se permite, además de los casos expuestos en los libros rituales:

a) a los sacerdotes que no pueden celebrar o concelebrar el sacrificio;

b) al diácono y a los demás que desempeñan algún ministerio en la Misa;

c) a los miembros de las comunidades en la Misa conventual o en la denominada "de comunidad", a los alumnos de los seminarios, a todos los que se dedican a los ejercicios espirituales o participan en una reunión espiritual o pastoral.

El Obispo diocesano puede establecer para su diócesis las normas acerca de la Comunión bajo las dos especies, que también han de observarse en las iglesias de los religiosos y en pequeños grupos. A este mismo Obispo se da la facultad de permitir la Comunión bajo las dos especies cuantas veces esto le parezca oportuno al sacerdote, al cual, como pastor propio le está encomendada la comunidad, con tal de que los fieles estén bien instruidos y que esté ausente todo peligro de profanación del Sacramento, o que el rito se torne más dificultoso por la multitud de participantes, o por otra causa.

En cuanto al modo de distribuir a los fieles la sagrada Comunión bajo las dos especies y a la extensión de la facultad, las Conferencias de Obispos pueden dar normas, una vez aprobadas las disposiciones por la Sede Apostólica.

284. Cuando se distribuye la Comunión bajo las dos especies:

a) el diácono, como de costumbre, sirve con el cáliz o, en su ausencia, un presbítero o también un acólito ritualmente instituido u otro ministro extraordinario de la sagrada Comunión; o un fiel, a quien, en caso de necesidad, se le confía este ministerio "ad actum"; (para esta ocasión;)

b) lo que quizás quede de la Sangre de Cristo, es bebido en el altar por el sacerdote o por el diácono, o por el acólito ritualmente instituido, quien sirvió con el cáliz y que también purifica, seca y arregla los vasos sagrados de la manera acostumbrada.

A los fieles, que quizás quieran comulgar solo bajo la especie de pan, déseles la sagrada Comunión de esta forma.

285. Para distribuir la sagrada Comunión bajo las dos especies, prepárese:

a) un cáliz de suficiente capacidad o varios cálices si la Comunión se hace bebiendo directamente del cáliz, pero previendo siempre prudentemente que al final de la celebración no quede de la Sangre de Cristo más de lo que es prudente para ser bebida.

b) Si se hace por intinción, las hostias no sean demasiado delgadas ni demasiado pequeñas, sino de un espesor mayor que el de costumbre, para que las hostias mojadas en parte con la Sangre del Señor puedan ser cómodamente distribuidas.

286. Si la Comunión de la Sangre del Señor se hace bebiendo del cáliz, quien va a comulgar, después de haber recibido el Cuerpo de Cristo, pasa al ministro del cáliz y permanece de pie ante él. El ministro le dice: La Sangre de Cristo; quien va a comulgar responde: Amén; y el ministro le entrega el cáliz, para que lo lleve a la boca el mismo que va a comulgar, con sus manos. El que va a comulgar bebe un poco del cáliz, lo devuelve al ministro y se retira; el ministro limpia el borde del cáliz con el purificador.

287. Si la Comunión del cáliz se hace por intinción, quien va a comulgar, teniendo la patena debajo de la boca, se acerca al sacerdote, quien sostiene el vaso con las sagradas partículas y a cuyo lado se sitúa el ministro que sostiene el cáliz. El sacerdote toma la Hostia, moja parte de ella en el cáliz y, mostrándola, dice: El Cuerpo y la Sangre de Cristo; quien va a comulgar responde: Amén, recibe del sacerdote el Sacramento en la boca, y en seguida se retira.

Capítulo V

DISPOSICIÓN Y ORNATO DE LAS IGLESIAS PARA LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA

I. PRINCIPIOS GENERALES

288. Para celebrar la Eucaristía el pueblo de Dios se congrega generalmente en la iglesia, o cuando no la hay o es muy pequeña, en otro lugar apropiado que, de todas maneras, sea digno de tan gran misterio. Las iglesias, por consiguiente, y los demás lugares, sean aptos para la realización de la acción sagrada y para que se obtenga una participación activa de los fieles. Los mismos edificios sagrados y los objetos destinados al culto divino sean, en verdad, dignos y bellos, signos y símbolos de las realidades celestiales.

289. De ahí que la Iglesia busca continuamente el noble servicio de las artes y acepta las expresiones artísticas de todos los pueblos y regiones. Más aún, así como desea vivamente conservar las obras y los tesoros de arte dejados en herencia por los siglos pretéritos y también, en cuanto es necesario, adaptarlos a las nuevas necesidades, trata de promover las nuevas formas de arte acordes con la índole cada época.

Por eso, al escoger e instruir a los artistas y también al elegir las obras destinadas a las iglesias, búsquese un preeminente valor artístico que alimente la fe y la piedad y que responda de manera auténtica al sentido y al fin para el cual se destinan.

290. Todas las iglesias serán dedicadas o, por lo menos, bendecidas. Sin embargo, las catedrales y las iglesias parroquiales serán dedicadas con rito solemne.

291. Para la recta construcción, restauración y adaptación de los edificios sagrados, todos los interesados deben consultar a la Comisión Diocesana de Sagrada Liturgia y de Arte Sagrado. Y el Obispo diocesano usará el consejo y la ayuda de dicha Comisión siempre que se trate de dar normas sobre este particular, de aprobar los planos para la construcción de nuevos edificios o de dar juicio sobre cuestiones de alguna importancia en esta materia.

292. El ornato de una iglesia contribuya a su nobleza y simplicidad, más que a la suntuosidad. Sin embargo, en la selección de los elementos que tienen que ver con el ornato, procúrese la autenticidad y que sirvan para instruir a los fieles y para dar dignidad a todo el lugar sagrado.

293. La adecuada disposición de la iglesia y de sus complementos, que deben responder de forma apropiada a las necesidades de nuestro tiempo, requiere que no sólo se tenga cuidado de aquellas cosas que pertenecen más directamente a la celebración de las acciones sagradas, sino que también se prevea aquello que busca que los fieles tengan la conveniente comodidad, que suelen preverse en los lugares donde el pueblo se congrega habitualmente.

294. El pueblo de Dios, que se congrega para la Misa, posee una coherente y jerárquica ordenación que se expresa por los diversos de ministerios y por la diferente acción para cada una de las partes de la celebración. Por consiguiente, conviene que la disposición general del edificio sagrado sea aquella que de alguna manera manifieste la imagen de la asamblea congregada, que permita el conveniente orden de todos y que también favorezca la correcta ejecución de cada uno de los ministerios.

Los fieles y los cantores ocuparán el espacio que más les facilite su activa participación.

El sacerdote celebrante, el diácono y los otros ministros ocuparán un lugar en el presbiterio. Se prepararán allí mismo los asientos para los concelebrantes; pero si su número es grande, dispónganse en otra parte de la iglesia, en todo caso cerca del altar.

Todo esto, aunque deba expresar la disposición jerárquica y la diversidad de ministerios, sin embargo debe constituir una íntima y coherente unidad, por la cual resplandezca claramente la unidad de todo el pueblo santo. La naturaleza y la belleza del lugar y de todo el ajuar sagrado deben fomentar la piedad y mostrar la santidad de los misterios que se celebran.

II. ARREGLO DEL PRESBITERIO
PARA LA ASAMBLEA (SYNAXIS) SAGRADA

295. El presbiterio es el lugar en el cual sobresale el altar, se proclama la Palabra de Dios, y el sacerdote, el diácono y los demás ministros ejercen su ministerio. Debe distinguirse adecuadamente de la nave de la iglesia, bien sea por estar más elevado o por su peculiar estructura y ornato. Sea, pues, de tal amplitud que pueda cómodamente realizarse y presenciarse la celebración de la Eucaristía.

EL ALTAR Y SU ORNATO

296. El altar, en el que se hace presente el sacrificio de la cruz bajo los signos sacramentales, es también la mesa del Señor, para participar en la cual, se convoca el Pueblo de Dios a la Misa; y es el centro de la acción de gracias que se consuma en la Eucaristía.

