El servicio al Señor en la Liturgia

12.02.2022

     Por ser la Liturgia Católica un culto dedicado a Dios, y donde confluyen las voluntades del pueblo santo y sus ministros ordenados, conviene también considerarla como un servicio, es decir, que cada asistente a la Asamblea debe de asumir con plena conciencia que ahí verterá su esfuerzo, no sólo físico sino espiritual como sacrificio colectivo para la salvación universal. Vale decir que ninguna celebración, sea de la misma Iglesia Universal o de las Iglesias particulares queda desvinculada una de otra, todas se unen con el mismo propósito, alimentar, mediante la Palabra y la Santa Eucaristía, la esperanza de nuestra redención encabezada por Nuestro Señor Jesucristo.

Por tanto, ha de asumirse que el participar en la Liturgia no es meramente un acto humano, es ante todo un acto de consagración al Señor, un acto que rebasa nuestra simple presencia. Es un acto de reciprocidad donde Dios se abaja hacia cada templo y hacia cada celebración y el pueblo se presta a Dios no en forma pasiva sino trabajando desde su alma y corazón ofreciéndose a Él con humildad, respeto, temor y reverencia.

En tal sentido, la celebración implica prepararla con esmero, con conciencia, tanto de parte del ordenado como de sus asistentes o auxiliares. Implica desarrollarla y concluirla, no con la reverencia posible, sino con la total y absoluta reverencia. Y por parte del pueblo participante, implica su disposición, su plena participación en el recibimiento al Señor, desde la procesión de entrada, en la alabanza, en la oración, en la adoración, en la escucha de la Palabra y especialmente en la Liturgia Eucarística, procurando que absolutamente nadie que asista a la Asamblea se quede sin comulgar o sin atender a la Palabra.

De forma particular, los movimientos eclesiales y los apostolados procurarán aún con mayor conciencia y espiritualidad, participar en la preparación y desarrollo de la Santa Liturgia, sin escatimar disposición, tiempo y esfuerzos, pues ellos por propia voluntad han aceptado ante el Señor el ministerio correspondiente. Han de estar atentos entonces a los ciclos litúrgicos y en particular a las necesidades indicadas por el presbítero, tanto las mínimas como las de gran calado, considerando ajustarse a los ritmos que indica el Señor y no a la inversa, pidiendo que Dios se ajuste a nuestros tiempos personales y a veces egoístas.

¿Qué características y criterios implica Servir al Señor?

"El servicio no se trata de ser un esclavo o una persona que presta sus servicios por algo a cambio, quizás esto es lo que enseña el mundo, pero la biblia tiene su propio concepto de lo que es el servicio. El servicio es la revelación que puede venir por medio del Espíritu Santo una vez que entendemos en nuestro corazón el magnífico ejemplo o enseñanza que nos dejó esa persona a quien proclamamos rey, que aun teniendo todo fue capaz de lavarle los pies a sus discípulos."

"¿Entienden ustedes lo que acabo de hacer? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque soy Maestro y Señor. Pues si Yo, su Señor y Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado el ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo. Ustedes saben que ningún esclavo es más importante que su amo, y que ningún mensajero es más importante que quien lo envía. Si entienden estas cosas, háganlas, y así Dios los bendecirá. (Juan 13,13,14,15,16,17)


"Entonces es cuestión de reflexión, ¿Si él fue capaz de hacer esto? ¿Quién soy yo para no hacerlo? Toda soberbia que muchos adoptan se minimiza cuando les hablas de este claro ejemplo de servicio por parte de nuestro señor. Las escrituras son precisas a la hora de nosotros seguir un modelo de servicio, y lo puedes leer en el siguiente pasaje.

"Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. (Marcos 10,45)

"Otro punto importante es que mi servicio no lo puedo limitar solo en la iglesia. Un servicio genuino es aquel que sigue este fiel mandamiento. "Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros." (Juan 13,34) ¿Y qué significa esto? Pues, nuestro servicio no sólo debe ejercerse en la iglesia, sino también fuera de ella, como lo es atender al prójimo, realizar labores sociales que contribuyan con el prójimo, y una gran variedad de formas del cual se pueda manifestar el genuino amor y servicio por el prójimo." (83)

En este sentido, el Papa Francisco vincula o hace extensiva precisamente la actitud servicial como concreción del amor al prójimo:

"La invitación al servicio posee una peculiaridad a la que debemos estar atentos. Servir significa, en gran parte, cuidar la fragilidad. Cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo. Son los rostros sufrientes, desprotegidos y angustiados a los que Jesús propone mirar e invita concretamente a amar. Amor que se plasma en acciones y decisiones. Amor que se manifiesta en las distintas tareas que como ciudadanos estamos invitados a desarrollar. Las personas de carne y hueso, con su vida, su historia y especialmente con su fragilidad, son las que estamos invitados por Jesús a defender, a cuidar, a servir. Porque ser cristiano entraña servir la dignidad de sus hermanos, luchar por la dignidad de sus hermanos y vivir para la dignidad de sus hermanos. Por eso, el cristiano es invitado siempre a dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta a los más frágiles."