297. La celebración de la Eucaristía, en lugar sagrado, debe realizarse sobre el altar; pero fuera del lugar sagrado, también puede realizarse sobre una mesa apropiada, usando siempre el mantel y el corporal, la cruz y los candeleros.

298. Es conveniente que en todas las iglesias exista un altar fijo, que signifique más clara y permanentemente a Cristo Jesús, la Piedra viva (1Pe 2, 4; Ef 2, 20); sin embargo, para los demás lugares dedicados a las celebraciones sagradas, el altar puede ser móvil.

Se llama Altar fijo cuando se construye de tal forma que esté fijo al suelo y que, por lo tanto, no puede moverse; se llama "móvil" cuando se puede trasladar.

299. Constrúyase el altar separado de la pared, de modo que se le pueda rodear fácilmente y la celebración se pueda realizar de cara al pueblo, lo cual conviene que sea posible en todas partes. El altar, sin embargo, ocupe el lugar que sea de verdad el centro hacia el que espontáneamente converja la atención de toda la asamblea de los fieles. Según la costumbre, sea fijo y dedicado.

300. Dedíquese el altar, tanto el fijo como el móvil, según el rito descrito en el Pontifical Romano; adviértase que el altar móvil sólo puede bendecirse.

301. Según la costumbre tradicional de la Iglesia y por su significado, la mesa del altar fijo debe ser de piedra, y ciertamente de piedra natural. Sin embargo, puede también emplearse otro material digno, sólido y trabajado con maestría, según el juicio de la Conferencia de Obispos. Pero los pies o basamento para sostener la mesa pueden ser de cualquier material, con tal de que sea digno y sólido.

El altar móvil puede construirse con cualquier clase de materiales nobles y sólidos, concorde con el uso litúrgico, según las tradiciones y costumbres de las diversas regiones.

302. La costumbre de depositar debajo del altar que va a ser dedicado reliquias de Santos, aunque no sean Mártires, obsérvese oportunamente. Cuídese, sin embargo, que conste con certeza de la autenticidad de tales reliquias.

303. Es preferible que en las iglesias nuevas que van a ser construidas, se erija un solo altar, el cual signifique en la asamblea de los fieles, un único Cristo y una única Eucaristía de la Iglesia.

Sin embargo, en las iglesias ya construidas, cuando el altar antiguo esté situado de tal manera que vuelva difícil la participación del pueblo y no se pueda trasladar sin detrimento del valor artístico, constrúyase otro altar fijo artísticamente acabado y ritualmente dedicado; y realícense las sagradas celebraciones sólo sobre él. Para que la atención de los fieles se distraiga del nuevo altar, no debe ornamentarse el altar antiguo de modo especial.

304. Por reverencia para con la celebración del memorial del Señor y para con el banquete en que se ofrece el Cuerpo y Sangre del Señor, póngase sobre el altar donde se celebra por lo menos un mantel de color blanco, que en lo referente a la forma, medida y ornato se acomode a la estructura del mismo altar.

305. Obsérvese moderación en el ornato del altar.

Durante el tiempo de Adviento el altar puede adornarse con flores, con tal moderación, que convenga a la índole de este tiempo, pero sin que se anticipe a la alegría plena del Nacimiento del Señor. Durante el tiempo de Cuaresma se prohíbe adornar el altar con flores. Se exceptúan, sin embargo, el Domingo Laetare (IV de Cuaresma), las solemnidades y las fiestas.

Los arreglos florales sean siempre moderados, y colóquense más bien cerca de él, que sobre la mesa del altar.

306. Sobre la mesa del altar se puede poner, entonces, sólo aquello que se requiera para la celebración de la Misa, a saber, el Evangeliario desde el inicio de la celebración hasta la proclamación del Evangelio; y desde la presentación de los dones hasta la purificación de los vasos: el cáliz con la patena, el copón, si es necesario, el corporal, el purificador, la palia y el misal.

Además, dispónganse de manera discreta aquello que quizás sea necesario para amplificar la voz del sacerdote.

307. Colóquense en forma apropiada los candeleros que se requieren para cada acción litúrgica, como manifestación de veneración o de celebración festiva (cfr. n. 117), o sobre el altar o cerca de él, teniendo en cuenta, tanto la estructura del altar, como la del presbiterio, de tal manera que todo el conjunto se ordene elegantemente y no se impida a los fieles mirar atentamente y con facilidad lo que se hace o se coloca sobre el altar.

308. Igualmente, sobre el altar, o cerca de él, colóquese una cruz con la imagen de Cristo crucificado, que pueda ser vista sin obstáculos por el pueblo congregado. Es importante que esta cruz permanezca cerca del altar, aún fuera de las celebraciones litúrgicas, para que recuerde a los fieles la pasión salvífica del Señor.

EL AMBÓN

309. La dignidad de la Palabra de Dios exige que en la iglesia haya un lugar conveniente desde el que se proclame, y al que durante la Liturgia de la Palabra, se dirija espontáneamente la atención de los fieles.

Conviene que por lo general este sitio sea un ambón estable, no un simple atril portátil. El ambón, según la estructura de la iglesia, debe estar colocado de tal manera que los ministros ordenados y los lectores puedan ser vistos y escuchados convenientemente por los fieles.

Desde el ambón se proclaman únicamente las lecturas, el salmo responsorial y el pregón pascual; también puede tenerse la homilía y proponer las intenciones de la Oración universal. La dignidad del ambón exige que a él sólo suba el ministro de la Palabra.

Es conveniente que el nuevo ambón se bendiga antes de destinarlo al uso litúrgico, según el rito descrito en el Ritual Romano.

SEDE PARA EL SACERDOTE CELEBRANTE Y OTRAS SILLAS

310. La sede del sacerdote celebrante debe significar su ministerio de presidente de la asamblea y de moderador de la oración. Por lo tanto, su lugar más adecuado es vuelto hacia el pueblo, al fondo del presbiterio, a no ser que la estructura del edificio u otra circunstancia lo impidan, por ejemplo, si por la gran distancia se torna difícil la comunicación entre el sacerdote y la asamblea congregada, o si el tabernáculo está situado en la mitad, detrás del altar. Evítese, además, toda apariencia de trono.[119] Conviene que la sede se bendiga según el rito descrito en el Ritual Romano, antes de ser destinada al uso litúrgico.

Asimismo dispónganse en el presbiterio sillas para los sacerdotes concelebrantes y también para los presbíteros revestidos con vestidura coral, que estén presentes en la celebración, aunque no concelebren.

Póngase la silla del diácono cerca de la sede del celebrante. Para los demás ministros, colóquense las sillas de tal manera que claramente se distingan de las sillas del clero y que les permitan cumplir con facilidad el ministerio que se les ha confiado.

III. DISPOSICIÓN DE LA IGLESIA

LUGAR DE LOS FIELES

311. Dispónganse los lugares para los fieles con el conveniente cuidado, de tal forma que puedan participar debidamente, siguiendo con su mirada y de corazón, las sagradas celebraciones. Es conveniente que los fieles dispongan habitualmente de bancas o de sillas. Sin embargo, debe reprobarse la costumbre de reservar asientos a algunas personas particulares. En todo caso, dispónganse de tal manera las bancas o asientos, especialmente en las iglesias recientemente construidas, que los fieles puedan asumir con facilidad las posturas corporales exigidas por las diversas partes de la celebración y puedan acercarse expeditamente a recibir la Comunión.

Procúrese que los fieles no sólo puedan ver al sacerdote, al diácono y a los lectores,sino que también puedan oírlos cómodamente, empleando los instrumentos técnicos de hoy.

LUGAR DE LOS CANTORES Y DE LOS INSTRUMENTOS MUSICALES

312. Los cantores, teniendo en cuenta la disposición de cada iglesia, colóquense de tal manera que aparezca claramente su naturaleza, es decir, que ellos hacen parte de la comunidad congregada y que desempeñan un oficio peculiar; donde se haga más fácil el desempeño de su oficio y a cada uno de los cantores se les permita cómodamente la plena participación sacramental en la Misa.

313. Colóquense en un lugar apropiado el órgano y los demás instrumentos musicales legítimamente aprobados, para que puedan ser ayuda, tanto para los cantores, como para el pueblo que canta; y donde puedan ser cómodamente escuchados por todos cuando intervienen solos. Es conveniente que el órgano se bendiga según el rito descrito en el Ritual Romano, antes de destinarlo al uso litúrgico.

Durante el tiempo de Adviento empléense con tal moderación el órgano y los demás instrumentos musicales, que sirvan a la índole propia de este tiempo, teniendo en cuenta de evitar cualquier anticipación de la plena alegría del Nacimiento del Señor.

El sonido del órgano y de los demás instrumentos durante el tiempo de Cuaresma se permite sólo para sostener el canto. Se exceptúan el domingo Laetare (IV de Cuaresma), las solemnidades y las fiestas.

LUGAR DE LA RESERVA DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA

314. Para cualquier estructura de la iglesia y según las legítimas costumbres de los lugares, consérvese el Santísimo Sacramento en el Sagrario, en la parte más noble de la iglesia, insigne, visible, hermosamente adornada y apta para la oración.

Como norma general, el tabernáculo debe ser uno solo, inamovible, elaborado de materia sólida e inviolable, no transparente y cerrado de tal manera que se evite al máximo el peligro de profanación. Conviene, además, que se bendiga según el rito descrito en el Ritual Romano antes de destinarlo al uso litúrgico. 

315. Por razón del signo conviene más que en el altar en el que se celebra la Misa no haya sagrario en el que se conserve la Santísima Eucaristía.

Por esto, es preferible que el tabernáculo, sea colocado de acuerdo con el parecer del Obispo diocesano:

a) o en el presbiterio, fuera del altar de la celebración, en la forma y en el lugar más convenientes, sin excluir el antiguo altar que ya no se emplea para la celebración (cfr. n. 303);

b) o también en alguna capilla idónea para la adoración y la oración privada de los fieles,[129] que esté armónicamente unida con la iglesia y sea visible para los fieles.

316. Cerca del sagrario, según la costumbre tradicional, alumbre permanentemente una lámpara especial, alimentada con aceite o cera, por la cual se indique y honre la presencia de Cristo.

317. Tampoco se olviden de ninguna manera las demás cosas que para la reserva de la Santísima Eucaristía se prescriben según las normas del Derecho.

LAS IMÁGENES SAGRADAS

318. En la Liturgia terrena la Iglesia participa de aquella celestial, pregustando lo que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual se dirige peregrina, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios; y venerando la memoria de los Santos, espera tener compartir con ellos su suerte y gozar de su compañía.

Así, pues, según una antiquísima tradición de la Iglesia, expónganse en las iglesias a la veneración de fieles,[133] las imágenes del Señor, de la Santísima Virgen y de los Santos. Dispónganse de tal manera que los fieles sean conducidos a los misterios de la fe que en ese lugar se celebran. Y, por lo tanto, evítese que su número aumente indiscriminadamente. De aquí que se haga la disposición de las imágenes con el debido orden, para que la atención de los fieles no se desvíe de la celebración misma.[134] Por lo tanto, de ordinario, no haya más de una imagen del mismo Santo. En general, por cuanto se refiere a las imágenes en el ornato y en la disposición de la iglesia, mírese atentamente la piedad de toda la comunidad y a la belleza y dignidad de las imágenes.

Capítulo VI

COSAS QUE SE NECESITAN PARA LA CELEBRACIÓN DE LA MISA

I. EL PAN Y EL VINO PARA LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA

319. La Iglesia, siguiendo el ejemplo de Cristo, ha usado siempre pan y vino con agua para celebrar el banquete del Señor.

320. El pan para la celebración de la Eucaristía debe ser de trigo sin mezcla de otra cosa, recientemente elaborado y ácimo, según la antigua tradición de la Iglesia latina.

321. La naturaleza del signo exige que la materia de la celebración eucarística aparezca verdaderamente como alimento. Conviene, pues, que el pan eucarístico, aunque sea ácimo y elaborado en la forma tradicional, se haga de tal forma, que el sacerdote en la Misa celebrada con pueblo, pueda realmente partir la Hostia en varias partes y distribuirlas, por lo menos a algunos fieles. Sin embargo, de ningún modo se excluyen las hostias pequeñas, cuando lo exija el número de los que van a recibir la Sagrada Comunión y otras razones pastorales. Pero el gesto de la fracción del pan, con el cual sencillamente se designaba la Eucaristía en los tiempos apostólicos, manifestará claramente la fuerza y la importancia de signo: de unidad de todos en un único pan y de caridad por el hecho de que se distribuye un único pan entre hermanos.

322. El vino para la celebración eucarística debe ser "del producto de la vid" (cfr. Lc 22, 18), natural y puro, es decir, no mezclado con sustancias extrañas.

323. Póngase sumo cuidado en que el pan y el vino destinados para la Eucaristía se conserven en perfecto estado, es decir, que el vino no se avinagre, ni el pan se corrompa o se endurezca tanto que sea difícil poder partirlo.

324. Si después de la consagración o cuando toma la Comunión, el sacerdote advierte que no había sido vino lo que había vertido, sino agua, dejada ésta en un vaso, vierta en el cáliz vino y agua, y lo consagrará, diciendo la parte de la narración que corresponde a la consagración del cáliz, pero sin que sea obligado a consagrar de nuevo el pan.

II. LOS UTENSILIOS SAGRADOS EN GENERAL

325. Así como para la edificación de las iglesias, también para todos los utensilios sagrados, la Iglesia admite el género artístico de cada región y acoge aquellas adaptaciones que están en armonía con la índole y las tradiciones de cada pueblo, con tal que de todo responda adecuadamente al uso para el cual se destina el sagrado ajuar.

También en este campo búsquese cuidadosamente la noble simplicidad que se une excelentemente con el verdadero arte.

326. En la elección de los materiales para los utensilios sagrados, además de los que son de uso tradicional, pueden admitirse aquellos, que según la mentalidad de nuestro tiempo, se consideren nobles, durables y que se adapten bien al uso sagrado. La Conferencia de Obispos será juez para estos asuntos en cada una de las regiones (Cfr. n. 390).

III. LOS VASOS SAGRADOS

327. Entre lo que se requiere para la celebración de la Misa, merecen especial honor los vasos sagrados y, entre éstos, el cáliz y la patena, en los que el vino y el pan se ofrecen, se consagran y se consumen.

328. Háganse de un metal noble los sagrados vasos. Si son fabricados de metal que es oxidable o es menos noble que el oro, deben dorarse habitualmente por dentro.

329.A partir del juicio favorable de la Conferencia de Obispos, una vez aprobadas las actas por la Sede Apostólica, los vasos sagrados pueden hacerse por completo también de otros materiales sólidos y, según la común estimación de cada región, nobles, como por ejemplo el ébano u otras maderas muy duras, siempre y cuando sean aptas para el uso sagrado. En este caso prefiéranse siempre materiales que ni se quiebren fácilmente, ni se corrompan. Esto vale para todos los vasos destinados a recibir las hostias, como son la patena, el copón, el porta viático, el ostensorio y otros semejantes.

330. En cuanto a los cálices y demás vasos que se destinan para recibir la Sangre del Señor, tengan la copa hecha de tal material que no absorba los líquidos. El pie, en cambio, puede hacerse de otros materiales sólidos y dignos.

331. Para las hostias que serán consagradas puede utilizarse provechosamente una patena más amplia en la que se ponga el pan, tanto para el sacerdote y el diácono, como para los demás ministros y para los fieles.

332. En lo tocante a la forma de los vasos sagrados, corresponde al artista fabricarlos del modo que responda más a propósito a las costumbres de cada región, con tal de que cada vaso sea adecuado para el uso litúrgico a que se destina, y se distinga claramente de aquellos destinados para el uso cotidiano.

333. Respecto a la bendición de los vasos sagrados, obsérvense los ritos prescritos en los libros litúrgicos.[136]

334. Consérvese la costumbre de construir en la sacristía el "sacrarium" en el que se vierta el agua de la purificación de los vasos y de la ropa de lino (cfr. n. 280).