Hay un «servicio» que sirve; pero debemos cuidarnos del otro servicio, de la tentación del «servicio» que «se» sirve. Hay una forma de ejercer el servicio que tiene como interés el beneficiar a los «míos», en nombre de lo «nuestro». Ese servicio siempre deja a los «tuyos» por fuera, generando una dinámica de exclusión.

Todos estamos llamados por vocación cristiana al servicio que sirve y a ayudarnos mutuamente a no caer en las tentaciones del «servicio que se sirve». Todos estamos invitados, estimulados por Jesús a hacernos cargo los unos de los otros por amor. Y esto sin mirar al costado para ver lo que el vecino hace o ha dejado de hacer. Jesús nos dice: «Quien quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos». No dice, si tu vecino quiere ser el primero que sirva. Debemos cuidarnos de la mirada enjuiciadora y animarnos a creer en la mirada transformadora a la que nos invita Jesús." (84)

Así pues, apropiándonos del mandato del Señor que preceptúa el amor al prójimo, ¿qué mejor muestra de amor y servicio que promover en el hermano o la hermana su involucramiento en la Sacratísima Liturgia? ¿Qué mejor muestra de amor al Señor que motivar a nuestro pueblo para participar activamente en cada celebración eucarística? ¿Qué mejor servicio puede darse a Dios sino aquel que reúne en la Asamblea Santa a las ovejas perdidas?

El servicio como mandato y como vocación

Darle servicio al Señor en general, pero en particular en la Liturgia, además de un acto de amor es un acto obligado desde el momento en que recibimos el sacramento del bautismo. Esto es, que servir no es opcional, es un deber estipulado al convertirnos en Hijos adoptivos de Dios y ratificado después en el Sacramento de la confirmación Así lo mandato el Señor a los Santos Apóstoles al indicarles "bauticen en mi nombre y lleven el Evangelio a todas las naciones". Es pues nuestro deber, y más aún como miembros de un apostolado, predicar y ejercer el Evangelio con la conciencia de que aún en la Liturgia también estamos evangelizando, por ejemplo, al tomar parte en las lecturas de cada misa u otras celebraciones como exequias e incluso al momento de catequizar a los niños y a los jóvenes.

"Por el bautismo recibimos una semilla: "la semilla de la fe" que deberemos fortalecer y hacer fructificar durante toda nuestra vida.

El bautizado, siendo miembro de la Iglesia, ya no se pertenece a sí mismo (I Co. 6,19), sino al que murió y resucitó por nosotros (2 Co. 5,15). Por tanto, debe servir a los demás (Jn.13,12-15) en la comunión de la Iglesia, y cumplir con las enseñanzas de la Iglesia. Debe defender su fe, ante todo.

Al quedar incorporado en el "Cuerpo de Cristo", tiene la misión ineludible de "confesar a Cristo", es decir, mostrar con su vida y palabra que "Cristo ha muerto y resucitado" por todos y cada uno de nosotros." (85)

En esta última parte, cabe también considerar la calidad del servicio prestado al Señor, no en la "medida de lo posible" sino en forma total, desestimando cualquier apego material, incluida la misma familia, la misma persona y la misma vida, a ejemplo del Señor que nunca dudó en entregarse a su Señor, como quedó asentado en muchos pasajes bíblicos donde el mismo Jesús mayormente lo solicita -el servicio- como un llamado apremiante e ineludible: no hay más tiempo, parece decir, "o lo tomas o lo dejas":

"Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y lo siguió". Mt 9, 9-13.

San Mateo, hombre rico a costa de sus paisanos, sin más intuición que la de su corazón, deja entonces inmediatamente su oficina, su trabajo, su familia, sus amigos y sus bienes para servir enteramente al Señor.

Algo similar pasa con Pedro y su hermano Andrés, quienes, al ser llamados para servir al Señor, igualmente dejan patrimonio, vidas personales y padres y mujer.

"18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, echando una red al mar, porque eran pescadores. 19 Y les dijo: "Vengan en pos de Mí, y Yo los haré pescadores de hombres." 20 Entonces ellos, dejando al instante las redes, lo siguieron."