IV. VESTIDURAS SAGRADAS

335. En la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, no todos los miembros desempeñan el mismo ministerio. Esta diversidad de ministerios se manifiesta exteriormente en la celebración de la Eucaristía por la diferencia de las vestiduras sagradas que, por lo tanto, deben sobresalir como un signo del servicio propio de cada ministro. Con todo, es conveniente que las vestiduras sagradas mismas contribuyan al decoro de la acción sagrada. Estas vestiduras sagradas con las que se visten los sacerdotes y el diácono, así como también los ministros laicos, bendíganse oportunamente, según el rito descrito en el Ritual Romano, antes de ser destinadas al uso litúrgico.

336. La vestidura sagrada para todos los ministros ordenados e instituidos, de cualquier grado, es el alba, que debe ser atada a la cintura con el cíngulo, a no ser que esté hecha de tal manera que se adapte al cuerpo aun sin él. Pero antes de ponerse el alba, si ésta no cubre el vestido común alrededor del cuello, empléese el amito. El alba no puede cambiarse por la sobrepelliz, ni siquiera sobre el vestido talar, cuando deba vestirse la casulla o la dalmática, o sólo la estola sin casulla ni dalmática, según las normas.

337. La vestidura propia del sacerdote celebrante, en la Misa y en otras acciones sagradas que se relacionan directamente con la Misa, es la casulla o planeta, a no ser que se determinara otra cosa, vestida sobre el alba y la estola.

338. La vestidura propia del diácono es la dalmática, que viste sobre el alba y la estola; sin embargo, la dalmática puede omitirse por una necesidad o por un grado menor de solemnidad.

339. Los acólitos, los lectores y los otros ministros laicos, pueden vestir alba u otra vestidura legítimamente aprobada en cada una de las regiones por la Conferencia de Obispos (cfr. n. 390).

340. El sacerdote lleva la estola alrededor del cuello y pendiendo ante el pecho; pero el diácono la lleva desde el hombro izquierdo pasando sobre el pecho hacia el lado derecho del tronco, donde se sujeta.

341. El sacerdote lleva el pluvial, o capa pluvial, en las procesiones y en otras acciones sagradas, según las rúbricas de cada rito.

342. En cuanto a la forma de las vestiduras sagradas, las Conferencias de Obispos pueden establecer y proponer a la Sede Apostólica las adaptaciones que respondan a las necesidades y a las costumbres de cada región.

343. Para la confección de las vestiduras sagradas, además de los materiales tradicionales, pueden emplearse las fibras naturales propias de cada lugar, y además algunas fibras artificiales que sean conformes con la dignidad de la acción sagrada y de la persona. La Conferencia de Obispos juzgará estos asuntos.

344. Es conveniente que la belleza y la nobleza de cada una de las vestiduras no se busque en la abundancia de los adornos sobreañadidos sino en el material que se emplea y en su forma. Sin embargo, que el ornato presente figuras o imágenes y símbolos que indiquen el uso litúrgico, evitando todo lo que desdiga del uso sagrado.

345. La diversidad de colores en las vestiduras sagradas pretende expresar con más eficacia, aún exteriormente, tanto el carácter propio de los misterios de la fe que se celebran, como el sentido progresivo de la vida cristiana en el transcurso del año litúrgico.

346. En cuanto al color de las vestiduras, obsérvese el uso tradicional, es decir:

a) El color blanco se emplea en los Oficios y en las Misas del Tiempo Pascual y de la Natividad del Señor; además, en las celebraciones del Señor, que no sean de su Pasión, de la bienaventurada Virgen María, de los Santos Ángeles, de los Santos que no fueron Mártires, en la solemnidad de Todos los Santos (1º de noviembre), en la fiesta de San Juan Bautista (24 de junio), en las fiestas de San Juan Evangelista (27 de diciembre), de la Cátedra de San Pedro (22 de febrero) y de la Conversión de San Pablo (25 de enero).

b) El color rojo se usa el domingo de Pasión y el Viernes Santo, el domingo de Pentecostés, en las celebraciones de la Pasión del Señor, en las fiestas natalicias de Apóstoles y Evangelistas y en las celebraciones de los Santos Mártires.

c) El color verde se usa en los Oficios y en las Misas del Tiempo Ordinario.

d) El color morado se usa en los Tiempos de Adviento y de Cuaresma. Puede usarse también en los Oficios y Misas de difuntos.

e) El color negro puede usarse, donde se acostumbre, en las Misas de difuntos.

f) El color rosado puede usarse, donde se acostumbre, en los domingos Gaudete (III de Adviento) y Laetere (IV de Cuaresma).

g) En los días más solemnes pueden usarse vestiduras sagradas festivas o más nobles, aunque no sean del color del día.

Sin embargo, las Conferencias de Obispos, en lo referente a los colores litúrgicos, pueden determinar y proponer a la Sede Apostólica las adaptaciones que mejor convengan con las necesidades y con la índole de los pueblos.

347. Las Misas Rituales se celebran con el color propio o blanco o festivo; pero las Misas por diversas necesidades con el color propio del día o del tiempo o con color violeta, si expresan índole penitencial, por ejemplo, núms. 31. 33. 38; las Misas votivas con el color conveniente a la Misa que se celebra o también con el color propio del día o del tiempo.

V. OTROS OBJETOS DESTINADOS AL USO DE LA IGLESIA

348. Además de los vasos sagrados y de las vestiduras sagradas, para los que se determina un material especial, el otro ajuar que se destina, o al mismo uso litúrgico,[140] o que de alguna otra manera se aprueba en la iglesia, sea digno y corresponda al fin para el cual se destina cada cosa.

349. Téngase especial cuidado de que los libros litúrgicos, principalmente el Evangeliario y el Leccionario, destinados a la proclamación de la Palabra de Dios y que por esto gozan de especial veneración, sean en la acción litúrgica realmente signos y símbolo de las realidades sobrenaturales y, por lo tanto, sean verdaderamente dignos, bellos y decorosos.

350. Póngase, además, todo el cuidado en los objetos que están directamente relacionados con el altar y con la celebración eucarística, como son, por ejemplo, la cruz del altar y la cruz que se lleva en procesión.

351. Procúrese diligentemente que también en las cosas de menor importancia, se observen oportunamente los postulados del arte y que siempre se asocie la noble sencillez con la elegancia.

Capítulo VII

ELECCIÓN DE LA MISA Y DE SUS PARTES

352. La eficacia pastoral de la celebración aumentará ciertamente si los textos de las lecturas, de las oraciones y de los cantos corresponden convenientemente, en cuanto sea posible, a las necesidades, a la preparación espiritual y a la índole de los participantes. Esto se obtendrá provechosamente empleando la variada posibilidad de elección que se describe más abajo.

Por consiguiente, al preparar la Misa, el sacerdote prestará atención al bien común espiritual del pueblo de Dios más que a su propia inclinación. Recuerde, además, que la elección de estas partes debe hacerse de común acuerdo con aquellos que tienen alguna participación en la celebración, sin excluir de ninguna manera a los fieles en aquello que a ellos se refiere más directamente.

Pero ya que se presentan múltiples posibilidades de elegir las diversas partes de la Misa, es necesario que el diácono, los lectores, el salmista, el cantor, el comentador y el coro, antes de la celebración, cada uno por su parte, sepa bien qué textos le corresponden y no se deje nada a la improvisación. En efecto, la armónica sucesión y ejecución de los ritos contribuye mucho a disponer el espíritu de los fieles para participar en la Eucaristía.

I. ELECCIÓN DE LA MISA

353. En las solemnidades, el sacerdote deberá seguir el calendario de la iglesia en la que celebra.

354. En los domingos y en las ferias de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, en las fiestas y en las memorias obligatorias:

a) Si la Misa se celebra con pueblo, el sacerdote seguirá el calendario de la iglesia en que celebra.

b) Si se celebra la Misa, en la cual participa un solo ministro, el sacerdote puede elegir el calendario de la iglesia o el calendario propio.