En otros momentos, Jesús es tajante y no permite inconsistencias, como en el caso del joven rico. Seguirlo en ese instante se aceptaba o se dejaba, no era posible posponerlo:

"18 Cierto hombre prominente Le preguntó a Jesús: "Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?" 19 Jesús le respondió: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, Dios. 20 "Tú sabes los mandamientos: 'NO COMETAS ADULTERIO, NO MATES, NO HURTES, NO DES FALSO TESTIMONIO, HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE.' "21 'Todo esto lo he guardado desde mi juventud,' dijo el hombre. 22 Cuando Jesús oyó esto, le dijo: "Te falta todavía una cosa; vende todo lo que tienes y reparte entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme." 23 Pero al oír esto, se puso muy triste, pues era sumamente rico". Lc 18, 18-23.

Al contrario de San Mateo, San Pedro y San Andrés, entre otros, el joven rico rechaza seguir y servir al Señor optando por conservar sus privilegios terrenales.

Tampoco se vale decir que se servirá al Señor y mentir para salir del paso:

El Evangelio cuenta la parábola del hombre que tenía dos hijos. El padre fue a uno de ellos y pidió que él fuera a cuidar de sus negocios en la viña. Y el hijo le dijo: "No, yo no iré, mi padre". Pero después de un tiempo, cambió de idea, y fue. Entonces el padre se volvió para el otro hijo, y dijo la misma cosa, y él dijo: "Sí, mi padre, yo iré", pero de hecho no fue.

Entonces Jesús preguntó: "¿Cuál de los dos hijos hizo la gana de su padre?" (Mt. 21, 28-31)1.

De hecho, lo que Jesús está enseñando es que decir "sí" para algo, no necesariamente carga la intención de hacer alguna cosa, visto que ese simple "sí", no necesariamente, trabaja para realizar la gana del Padre, por la simple declaración de un "sí".

En la realidad, muchos "Sis" esconden la pereza de hacer la gana del padre. Es fácil construir el auto-engaño de decir "sí" sólo para que pueda procrastinar (dejar para después) a punto de no hacer, visto que el "sí" parece cargar, para muchos, la falsa idea de que la confesión verbal de acuerdo, realiza alguna cosa. De ese modo, la disposición "del sí" se hace, muchas veces, en hipocresía y coartada para no hacerse nada.

El Señor nos llama entonces a no decir sí para salir del paso cuando el sacerdote o nuestra Obra nos pide algún compromiso en apoyo a la Liturgia. Más vale en ese momento decir no, resolver nuestros asuntos personales y después retomar las tareas encomendadas.

¿Y qué mejor ejemplo que el de la Santísima Virgen María cuándo, al llamado de Dios, dijo sí a su embarazo, desde ese momento y hasta la muerte de su hijo, nuestro Señor?

"28. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» 29. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. 30. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31.vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. 32.El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33. Reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» 34. María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» 35. El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. 36. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, 37. porque ninguna cosa es imposible para Dios.» 38. Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue." Lc 2, 28-38.

¡Cuánto ejemplo de humildad, de entrega, de servicio al Señor! María a pesar de su juventud, de las condiciones en que vivía la mujer de entonces, amenazada y castigada si no demostraba su honra ante los hombres de esa época dio muestra de ser mujer de una sola pieza. Y aún después de la muerte del Hijo, de su propia muerte y de su asunción al cielo sigue la Virgen María sirviendo a los hombres como mediadora y corredentora de nuestra salvación.

Otros pasajes de la sagrada escritura nos hablan del carácter del servicio a Dios para reconocer que, como criaturas suyas, a Él nos debemos y es lo menos que podemos hacer por su grandeza y el don de habernos dado la vida.

Así, como buen padre, Dios nos pide amarlo, servirlo, y obedecerlo en todas sus disposiciones ofreciéndonos a cambio la felicidad eterna a su lado:

"Y ahora, Israel, ¿qué te pide tu Dios, sino que temas a Yahveh tu Dios, que sigas todos sus caminos, que le ames, que sirvas a Yahveh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, 13."que guardes los mandamientos de Yahveh y sus preceptos que yo te prescribo hoy para que seas feliz? " Dt 10, 12-13.

En el mismo libro del Deuteronomio, el Señor nos adelanta el deber litúrgico para servirle en el culto divino:

"Solamente al Señor tu Dios debes seguir y rendir culto. Cumple sus mandamientos y obedécelo; sírvele y permanece fiel a él". Deuteronomio 13,4

Esta misma disposición de fidelidad y servicio aparece en el libro de Josué, recalcando que dicho servicio ha de ser con todo el amor de que seamos capaces. Es decir, no un servicio por el mero cumplimiento sino hecho con amor, fidelidad y completo.

"Y esfuércense por cumplir fielmente el mandamiento y la ley que les ordenó Moisés, siervo del Señor: amen al Señor su Dios, condúzcanse de acuerdo con su voluntad, obedezcan sus mandamientos, manténganse unidos firmemente a él y sírvanle de todo corazón y con todo su ser". Josué 22,5.

El mismo Josué enfatiza el cuidarnos de no servir a "dioses" inventados por los hombres, como pasa actualmente, dónde nuestra atención se desvía a formas de idolatría que creemos nos dan la felicidad, no pensando qué está (de lograrse) siempre será efímera, pasajera, y alejada de la prometida por Dios. Josué por su lado también deja claro que el servicio a Dios no debe de ser con una actitud personal sino de involucramiento incluso de nuestras propias familias:

"Pero, si a ustedes les parece mal servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir: a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Éufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes ahora habitan. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor. Josué 24,15

Aquella tendencia de idolatrar las cosas terrenas y pasajeras persistió por muchos años más hasta la llegada de Jesús, quién advirtió oportunamente no apegarse a las riquezas materiales por el riesgo de depositar en ellas el corazón y, al servirles, poner en riesgo la propia salvación.

Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas. Mateo 6, 24.

Más adelante el Señor, a través del mismo evangelista, señala que también el pretender servirse a uno mismo, como una forma de egoísmo, lleva a soslayar el verdadero carácter de servicio que se le debe a Dios:

"Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás." Mateo 20, 26-27.

Y es el mismo Cristo quien da ejemplo del verdadero servicio hacia Dios y hacia los demás aun a costa de su propia vida en bien y provecho de nuestra salvación. Dice en este sentido el Señor:

"Así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos". Mateo 20, 28.

Para Dios no escapa que un buen servicio a Él, hecho con amor y fidelidad acarreará siempre una promesa de felicidad y glorificación:

"Su señor le respondió: "¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu Señor!" Mateo 25, 21

En el Evangelio de San Juan Jesús reitera dicha promesa:

"Quien quiera servirme debe seguirme; y donde yo esté, allí también estará mi siervo. A quien me sirva, mi Padre lo honrará". Juan 12, 26.

Para Jesús pues, el servicio solicitado conlleva al extremo abajarse e incluso de dar la vida por Dios, como el Señor mismo lo ejemplificó:

"Pues, si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros". Juan 13, 14

"Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos". Marcos 10, 45.

Más adelante, esta vocación por el servicio al Señor es continuada por San Pablo, Apóstol de los gentiles, expresándolo en sus misivas de estas formas; firmeza, perseverancia, diligencia:

"Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano". 1 Corintios 15, 58.

Nunca dejen de ser diligentes; antes bien, sirvan al Señor con el fervor que da el Espíritu. Romanos 12,11.

Servicio al Señor que no depende brindarlo con las meras fuerzas humanas o del intelecto, sino que proviene del Santo Espíritu:

"Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra". 2 Timoteo 3, 16-17.

Por otra parte, San Pablo enfatiza la importancia de la libertad en el servicio a Dios. Así, con dicha facultad es que al hombre se le deja optar y actuar con convencimiento para que sea el amor el que prive en su relación con nuestro Creador y por ende con nuestros semejantes:

"Les hablo así, hermanos, porque ustedes han sido llamados a ser libres; pero no se valgan de esa libertad para dar rienda suelta a sus pasiones. Más bien sírvanse unos a otros con amor". Gálatas 5, 13.

"En efecto, nosotros somos colaboradores al servicio de Dios; y ustedes son el campo de cultivo de Dios, son el edificio de Dios". 1 Corintios 3, 9

Porque Dios no es injusto como para olvidarse de las obras y del amor que, para su gloria, ustedes han mostrado sirviendo a los santos, como lo siguen haciendo. Hebreos 6:10.

En la misma sintonía lo expresa el Apóstol San Pedro:

"Eso es actuar como personas libres que no se valen de su libertad para disimular la maldad, sino que viven como siervos de Dios."1 Pedro 2,16.

Es decir, un tipo de servidumbre, no sometida por la flagelación, la amenaza o la deshonra sino sustentada en el amor a Dios. Servidumbre que, paradójicamente, lejos de esclavizar libera, no física sino espiritualmente, y lejos de someter hace justicia a todo aquel que sirve al Señor. Dice de este modo, San Pablo:

"No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia". Romanos 6, 13

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