355. En las memorias libres:

a) En las ferias de Adviento, desde el 17 hasta el 24 de diciembre, los días que corresponden a la Octava de Navidad y las ferias de Cuaresma, excepto el Miércoles de Ceniza, y en las ferias de Semana Santa, se dice la Misa del día litúrgico correspondiente; y de la memoria quizás inscrita en el calendario general, puede tomarse la colecta, con tal de que no coincida con el Miércoles de Ceniza o con una de las ferias de Semana Santa. En las ferias del Tiempo Pascual las memorias de los Santos pueden celebrarse ritualmente íntegras.

b) En las ferias de Adviento antes del 17 de diciembre, en las ferias del tiempo de Navidad desde el 2 de enero y en las ferias del Tiempo Pascual, puede elegirse la Misa de la feria, o la Misa del Santo, o la de uno de los santos de los que se haga memoria, o la Misa de algún santo que esté inscrito ese día en el Martirologio.

c) En las ferias del Tiempo Ordinario, puede elegirse la Misa de la feria, o la Misa de una memoria libre que quizás caiga ese día o la Misa de algún Santo inscrito ese día en el Martirologio o una de las Misas por diversas necesidades o una Misa Votiva.

Si celebra con el pueblo, el sacerdote procurará no omitir frecuentemente y sin causa suficiente las lecturas asignadas en el Leccionario Ferial para cada día, pues la Iglesia desea que de esta manera se prepare a los fieles una mesa de la Palabra de Dios más rica.[141]

Por el mismo motivo, elegirá con moderación las Misas de difuntos: pues cualquier Misa se ofrece tanto por los vivos como por los difuntos y en la Plegaria Eucarística se tiene una memoria de los difuntos.

Sin embargo, donde los fieles aprecian especialmente las memorias libres de la bienaventurada Virgen o de los Santos, satisfágase su legítima piedad.

Pero cuando se da la posibilidad de elegir entre una memoria inscrita en el calendario general y una memoria incluida en el calendario diocesano o religioso, prefiérase en igualdad de condiciones y según la tradición, la memoria particular.

II. PARTES ELEGIBLES DE LA MISA

356. Al elegir los textos de las diversas partes de la Misa, tanto del Tiempo, como de los Santos, obsérvense las normas que siguen.

Las lecturas

357. Para los domingos y para las solemnidades se asignan tres lecturas, esto es: del Profeta, del Apóstol y del Evangelio, con las cuales es educado el pueblo cristiano en la continuidad de la obra de salvación, según el admirable plan divino. Empléense rigurosamente estas lecturas. En Tiempo Pascual, según la tradición de la Iglesia, en vez del Antiguo Testamento, se emplea la lectura de los Hechos de los Apóstoles.

Para las fiestas se asignan dos lecturas. Sin embargo, si la fiesta, según las normas, se eleva al grado de solemnidad, se agrega una tercera lectura, que se toma del Común.

En las memorias de los Santos, a no ser que tengan lecturas propias, se leen habitualmente las asignadas a la feria. En algunos casos se proponen lecturas apropiadas, esto es, que iluminan un aspecto particular de la vida espiritual del Santo o de su obra. El uso de estas lecturas no hay que urgirlo, a no ser que en efecto lo aconseje una razón pastoral.

358. En el Leccionario Ferial se proponen las lecturas para todos los días de cada una de las semanas y para el transcurso de todo el año. Por tal motivo, se elegirán estas lecturas preferentemente para el día al cual son asignadas, a no ser que se celebre una solemnidad o una fiesta, o bien una memoria que tenga lecturas propias del Nuevo Testamento en las cuales se hace mención del Santo celebrado.

Sin embargo, si alguna vez la lectura continua se interrumpe en la semana por alguna solemnidad, por alguna fiesta o por alguna celebración particular, le está permitido al sacerdote, teniendo presente la ordenación de las lecturas de toda la semana, componer una con las otras partes de las lecturas que deberán ser omitidas, o determinar qué textos deberán preferirse.

En las Misas para grupos particulares está permitido al sacerdote elegir textos más apropiados a la celebración particular, con tal de que los textos se elijan de un leccionario aprobado.

359. Existe además, en el Leccionario correspondiente, una selección particular de textos de la Sagrada Escritura para las Misas Rituales en las que se celebra algún sacramento o sacramental, así como para las Misas por diversas circunstancias.

Estos leccionarios se han preparado para que los fieles sean conducidos, mediante la escucha más apropiada de la Palabra de Dios, a comprender más plenamente el misterio en el que participan y para instruirlos en un amor más encendido de la Palabra de Dios.

Por consiguiente, los textos que se proclaman en una celebración deben ser determinados teniendo presente, tanto los motivos pastorales, como también la posibilidad de elección en esta materia.

360. Al elegir entre las dos formas que presenta un mismo texto, hay que guiarse también por un criterio pastoral. Se da, en efecto, algunas veces, una forma larga y una forma más breve del mismo texto. En este caso, conviene tener en cuenta la posibilidad de los fieles de escuchar con provecho la lectura más o menos extensa, como también su posibilidad de oír el texto más completo, que será explicado después en la homilía.

361. Pero cuando se concede la facultad de elegir entre uno y otro texto ya definido, o propuesto a voluntad, habrá que atender a la utilidad de los que participan, esto es, según se trate de emplear un texto que es más fácil o más conveniente para la asamblea reunida, o de un texto que hay que repetir o reponer, que se asigna como propio a alguna celebración y se deja a voluntad para otra, siempre que la utilidad pastoral lo aconseje.

Esto puede suceder cuando el mismo texto debe ser leído de nuevo en días cercanos, por ejemplo, el día domingo y el día siguiente, o cuando se teme que algún texto produzca algunas dificultades en alguna asamblea de fieles. Sin embargo, cuídese de que en la elección de los textos de la Sagrada Escritura no se excluyan continuamente algunas partes de ella.

362. Además de las facultades para elegir algunos textos más apropiados, de los cuales ya se habló, se concede facultad a las Conferencias de Obispos, en circunstancias particulares, para indicar algunas adaptaciones en lo referente a las lecturas, sin embargo, con la condición de que los textos se tomen de un leccionario debidamente aprobado.

Las oraciones

363. En cualquier Misa, a no ser que se indique otra cosa, se dicen las oraciones propias de esa misma Misa.

En las memorias de los Santos se dice la colecta propia o, si falta, la del Común correspondiente; en cambio, las oraciones sobre las ofrendas y después de la Comunión, a no ser que sean propias, pueden tomarse del Común o de la feria del tiempo corriente.

Pero en las ferias del Tiempo Ordinario, además de las oraciones del domingo precedente, pueden elegirse las oraciones de otro domingo del Tiempo Ordinario o una de las oraciones por diversas necesidades, que se encuentran en el Misal. Sin embargo, siempre está permitido tomar de esas Misas la sola colecta.

De esta manera se presenta una más rica abundancia de textos, con los que se nutre más copiosamente la oración de los fieles.

Sin embargo, en los tiempos más importantes del año, esta adaptación ya se hace en el Misal, por medio de oraciones propias que se ofrecen para los días pertinentes en esos tiempos.

Plegaria Eucarística

364. Muchos de los prefacios con los que se enriquece el Misal Romano miran a que el tema de la acción de gracias resplandezca más plenamente en la Plegaria Eucarística y a que los diversos aspectos del misterio de salvación se propongan con luz más abundante.

365. La elección entre las Plegarias Eucarísticas, que se encuentran en el Ordinario de la Misa, se rige oportunamente por estas normas.

a) La Plegaria Eucarística primera o Canon Romano, que puede emplearse siempre, se dirá más oportunamente en los días que tienen el Reunidos en comunión propio, o en las Misas que se enriquecen con el Acepta, Señor, en tu bondad propio, también en las celebraciones de los Apóstoles y de los Santos de los que se hace mención en esta misma plegaria; igualmente en los días domingo, a no ser que por motivos pastorales se prefiera la Plegaria Eucarística tercera.

b) La Plegaria Eucarística segunda, por sus características peculiares, se emplea más oportunamente en los días entre semana, o en circunstancias particulares. Aunque tiene prefacio propio, puede usarse también con otros prefacios, especialmente con aquellos que presentan en forma compendiosa el misterio de la salvación; por ejemplo, con los prefacios comunes. Cuando la Misa se celebra por algún difunto, puede emplearse la fórmula especial, colocada en su lugar, antes de Acuérdate también de nuestros hermanos.

c) La Plegaria Eucarística tercera puede decirse con cualquier prefacio. Prefiérase su uso los domingos y en las fiestas. Y si esta Plegaria se emplea en las Misas de difuntos, puede emplearse la fórmula especial colocada en su lugar, a saber, después de las palabras Reúne en torno a Ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.

d) La Plegaria Eucarística cuarta tiene un prefacio inconmutable y presenta un sumario más completo de la historia de la salvación. Puede emplearse cuando la Misa carece de prefacio propio y en los domingos del Tiempo Ordinario. En esta Plegaria, por razón de su propia estructura, no puede introducirse una fórmula especial por un difunto.

El canto

366. No está permitido sustituir por otros cantos los incluidos en el Ordinario de la Misa, por ejemplo, para el Cordero de Dios.

367. En la elección de los cantos interleccionales, lo mismo que los cantos de entrada, ofertorio y Comunión, obsérvense las normas que se establecen en sus lugares (cfr. núms. 40-41; 47-48; 61-64; 74; 86-88).

Capítulo VIII

MISAS Y ORACIONES POR DIVERSAS NECESIDADES
Y MISAS DE DIFUNTOS

I. MISAS Y ORACIONES POR DIVERSAS NECESIDADES

368. Puesto que para los fieles bien dispuestos la liturgia de los Sacramentos y de los Sacramentales hace que casi todos los sucesos de la vida sean santificados con la gracia divina que emana del Misterio Pascual y puesto que la Eucaristía es el Sacramento de los sacramentos, el Misal proporciona modelos de Misas y de oraciones que pueden emplearse en las diversas ocasiones de la vida cristiana, por las necesidades de todo el mundo o de la Iglesia universal o local.

369. Teniendo presente la más amplia facultad para elegir lecturas y oraciones, es conveniente que se usen con moderación las Misas por diversas necesidades, es decir, cuando lo exijan las circunstancias.

370. En todas las Misas por diversas necesidades, a no ser que se determine expresamente otra cosa, está permitido usar las lecturas feriales y además los cantos interleccionales que se encuentran entre ellas, si son adecuados a la celebración.

371. Entre las Misas de este género se cuentan las Misas Rituales, las Misas por diversas necesidades, las Misas para diversas circunstancias y las Misas Votivas.

372. Las Misas Rituales se asocian con la celebración de algunos Sacramentos o Sacramentales. Se prohíben en los domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua, en las solemnidades, en los días dentro de la Octava de Pascua, en la Conmemoración de todos los difuntos, el Miércoles de Ceniza y en las ferias de Semana Santa, observando además las normas que se presentan en los libros rituales o en las mismas Misas.

373. Las Misas por diversas necesidades y las Misas por diversas circunstancias se eligen para circunstancias determinadas, a veces, o en tiempos establecidos. De éstas, la Autoridad competente puede elegir Misas a favor de los que suplican, según lo establezca la Conferencia de Obispos en el transcurso del año.

374. Si se presenta alguna necesidad más grave, o por utilidad pastoral, por mandato o con licencia del Obispo diocesano,puede celebrarse la Misa que está convenga con ella, todos los días, exceptuadas las solemnidades, los domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua, los días dentro de la Octava de Pascua, la Conmemoración de todos los fieles difuntos, el Miércoles de Ceniza y las ferias de Semana Santa.

375. Las Misas Votivas de los misterios del Señor, o en honor de la bienaventurada Virgen o de los Ángeles o de cualquier Santo, o de todos los Santos, pueden celebrarse de acuerdo con la piedad de los fieles, en las ferias durante el año, aunque ocurra una memoria libre. Sin embargo, no pueden celebrarse como votivas las Misas que se refieren a los misterios de la vida del Señor o de la bienaventurada Virgen María, exceptuada la Misa de la Inmaculada Concepción de la bienaventurada Virgen María, porque la celebración de ellos está relacionada con el curso año litúrgico.

376. En los días en que se celebra una memoria obligatoria o una feria de Adviento hasta el 16 de diciembre inclusive, del tiempo de Navidad desde el 2 de enero, o del tiempo pascual después de la Octava de Pascua, se prohíben de por sí las Misas por diversas necesidades, por diversas circunstancias y las votivas. Pero, si una verdadera necesidad o utilidad pastoral lo exige, en la celebración con pueblo puede emplearse la Misa que, a juicio del rector de la iglesia o del mismo sacerdote, sea conforme con esa necesidad o utilidad.

377. En las ferias durante el año en las que se celebran memorias libres o se hace el Oficio de la feria, puede celebrarse cualquier Misa o emplearse cualquier oración por diversas necesidades, exceptuadas, sin embargo, las Misas rituales.

378. Se recomienda de manera especial la memoria de Santa María en sábado, porque en la Liturgia de la Iglesia, en primer lugar, y antes que a todos los Santos, se tributa veneración la Madre del Redentor.

II. MISAS DE DIFUNTOS

379. La Iglesia ofrece por los difuntos el Sacrificio Eucarístico de la Pascua de Cristo para que, por la comunicación entre todos los miembros de Cristo, lo que a unos obtiene ayuda espiritual, a otros les lleve el consuelo de la esperanza.

380. Entre las Misas de difuntos ocupa el primer lugar la Misa Exequial, que puede celebrarse todos los días, excepto las solemnidades de precepto, el Jueves santo, el Triduo Pascual y los domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua, observando, además, lo que hay que observar, según las normas del Derecho.

381. La Misa de difuntos después de recibida la noticia de la muerte o en la sepultura definitiva del difunto o en el día del primer aniversario, puede celebrarse aún dentro de la Octava de Navidad, en los días en que se celebra una memoria obligatoria o una feria, que no sea el Miércoles de Ceniza o las ferias de Semana Santa.

Las otras Misas de difuntos, o sea las Misas "cotidianas" pueden celebrarse en las ferias durante el año en las que ocurren memorias libres, o se hace el Oficio de la feria, con tal de que realmente se apliquen por los difuntos.

382. En las Misas exequiales hágase habitualmente una breve homilía, excluyendo cualquier género de elogio fúnebre.

383. Estimúlese a los fieles, especialmente a los familiares del difunto, para que también participen por medio de la sagrada Comunión en el sacrificio eucarístico ofrecido por el difunto.

384. Si la Misa Exequial está directamente unida con el rito de las exequias, dicha la oración después de la Comunión, y omitido el rito de conclusión, se hace el rito de la última recomendación o despedida; éste rito solamente se celebra cuando está presente el cadáver.

385. Al ordenar y escoger aquellas partes de la Misa por los difuntos, especialmente de la Misa Exequial, que pueden variar (por ejemplo, las oraciones, las lecturas, la Oración universal), ténganse presentes, como es razonable, los motivos pastorales respecto al difunto, a su familia y a los presentes.

Tengan además los pastores especial consideración por aquellos que, con ocasión de las exequias, están presentes en las celebraciones litúrgicas o escuchan el Evangelio y sean acatólicos, o católicos que nunca o casi nunca participan en la Eucaristía, o también que parece han perdido la fe: los sacerdotes son ministros del Evangelio de Cristo para todos.

Capítulo IX

ADAPTACIONES QUE CORRESPONDEN A LOS OBISPOS
Y A LAS CONFERENCIAS DE LOS OBISPOS

386.La renovación del Misal Romano llevada a cabo en nuestro tiempo, por mandato de los decretos del Concilio Ecuménico Vaticano II, puso cuidadosa atención y esmero en que todos los fieles pudieran tener, en la celebración eucarística, aquella participación consciente y activa, que exige la naturaleza misma de la Liturgia y a la que los mismos fieles, en virtud de su condición, tienen derecho y obligación.

Sin embargo, para que la celebración responda más plenamente a las normas y al espíritu de la Sagrada Liturgia, en esta Instrucción y en el Ordinario de la Misa se proponen algunas ulteriores adaptaciones que se confían al juicio del Obispo diocesano o de la Conferencia de Obispos.

387. El Obispo diocesano, que debe ser tenido como el gran sacerdote de su grey, de quien deriva y depende en cierto modo la vida de sus fieles en Cristo,[148] debe fomentar, conducir y vigilar en su diócesis la vida litúrgica. A él, en esta Instrucción, se le confía ordenar la disciplina de la concelebración (cfr. núms. 202; 374), establecer las normas acerca de los que sirven al sacerdote en el altar (cfr. n. 107), acerca de la distribución de la sagrada Comunión bajo las dos especies (cfr. n. 283), acerca de la construcción y disposición de las iglesias (cfr. n. 291). Y le corresponde a él mismo, en primer lugar, fomentar el espíritu de la sagrada Liturgia en los presbíteros, diáconos y fieles.

388. Las adaptaciones, de las que se hablará más adelante, que piden más amplia coordinación, deben ser determinadas en la Conferencia de Obispos, según la norma del Derecho.

389. Corresponde a las Conferencias de Obispos, en primer lugar, preparar y aprobar la edición de este Misal Romano en las lenguas vernáculas aprobadas, para que una vez aprobadas las actas por la Sede Apostólica, se use en las regiones correspondientes.

El Misal Romano debe ser editado íntegramente, tanto en el texto latino, como en las traducciones legítimamente aprobadas a las lenguas vernáculas.

390. Corresponde a las Conferencias de Obispos definir las adaptaciones que se indicarán en esta Institución General y en el Ordinario de la Misa, y una vez aprobadas las actas por la Sede Apostólica, introducirlas en el Misa, como son:

- Los gestos de los fieles y las posturas corporales (cfr. antes n. 43)

- Los gestos de veneración referentes al altar y al Evangeliario (cfr. antes n. 273).

- Los textos de los cantos de entrada, de preparación de los dones y de la Comunión (cfr. antes núms. 48; 74; 87).

- Las lecturas que deben ser tomadas de la Sagrada Escritura para circunstancias especiales (cfr. antes n.362).

- La forma de dar la paz (cfr. antes n.82).

- El modo de recibir la sagrada Comunión (cfr. antes núms. 160; 283).

- El material del altar y de los utensilios sagrados, especialmente de los vasos sagrados y, además, el material, la forma y el color de las vestiduras litúrgicas (cfr. antes núms. 301; 326; 329; 339; 342-346).

Más aun, podrán ser incluidos en el Misal Romano, en un lugar adecuado, con previa aprobación de la Sede Apostólica, los Directorios o Instrucciones Pastorales que las Conferencias de Obispos juzguen útiles.

391. Compete a estas mismas Conferencias de Obispos examinar con particular solicitud las traducciones de los textos bíblicos que se usan en la celebración de la Misa. Pues de la Sagrada Escritura se toman las lecturas que se explican en la homilía, se cantan los salmos y de su espíritu e inspiración están embebidas las preces y los cantos litúrgicos, para que de ella reciban su significado las acciones y los signos.

Empléese un lenguaje que responda a la capacidad de los fieles y que sea apto para la proclamación pública que conserve, sin embargo, las características propias de los distintos modos de hablar contenidos en los libros bíblicos.

392. Pertenece igualmente a la Conferencia de Obispos preparar con asiduo empeño la traducción de los otros textos que también, conservada la índole de cada lengua, reproduzca plena y fielmente el sentido primigenio del texto latino. En la realización de este trabajo es conveniente considerar los diversos géneros literarios que se emplean en la Misa, como son las oraciones presidenciales, las antífonas, las aclamaciones, los responsorios, las súplicas litánicas, entre otros.

Téngase presente que la traducción de los textos no mira en primer lugar a la meditación, sino más bien a la proclamación o al canto en el acto de la celebración.

Empléese un lenguaje acomodado a los fieles de la región y, sin embargo, noble y dotado de cualidad literaria, quedando en firme como siempre, la necesidad de alguna catequesis acerca del sentido bíblico y cristiano de algunas palabras y sentencias.

Sin embargo, es mejor que en las regiones que tienen un mismo idioma, en cuanto sea posible, haya una misma traducción para los textos litúrgicos, especialmente para los textos bíblicos y para el Ordinario de la Misa

393. Atendiendo al lugar eminente que tiene el canto en la celebración, como parte necesaria o integral de la Liturgia,[153] corresponde a las Conferencias de Obispos aprobar las melodías apropiadas, especialmente para los textos del Ordinario de la Misa, para las respuestas y las aclamaciones del pueblo, y para los ritos especiales que ocurren durante el año litúrgico.

Les corresponde también juzgar qué formas musicales, qué melodías y qué instrumentos musicales pueden admitirse en el culto divino y hasta qué punto pueden ser realmente adaptados o adaptarse al uso sagrado.

394. Conviene que cada Diócesis tenga su Calendario y su Propio de las Misas. Pero la Conferencia de Obispos, por su parte, prepare el calendario propio de la nación o, juntamente con otras Conferencias, el calendario de una jurisdicción más amplia, para ser aprobado por la Sede Apostólica.

En la ejecución de este trabajo hay que preservar y proteger el día domingo como primordial día de fiesta, por lo cual no se le antepondrán otras celebraciones, a no ser que de verdad sean de máxima importancia.[155] Téngase cuidado, igualmente, de que no se oscurezca con elementos secundarios el año litúrgico, revisado por decreto del Concilio Vaticano II.

En la elaboración del calendario de la nación indíquense los días (cfr. n. 373) de las Rogativas y de las Cuatro Témporas del año, y las formas y los textos para celebrarlas,[156] ténganse presente otras determinaciones particulares.

Conviene que en la edición del Misal las celebraciones que son propias para toda la nación o jurisdicción, se incluyan en su lugar dentro de las celebraciones del calendario general, pero las que son para una región o una diócesis, colóquense en un Apéndice particular.

395. Por último, si la participación de los fieles y su bien espiritual requieren más profundas y variadas adaptaciones para que la sagrada celebración responda a la índole y tradiciones de los diversos pueblos, especialmente en favor de los pueblos recientemente evangelizados, las Conferencias de Obispos podrán proponerlas a la Sede Apostólica, según la norma del artículo 40 de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, para ser introducidas con su consentimiento.[157] Obsérvense atentamente las normas especiales contenidas en la Instrucción "La Liturgia Romana y la inculturación.

En cuanto a la manera de proceder en esta materia, obsérvese lo siguiente:

En primer lugar, expóngase detalladamente a la Sede Apostólica la presentación previa, para que una vez concedida la facultad, se proceda a elaborar cada una de las adaptaciones.

Habiendo sido debidamente aprobados estos planes por la Sede Apostólica, se harán los experimentos por el tiempo y en los lugares determinados. Si fuere del caso, terminado el tiempo del experimento, la Conferencia de Obispos determinará la continuación de las adaptaciones y propondrá a la Sede Apostólica una formulación madura del asunto.

396. Pero antes de que se llegue a nuevas adaptaciones, principalmente en cuanto corresponde a las más profundas, hay que procurar cuidadosamente que se promueva la debida, sabia y ordenada instrucción del clero y de los fieles, que las facultades ya previstas se lleven a efecto y que las normas pastorales, que responden al espíritu de la celebración, se apliquen plenamente.

397. Obsérvese también el principio según el cual cada una de las Iglesias particulares debe estar de acuerdo con la Iglesia Universal, no sólo en la doctrina de la fe y de los signos sacramentales sino también en los usos universalmente recibidos de la ininterrumpida tradición apostólica, que deben observarse, no sólo para evitar los errores, sino también para transmitir la integridad de la fe, porque la ley de la oración de la Iglesia corresponde a su ley de la fe.

El Rito Romano constituye parte insigne y preciosa del tesoro litúrgico y del patrimonio de la Iglesia Católica, cuyas riquezas contribuyen al bien de la Iglesia Universal, de tal manera que su pérdida la perjudicaría gravemente.

Este Rito no sólo conservó en el decurso de los siglos los usos litúrgicos oriundos de la ciudad de Roma, sino que también de modo profundo, orgánico y armónico, en sí les dio toda su fuerza a algunos otros que se derivaban de las costumbres y de la índoles de diversos pueblos y de diversas Iglesias particulares, ya de Occidente, ya de Oriente, adquiriendo así alguna índole suprarregional. Y en nuestros tiempos la identidad y la expresión de unidad de este Rito se encuentra en las ediciones típicas de los libros litúrgicos publicados por la autoridad del Sumo Pontífice y en los libros litúrgicos correspondientes a éstos, aprobados por las Conferencias de Obispos para sus jurisdicciones, y reconocidos oficialmente por la Sede Apostólica.

398. La norma establecida por el Concilio Vaticano II para que las innovaciones en la instauración litúrgica no se hagan a no ser que lo exija una utilidad real y cierta de la Iglesia, y empleando cautela para que las nuevas formas en cierto modo crezcan orgánicamente a partir de las formas ya existentes,[162] debe también aplicarse al trabajo de inculturación del Rito Romano.[163] La inculturación, además, requiere tiempo abundante para que la auténtica tradición litúrgica no se contamine apresurada e incautamente.

Finalmente, la investigación de la inculturación de ningún modo pretende que se creen nuevas familias de ritos, sino atender a las exigencias de una cultura determinada, pero de tal manera que las adaptaciones introducidas en el Misal o en otros libros litúrgicos, no sean perjudiciales a la índole bien dispuesta propia del Rito Romano.

399. Y así el Misal Romano, aunque en la diversidad de lenguas y con cierta diversidad de costumbres, debe conservarse en adelante como instrumento y signo preclaro de la integridad y la unidad del Rito Romano. (81)



(1)"5 Min. Vicenç Guinot - nº78. En https://www.sagradafamilia.tv"

(2) "CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS. INSTRUCCIÓN. REDEMPTIONIS SACRAMENTUM. Sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía". Preparación a cargo del Papa Juan Pablo II. En https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20040423_redemptionis-sacramentum_sp.html.

(3) 7 PANES Y 2 PECES. "¿QUÉ ES LA LITURGIA?." En https://www.youtube.com/watch?v=35FoyhPF8B0&t=8s.

(4) "CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO..." Op. cit.

(5) Rivero, Arturo. La Liturgia ¿Qué es? Ver: https://es.catholic.net/op/articulos/13656/cat/587/la-liturgia-que-es.html#modal.

(6) Medina, Nelson, (Fray). Ver: Introducción a la Liturgia. Ver: https://www.youtube.com/watch?v=Pj5hHcxYgeo&t=280s

(7) Fray Nelson Medina. Op. cit.

(8) Ibid.

(9) P, Rivero, Antonio.| Fuente: Catholic.net. "Definición de liturgia". Ver: https://es.catholic.net/op/articulos/13657/cat/587/definicion-de-liturgia.html#modal

(10) P. Rivero, Antonio. Op. cit.

(11) "Catecismo de la Iglesia Católica". Ver: https://www.medioscan.com/pdf/catecismoiglesia.pdf.

(12)"Diccionario Enciclopédico de Biblia y Teología. Ver: https://www.biblia.work/diccionarios/economia-salvifica/

(13) "Catecismo de la Iglesia Católica". Op. cit.

(14)Fray Nelson Medina. Op. cit.

(15) "Catecismo de la Iglesia Católica". Op. cit.

(16) Ibid.

(17) Ibid.

(18) Ibid.

(19) Ibid.

(20) Ibid.

(21) "Catecismo de la Iglesia Católica". Ver  https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s1c1a1_sp.html

(22) Madre, Galindo, Adela  SCTJM. "Recibiendo la efusión del Espíritu Santo". Ver: https://www.corazones.org/espiritualidad/espiritu_santo/efusion_es.htm.

(23) "Catecismo de la Iglesia Católica". Op. cit.)

(24) Ibid.

(25) ibid.

(26) Ver: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/El-libro-del-pueblo-de-Dios/lucas-22<p>(27) "Catecismo de la Iglesia Católica". Ver https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s1c1a1_sp.html.

(28) "Catecismo de la Iglesia Católica". Op. cit.

(29) Ibid.

(30) Ibid.

(31) Ibid.

(32) Ibid.

(33) DICCIONARIO DE TÉRMINOS LITÚRGICOS. pdf.

(34) "Catecismo de la Iglesia Católica". Op. cit.

(35)  P. Buela, Carlos Miguel . "¿Qué es la Transubstanciación?" 

(36) "Catecismo de la Iglesia Católica". Op. cit.

(37) "The free dictionary by Farlex". Ver https://es.thefreedictionary.com/concilio.

(38) "Enciclopedia católica on line." Ver https://ec.aciprensa.com/wiki/Concilio.

(39) "Enciclopedia católica on line." Ver https://ec.aciprensa.com/wiki/Concilios_Generales

(40) "Documento pontificio." Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Documento_pontificio. 

(41) "Los documentos pontificios". Ver: https://es.catholic.net/op/articulos/21712/cat/632/los-documentos-pontificios.html#modal.

(42) "Doctrina social de la Iglesia". Ver https://doctrinasocial-ies.blogspot.com/2008/06/3-encclicas-exhortatorias.html.

(43) "Los documentos pontificios". Op cit.

(44) Ibid.

(45) Ibid.

(46) Ibid.

(47) "Denominación de los documentos pontificios por su forma". Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Documento_pontificio.

(48) "Los documentos pontificios". Op cit.

(49) "Concilio Vaticano II".  Ver https://www.aciprensa.com/recursos/concilio-vaticano-3501<p>

(50) "Concilio Vaticano II". Op. cit.

(51) Arráiz, José Miguel. "Tema 4: Constituciones Dogmáticas Parte II: Sacrosanctum Concilium. 

(52) "LA SACROSANCTUM CONCILIUM: PLANTEAMIENTOS, LOGROS Y DESAFÍOS. Ver: Print version ISSN 0120-131XCuest. teol. vol.42 no.97 Bogotá Jan./June 2015. https://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120 31X2015000100003.

(53) "LA SACROSANCTUM CONCILIUM: PLANTEAMIENTOS, LOGROS Y DESAFÍOS." Op. cit.

(54) Ibid.

(55) Ibid.

(56) Ibid.

(57) Ibid. 

(58) Ibid.

(59) Ibid

(60) "Constitución Sacrosantum Concilium sobre la Sagrada Liturgia.  Ver https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html.

(61) "Constitución Sacrosantum Concilium sobre la Sagrada." Op. cit.

(62) Ibid.

(63) Ibid

(64) Ver https://es.wikicore.net/wiki/General_Instruction_of_the_Roman_Missal

(65) Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Ritos_lit%C3%BArgicos_cat%C3%B3licos#:~:text=Ritos%20lit%C3%BArgicos%20cat%C3%B3licos%20El%20rito%20lit%C3%BArgico%20cat%C3%B3lico%20es,Pedro%20en%20el%20primado%20sobre%20la%20Iglesia%20universal%22.

     (66) Ver Campos Sebastián . ¿Sabes cuántos ritos tiene la Iglesia católica? https://es.catholic.net/op/articulos/67322/sabes-cuantos-ritos-tiene-la-iglesia-catolica.html#modal.

     (67) Campos, Sebastián. Op. cit.

    (68) Ver https://librosdescargas.gratis/misal-romano.html</blockquote>.

    (69) Luengo, Mena Jesús. "El Misal Romano I". Ver https://la-liturgia.blogspot.com/2008/01/el-      misal-romano-i.html</p>. 

     (70) https://es.wikicore.net/wiki/General_Instruction_of_the_Roman_Missal

     (71) .( P. Enrique Cases | Fuente: Catholic.net. "La preparación de la cena pascual".  Ver  https://es.catholic.net/op/articulos/17756/cat/709/la-preparacion-de-la-cena-pascual.html#modal).

    (72) "Instrucción General del Misal Romano".           Ver https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20030317_ordinamento-messale_sp.html#Cap%C3%ADtulo_III.

   (73) "Instrucción General del Misal Romano". Op. cit.

   (74) Ibid.

   (75) Ibid.

   (76) Monroy, Bladimiro. "El Sacerdocio". Ver https://www.iglesiacomunidadcristiana.org/ELSACERDOCIO.pdf

(77) "Instrucción General del Misal Romano". Op. cit.

(78) Ibid.

(79) Ibid.

(80) Ibid

(81) Ibid.







 












 





 

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